Ha llegado la hora de que la riqueza —y no la pobreza— dicte el desarrollo de África

Entrepreneur and farmer Kofoworola Durosimi-Etti works in her greenhouse farm in Ikorodu on the outskirt of Nigeria's commercial capital Lagos, Nigeria May 11, 2017. REUTERS/Akintunde Akinleye - RC1BB7623B00
Time to end dependence on foreign funding?Image: REUTERS/Akintunde Akinleye
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Si cada africano con recursos aportara un dólar al mes durante un año para reunir recursos propios, el continente podría dejar de ser un caso de caridad y convertirse en creador de riqueza. Pero, para lograr este cambio, primero habrá que fortalecer —y en algunos casos construir— la infraestructura filantrópica de África.

Han pasado ya más de tres años desde que la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, y sigue sin aparecer el dinero necesario para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), las metas clave de la agenda. De hecho, ni siquiera se ha comprometido la mitad de los 6 billones de dólares necesarios en financiación anual.

Pero, aunque la escasez de financiación mundial podría considerarse una tragedia para el Sur Global, para África representa en realidad una oportunidad extraordinaria.

La ayuda exterior ha respaldado durante mucho tiempo el progreso de África. Pero los africanos cada vez pueden invertir más en sus propias soluciones. Para 2025, el gasto de los hogares y las empresas africanos en consumo e inversión podría alcanzar los 5,6 billones de dólares, y Deloitte estima que para 2030, 500 millones de africanos dispondrán de ingresos para gastar. Si cada africano con recursos aportara un dólar al mes durante un año para reunir nuestros propios recursos, los beneficios serían enormes.

Image: McKinsey & Company

Pero, antes siquiera de empezar a soñar con legiones de donantes locales, el objetivo inmediato debe ser crear redes y estrategias para maximizar los beneficios de las donaciones africanas. El primer paso es construir una infraestructura filantrópica: los sistemas tecnológicos, jurídicos, fiscales y de rendición de cuentas necesarios para garantizar la seguridad de las donaciones. Aunque los servicios financieros digitales ya han facilitado la recaudación de fondos, las donaciones en línea en África siguen teniendo una escala reducida. Por ejemplo, la mayor plataforma de recaudación de fondos en línea de África, M-Changa, creada en 2012, ha recaudado dinero de más de 340.000 donantes para unos 29.000 proyectos. En comparación, la plataforma benéfica de Tencent en China solicitó 28 millones de donaciones en apenas tres días el año pasado.

Además, las organizaciones de la sociedad civil (OSC) de África deben mejorar su capacidad para convencer a los posibles donantes africanos de que merecen recibir ayuda. Según EPIC-Africa, una organización sin ánimo de lucro con sede en Dakar que hace un seguimiento de la eficacia de las OSC, hay pocos datos fiables sobre cuántas OSC africanas existen, a qué se dedican y cómo generan cambios en los lugares donde operan. En otras palabras, los donantes apenas pueden saber si su dinero se está utilizando bien. Para que la filantropía africana llegue a ser un catalizador eficaz del progreso humano, será necesaria una mayor transparencia de las OSC.

Consciente de estas deficiencias, EPIC-Africa se ha asociado con la Fundación Rockefeller para crear los Premios a la excelencia de las OSC africanas, un programa diseñado para reconocer la capacidad organizativa en ámbitos como la capacidad estratégica, el liderazgo, la gobernanza, la salud financiera y el seguimiento de proyectos. El objetivo último es fortalecer la infraestructura filantrópica para que las organizaciones benéficas sean más eficaces y rindan más cuentas.

Por último, el impulso filantrópico de África debe centrarse en el crecimiento económico. Una de las mejores maneras de reorientar la atención de los africanos de la reducción de la pobreza a la creación de riqueza es apoyar a las pequeñas y medianas empresas, incluidas las explotaciones agrícolas dirigidas por mujeres. Así, cuando los gobiernos creen sistemas que conecten el comercio intraafricano con las cadenas de valor mundiales, las pymes con buenos recursos podrán aprovechar las oportunidades. Y cuando las pymes prosperan, se crean empleos que ayudan a más personas a encontrar vías para mejorar su situación.

La diáspora africana, así como los africanos del continente que disponen de ingresos para gastar, puede ayudar a los gobiernos a alcanzar los ODS dirigiendo recursos a las organizaciones mejor posicionadas para crear riqueza africana. Al reunir estratégicamente sus recursos financieros, los africanos podrían acabar con la pobreza, erradicar enfermedades, mejorar los sistemas de atención sanitaria y educar a los niños del continente. Todo ello ayudaría a África a hacer realidad su potencial económico, incluido su potencial para impulsar la prosperidad mundial.

Desde 2015, el gasto de los hogares africanos ha crecido a una media del 3,5%, y se prevé que, para finales de 2019, la demanda de los consumidores aporte hasta 1,1 billones de dólares al PIB africano. Esto demuestra aún más que cada vez hay más africanos con los medios económicos para ayudar al continente a alcanzar sus objetivos de desarrollo humano. Ahora se necesitan herramientas para canalizar adecuadamente la nueva capacidad filantrópica de los africanos.

La comunidad internacional debe seguir apoyando el progreso en toda África, y los países con más recursos deben cumplir sus compromisos pendientes de financiación de los ODS. Pero los africanos no tienen que esperar a que el mundo acuda al rescate: tenemos aquí mismo, en casa, los recursos que necesitamos. Tras tantas décadas de dependencia de la financiación extranjera, ha llegado la hora de que la riqueza —y no la pobreza— dicte cómo se desarrolla el continente africano.

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