Los precios de los alimentos básicos en el África subsahariana aumentaron un 23,9 % en 2020-22, la mayor subida desde la crisis financiera mundial de 2008.
La subida no se debe solo a factores mundiales: la dependencia de las importaciones, los tipos de cambio y la proporción de alimentos básicos en el consumo alimentario también influyen.
Una combinación de reformas fiscales, monetarias y estructurales podría ayudar a reducir la inflación de los precios de los alimentos.
Los responsables de la formulación de políticas podrían aplicar reformas para abaratar los insumos agrícolas, como las semillas y los fertilizantes.
Los precios de los alimentos básicos en el África subsahariana se dispararon un promedio del 23,9 % en 2020-22, la mayor subida desde la crisis financiera mundial de 2008. Esto equivale a un aumento del 8,5 % en el costo de una cesta típica de consumo de alimentos (por encima de los aumentos generalizados de precios).
Los factores mundiales son en parte responsables. Dado que la región importa la mayoría de sus principales alimentos básicos —trigo, aceite de palma y arroz—, la transmisión de los precios mundiales a los precios locales de los alimentos es significativa y, en algunos países, casi de uno a uno.
En algunos países, los precios de los alimentos básicos de producción local también se han disparado debido a interrupciones del suministro interno, depreciaciones de las monedas locales y mayores costos de los fertilizantes y otros insumos. En Nigeria, por ejemplo, los precios tanto de la yuca como del maíz se duplicaron con creces, aunque se producen principalmente en el país. En Ghana, el precio de la yuca aumentó un 78 % en 2020-21, lo que refleja, entre otros factores, mayores costos de producción y limitaciones en el transporte.
A partir de datos de precios de 15 países para los cinco alimentos básicos más consumidos en la región (yuca, maíz, aceite de palma, arroz y trigo), observamos que, además de los precios mundiales de los alimentos, la dependencia neta de las importaciones, la proporción de alimentos básicos en el consumo alimentario y los tipos de cambio efectivos reales impulsan los cambios en los precios locales de los alimentos básicos.
De estos factores, la proporción que representa cada alimento básico en el consumo tiene el mayor efecto sobre los precios. Esto se debe en parte a los ingresos. Los hogares con mayores recursos pueden permitirse una mayor variedad de alimentos, pero los hogares pobres tienen muy pocos sustitutos para los alimentos básicos, que constituyen casi dos tercios de su dieta diaria.
Estimamos que un aumento del 1 % en la proporción que representa un alimento básico en el consumo eleva su precio local un promedio del 0,7 %; el efecto es aún mayor cuando el alimento básico se importa en su mayor parte, pues el precio sube alrededor del 1,2 %. Se prevé que, cuando la dependencia neta de las importaciones de un país aumenta un 1 %, el costo real local de un alimento básico que se importa en gran medida aumente un 0,2 % adicional.
La fortaleza relativa de la moneda de un país es otro factor, ya que afecta el costo de los alimentos importados. Observamos que una depreciación del 1 % de los tipos de cambio efectivos reales aumenta un promedio del 0,3 % el precio de los alimentos básicos que se importan en gran medida.
Los precios de los alimentos básicos de la región también se ven afectados por los desastres naturales y las guerras: aumentan un promedio del 4 % tras las guerras y del 1,8 % después de los desastres naturales, según la magnitud, la frecuencia, la duración y la ubicación de los acontecimientos.
El papel de las políticas
Analizamos más detenidamente las diferencias de precios entre países y determinamos que aquellos con marcos de política monetaria más sólidos son más eficaces para contener las presiones inflacionarias directas y de segunda ronda sobre los precios de los alimentos y, a su vez, controlar la inflación general. En cambio, los precios de los alimentos tienden a ser más altos en países con una gestión fiscal más débil y una deuda pública elevada.
Estos resultados sugieren que una combinación de reformas fiscales, monetarias y estructurales podría ayudar a reducir la inflación de los alimentos.
Por ejemplo, mejorar la gestión de las finanzas públicas podría liberar recursos para invertir en programas de asistencia social bien focalizados o en infraestructura resiliente al cambio climático. Esto podría ayudar a estabilizar los precios.
Los responsables de la formulación de políticas también podrían contribuir a abaratar los insumos agrícolas, como las semillas y los fertilizantes, mediante reformas estructurales y regulatorias que promuevan la competencia leal, así como simplificando los procedimientos comerciales y aprovechando mejor la investigación y el desarrollo para impulsar la innovación agrícola.


