Los innovadores inspiradores de África muestran cómo podría ser el futuro

Africa isn’t just driving technology change for Africa, but for the world at large
Africa isn’t just driving technology change for Africa, but for the world at largeImage: REUTERS/Thomas Mukoya
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El potencial de crecimiento económico y tecnológico de África es evidente. Sí, muchos países africanos aún afrontan desafíos relacionados con la infraestructura, la seguridad y la educación, por mencionar solo algunos. No obstante, sus jóvenes han abierto caminos hacia la sostenibilidad para sí mismos y sus familias.

Según un informe de enero de 2018 de New American Economy, los inmigrantes africanos tienen niveles educativos más altos que la población general de Estados Unidos. El 40 % cuenta al menos con una licenciatura y, de ellos, alrededor del 33 % tiene títulos en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM).

Para 2025, el 97 % del crecimiento mundial se producirá en los mercados emergentes del mundo, muchos de los cuales están en África. Los africanos observan cómo la tecnología se desarrolla y evoluciona de maneras nunca vistas. El continente va a la cabeza en pagos móviles, con el servicio de transferencia de dinero M-Pesa, que presta servicio a 30 millones de usuarios en diez países. África no solo impulsa el cambio tecnológico en África, sino en todo el mundo. Para 2025, la población de África superará a la de India y China. Poco después, alrededor del 40 % de la población mundial en edad de trabajar estará en África, un continente de 54 países.

Si no se implementan con cuidado, las nuevas tecnologías pueden amplificar las desigualdades. Una economía impulsada por los cambios tecnológicos también puede excluir a los trabajadores con menos cualificación de una fuerza laboral en transformación, lo que puede contribuir a una brecha de género. Las nuevas tecnologías podrían concentrar el valor en manos de los más ricos, mientras que quienes no se han beneficiado de las industrializaciones anteriores corren el riesgo de quedarse aún más rezagados. Ya no podemos guardar silencio y permitir que sigan dominando los intereses establecidos, muy comprometidos con los sistemas convencionales, las redes locales de clientelismo y la falta de buen gobierno.

Para liberarnos de estos sistemas y dar paso a otros nuevos, debemos asumir el liderazgo como nunca antes. Para incorporarse con éxito a la Cuarta Revolución Industrial, África debe fomentar una cultura de producción. Para ello, necesita innovar. La innovación nace de la realidad de las limitaciones. En una cultura basada en la necesidad, surgirán innovaciones, pero para que pasen a formar parte de la cultura, deben provenir del talento local.

Debemos asegurarnos de que el futuro de África y del empleo africano se base en una estructura competitiva, en lugar de un enfoque defensivo y anclado en el pasado que no será competitivo a largo plazo. La Cuarta Revolución Industrial es importante para África, porque las nuevas tecnologías que genera permitirán la transición hacia una economía circular. Esto desvinculará la producción de las limitaciones inherentes a la extracción de recursos naturales y garantizará que nada se desperdicie.

Si África adopta la nueva economía tecnológica, ¿cómo podemos adoptar y utilizar sus tecnologías de manera que mejoren el crecimiento inclusivo? La Primera Revolución Industrial redujo la jornada laboral. Las tecnologías actuales tienen el potencial de liberar a la humanidad de gran parte del trabajo arduo y repetitivo, y permitirnos hacer algo más productivo. Si esto se hace de manera inclusiva, podría beneficiar enormemente a los actores más pequeños y anunciar una nueva era de emprendimiento. África es la región del mundo donde el emprendimiento crece más rápido. Cerca de 90 000 de sus emprendedores han emigrado a Estados Unidos y contribuyen de manera significativa a su economía mediante sus ingresos y el pago de impuestos.

La tecnología tiene el poder de influir en los entornos educativos y enriquecerlos, al ofrecer experiencias que propician un aprendizaje profundo. Permite que los estudiantes aprendan en colaboración, prueben y rediseñen modelos, y expresen sus conocimientos tanto visualmente como de forma verbal. En 2015, Youth for Technology Foundation (YTF) lanzó 3D Africa, un programa que enseña a jóvenes y mujeres a utilizar tecnologías de impresión 3D para poner en marcha negocios comercializables. La industria de la impresión 3D representa un salto cuántico hacia nuestro futuro digital y ayudará a África a recuperar la capacidad de fabricar productos a medida propia de la era preindustrial.

YTF identifica tecnologías decisivas y de gran impacto que son relativamente fáciles de aprender. Brinda a los jóvenes las habilidades necesarias para desarrollar una carrera y se centra en las competencias digitales porque se pueden comercializar en línea. La capacidad de distribuir virtualmente el trabajo realizado es fundamental, porque la demanda local de las competencias que YTF enseña a sus estudiantes no es suficiente, aunque es probable que esto cambie pronto.

YTF colabora con varias universidades de Nigeria para establecer espacios de ingeniería y creación de prototipos donde los estudiantes puedan crear, desarrollar y compartir sus ideas antes de llevarlas al mercado. Imaginamos un aula que incluya tecnologías inalámbricas, interruptores y enrutadores accesibles de forma remota, y herramientas de colaboración, todo al servicio de la creación de un entorno «inteligente» para inventar productos, servicios y experiencias del Internet de las cosas (IoT) aplicados al mundo real.

El verano pasado, YTF se asoció con una universidad de Nigeria y puso en marcha HackforGood, un hackatón anual para el que fueron seleccionados 30 jóvenes, el 34 % de ellos mujeres, tras una convocatoria de propuestas rigurosa y competitiva. A lo largo de 72 horas, modelaron y crearon prototipos de distintos productos. Los evaluó un jurado internacional integrado por representantes de las mejores empresas tecnológicas estadounidenses y de las mejores universidades de emprendimiento de Estados Unidos y Europa. HackforGood2018 se anunciará próximamente.

Emmanuel Odunlade, graduado de ingeniería eléctrica de 23 años, ganó el premio al «mejor hacker». Durante todo el hackatón, observamos cómo trabajaba con su equipo y ayudaba a otros estudiantes, demostrando cualidades de liderazgo esenciales, como la empatía y la consideración. Emmanuel compartió algunas de las otras innovaciones en las que trabajaba, entre ellas iGas, un dispositivo habilitado para el IoT que permite consultar en tiempo real cuánto gas queda en los cilindros de cocina. Emmanuel y su equipo implementaron un algoritmo de aprendizaje automático para ayudar a los usuarios a predecir los niveles de gas y detectar fugas. El dispositivo también incluye una aplicación de mercado que facilita a los usuarios pedir recargas a un distribuidor cercano.

Rukeme Imoniovu, graduada en matemáticas de 24 años, trabajó con su equipo para cambiar el rumbo de su producto cuando descubrió que les faltaban algunos materiales necesarios para fabricar un generador híbrido autoalimentado. En su lugar, idearon una turbina eólica con paneles solares que funcionaba igual de bien.

Los equipos de HackforGood de YTF crearon diversos prototipos, entre ellos un manipulador de brazo robótico, un generador híbrido de energía eólica y solar, un detector de enfermedades de cultivos con lente verde y un sensor de alerta de tráfico vial. Los estudiantes innovadores del sensor de alerta ganaron después el Open Mic Africa concurso mundial de innovación, organizado por el Legatum Center for Development and Entrepreneurship del MIT en colaboración con The MasterCard Foundation. Gracias a este proceso, nuestros jóvenes han aprendido que es muy difícil conseguir el capital paciente que algunas de estas innovaciones necesitan. Pero no se han desalentado. Siguen desarrollando sus habilidades con nuestro apoyo. Su objetivo es convertirse en «fábricas de talento», en lugar de ocupar los puestos de trabajo poco remunerados de los talleres del mundo desarrollado.

Hay muchos otros inventos extraordinarios que provienen de África. Osh Agabi, de Nigeria, ha desarrollado un dispositivo de neurotecnología capaz de detectar tanto explosivos como células cancerosas. Un equipo de ingenieros congoleños ha creado robots de aspecto humano para resolver el problema del tráfico en Kinshasa. Brian Turyabagye, un inventor ugandés, creó una chaqueta biomédica inteligente que puede diagnosticar la neumonía cuatro veces más rápido y con mayor precisión que un médico.

Son africanos. Son personas. Todos han aprendido que, aunque el talento es universal, las oportunidades no lo son. En algunos casos, han buscado maneras de mantener a sus familias en Estados Unidos, no viviendo a costa de otros, sino trabajando duro y contribuyendo a la economía y al mundo como ciudadanos globales. Son supervivientes. Son héroes.

África no necesita ayuda, sino políticas públicas eficaces y desarrollo empresarial. Los gobiernos, el sector privado y la sociedad civil deben trabajar juntos para garantizar un futuro compartido de colaboración e innovación en un mundo muy dividido y hacer realidad la promesa de la Cuarta Revolución Industrial. Cuando ayudamos a otros a salir adelante, también salimos adelante nosotros.

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