Los científicos han descubierto cómo diferenciar los concheros, yacimientos submarinos de gran importancia cultural, de los depósitos naturales de conchas.
El estudio de estos yacimientos puede ayudar a mostrar dónde tuvieron lugar acontecimientos como la migración humana y la invención de la tecnología marítima.
También ofrecen pistas sobre cómo se adaptaron las personas durante los periodos de subida del nivel del mar y de cambio climático, lo que puede aplicarse en la actualidad.
Estas zonas también pueden ayudarnos a reevaluar cómo gestionamos y protegemos el antiguo patrimonio indígena en estos entornos submarinos.
Los océanos del mundo guardan celosamente sus secretos, incluidas pistas sobre cómo vivían las personas hace decenas de miles de años.
Durante gran parte de la existencia de la humanidad, el nivel del mar fue significativamente más bajo (hasta 130 metros) que en la actualidad, dejando al descubierto millones de kilómetros cuadrados de tierra. Y el registro arqueológico es claro: en el pasado, las personas vivieron en estas llanuras costeras antes de que la tierra se hundiera bajo las olas.
La arqueología ya nos dice que estos paisajes anegados desempeñaron un papel importante en la historia humana. Acontecimientos importantes, como las migraciones humanas por todo el planeta y la invención de la tecnología marítima, tuvieron lugar a lo largo de estas costas hoy sumergidas.
Pero estos yacimientos pueden ser difíciles de encontrar.
En dos artículos publicados esta semana, nuestro equipo informa de un avance en la detección y excavación de un tipo concreto de yacimiento arqueológico costero —los concheros— en lo que hoy es el lecho marino.
La rica colección de pruebas que contienen estos concheros ofrece pistas sobre cómo se adaptaron las personas durante los periodos de subida del nivel del mar y de cambio climático.
Durante mucho tiempo se pensó que era poco probable que los concheros sobrevivieran a los efectos de la subida del nivel del mar o, si lo hacían, que sería imposible distinguirlos de los restos naturales del fondo oceánico. Nuestros nuevos hallazgos sugieren que no necesariamente es así.
Una nueva forma de detectar y excavar concheros submarinos
En las últimas décadas, los arqueólogos han buscado sistemáticamente en todo el mundo pruebas de estos paisajes culturales sumergidos.
Sin embargo, las corrientes fuertes y la escasa visibilidad pueden dificultar la localización y el registro de los yacimientos submarinos.
En dos artículos de revista publicados esta semana, nuestro equipo ha dado a conocer nuevas formas de detectar y excavar concheros en lo que hoy es el lecho marino.
Anteriormente, los concheros eran difíciles de diferenciar de los depósitos naturales de conchas.
Pero nuestro análisis de tres concheros de entre 7.300 y 4.500 años de antigüedad, procedentes del golfo de México, de Estados Unidos y de Jutlandia Oriental, en Dinamarca, demuestra que los concheros sumergidos no solo sobreviven, sino que conservan una «firma» distintiva que permite separarlos de los restos acumulados de forma natural en el fondo marino.
Mediante técnicas de microscopía, geológicas y geofísicas, reconstrucciones en 3D y estudios biológicos y ecológicos, hemos desentrañado distintas líneas de evidencia que ofrecen nuevas perspectivas sobre cómo podríamos encontrar otros yacimientos de concheros en las profundidades marinas de todo el planeta.
Cuestionar lo que creíamos saber sobre las antiguas comunidades costeras
Lo que hemos descubierto hasta ahora cuestiona las ideas actuales sobre el uso de la costa en el golfo de México y en el norte de Europa.
En el golfo de México hay un vacío en los yacimientos de concheros entre hace 5.000 y 4.500 años a lo largo de la costa de nuestra zona de estudio. Los nuevos resultados sugieren que dicho vacío se explica por cambios locales del nivel del mar, y no por la falta de ocupación.
En Dinamarca, el descubrimiento de estos concheros (que son poco frecuentes en el sur) apunta a que este tipo de yacimiento era más común de lo que se pensaba. Esto modifica nuestra comprensión de la intensidad con que pudo haberse utilizado la costa entre hace 7.300 y 5.000 años.
Es importante señalar que ambos estudios sugieren que la historia del uso antiguo de la costa podría necesitar reescribirse a medida que se encuentren más yacimientos de este tipo. Anteriormente, muchos arqueólogos suponían que las personas solo ocupaban zonas costeras estables. Sin embargo, en las dos áreas de estudio, esto no fue así.
Además, es probable que ejemplos más antiguos de concheros similares se encuentren mar adentro en varias regiones. Nuestros nuevos métodos pueden hacer que la búsqueda de estos yacimientos sea más fácil y eficiente.
Pistas sobre la adaptación a un entorno cambiante
La investigación en estos yacimientos está generando información fundamental que empieza a completar piezas que faltaban del rompecabezas del pasado humano.
Los concheros son yacimientos complejos y de gran importancia cultural. Algunos son el resultado de que las personas desecharan restos de alimentos, herramientas y otros vestigios de la vida cotidiana. En otros casos, los concheros se construyeron deliberadamente por razones culturales, incluidos enterramientos. A menudo son una combinación de ambos.
Por tanto, aportan información fundamental sobre las elecciones alimentarias del pasado, la tecnología de las herramientas, las prácticas comerciales y los valores culturales. Estos distintos tipos de información nos permiten inferir cómo las personas adaptaron sus culturas con el tiempo. También sugieren cómo interactuaron con los entornos que les rodeaban incluso cuando el nivel del mar subió y el clima cambió.
Comprender el pasado puede ayudarnos a afrontar el futuro
Estos hallazgos no solo son importantes para nuestra comprensión del pasado. Tienen repercusiones directas y significativas en las personas de hoy, especialmente en los derechos de los pueblos indígenas y de las Primeras Naciones de todo el planeta.
Estas naciones nos han transmitido desde hace tiempo su profunda relación con los entornos marinos y los paisajes marítimos. Sin embargo, el reconocimiento de estas relaciones en las políticas occidentales de conservación ambiental y patrimonial ha sido lento y profundamente insuficiente.
Estos nuevos hallazgos respaldan a los pueblos indígenas y de las Primeras Naciones en la gestión del patrimonio cultural de sus tierras y aguas ancestrales, al documentar estas relaciones hasta un pasado remoto.
El descubrimiento de estos yacimientos submarinos, y la perspectiva de encontrar más, significa que la industria, los promotores, los arqueólogos y los organismos gubernamentales deben reevaluar cómo gestionamos y protegemos el antiguo patrimonio indígena en estos entornos submarinos. Esto es especialmente cierto a medida que avanzan la minería y el desarrollo marinos.
Peter Moe Astrup, conservador de Arqueología Marítima del Museo Moesgaard, es coautor de este artículo.
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