Con motivo del 50.º aniversario de la creación de la Organización de la Unidad Africana (hoy Unión Africana), los líderes africanos adoptaron la Agenda 2063: el África que queremos – una visión de una África próspera basada en el crecimiento inclusivo y el desarrollo sostenible. Una de las características definitorias de esta agenda es la transformación estructural de las economías africanas para lograr un crecimiento compartido, empleos dignos y oportunidades económicas para todos.
Hasta ahora, la transformación estructural que desplaza los recursos productivos de la agricultura y la minería hacia la manufactura —y que ha ayudado a muchos países a alcanzar una mayor prosperidad— ha dejado atrás a la mayoría de los países africanos. Según un informe reciente del Fondo Monetario Internacional, la limitada transformación estructural de África no se ha traducido en más empleos, porque el propio sector manufacturero requiere una reforma profunda.
Por tanto, África necesita un renacimiento manufacturero, con una mayor generación de valor añadido local que cree más empleos y mejor remunerados, y contribuya a cumplir las aspiraciones de la Agenda 2063. Esto podría hacer que los países africanos fueran más resilientes ante las perturbaciones económicas y menos dependientes de las exportaciones de recursos naturales.
África puede alcanzar este ambicioso objetivo si aprovecha las oportunidades disponibles y, al mismo tiempo, mitiga los desafíos que enfrenta.
Ya hay varias señales positivas. Los datos del Overseas Development Institute muestran que la producción manufacturera, las exportaciones y la inversión extranjera directa (IED) de África han evolucionado positivamente durante la última década. Entre 2005 y 2014, la producción manufacturera en África se más que duplicó, pasando de 73.000 millones de dólares a 157.000 millones, con un crecimiento real anual del 3,5%. Algunos países, como Uganda, Tanzania y Zambia, han logrado un crecimiento anual superior al 5% en los últimos años.
En conjunto, las exportaciones manufactureras del África subsahariana casi se triplicaron entre 2005 y 2015, hasta superar los 140.000 millones de dólares. También se observa claramente una menor dependencia del mercado tradicional de la OCDE, ya que China y la India absorben ahora una parte importante de las exportaciones africanas. Además, el comercio intraafricano crece mucho más rápido que antes. La IED en la manufactura africana está aumentando. Asimismo, la inversión procedente de otras partes de África es ahora una fuente importante de IED: representa una cuarta parte de toda la IED en Mozambique y Tanzania, y más del 40% en Ruanda.
Sin embargo, pese al aumento general de la manufactura, su proporción del PIB se ha mantenido moderada, en torno al 10% de forma constante durante la última década. La inversión en infraestructura, procedente de fuentes públicas y privadas, nacionales y extranjeras, sigue siendo demasiado baja. Se han realizado esfuerzos considerables para reducir el déficit de infraestructura, pero las necesidades de inversión anual en estos sectores ascienden a aproximadamente 90.000 millones de dólares al año durante una década.
África está disfrutando del llamado dividendo demográfico: las tasas de fecundidad están disminuyendo, por lo que la fuerza laboral crece más rápidamente que la población que depende de ella, lo que libera recursos. Esto tiene el potencial de transformar la manufactura africana.
Según The Economist, es probable que más de 80 millones de empleos salgan de China debido al aumento de los salarios. Sin embargo, varios países asiáticos, donde los salarios siguen siendo más bajos que en muchos países africanos (por ejemplo, Bangladesh, Camboya, la RDP Lao, Nepal y Vietnam), pueden competir para atraer esos empleos a sus territorios.
En la actualidad, las políticas de acceso a los mercados parecen favorecer a los países africanos. Muchos se benefician de un acceso preferencial a los mercados, como la iniciativa «Todo menos armas» de la Unión Europea y la Ley de Crecimiento y Oportunidades para África de Estados Unidos. Sin embargo, los países deben empezar a aprovechar plenamente estas oportunidades, ya que podrían no prolongarse indefinidamente.
Pero muchos productores africanos todavía tienen dificultades para cumplir los requisitos reglamentarios y las normas necesarios para entrar en los mercados extranjeros. Los países pueden beneficiarse del acceso a los mercados libre de aranceles, pero las barreras no arancelarias —como las normas de salud, seguridad y medio ambiente— impiden que sus productores accedan a nuevos mercados.
Las mejoras en el entorno empresarial, medidas por el informe Doing Business del Banco Mundial , son claramente visibles en varios países africanos. Entre ellos se encuentran países menos adelantados (PMA), como Malawi, Ruanda y Tanzania, a los que se suman otros como Etiopía y Uganda. Sin embargo, dado que los países compiten por atraer inversiones, los países africanos pueden quedarse atrás frente a reformadores que avanzan con mayor rapidez. Según el informe Doing Business de 2017, solo un país africano, Kenia, figuraba entre los 10 países que más habían mejorado su entorno empresarial.
Es posible superar estos desafíos y el renacimiento manufacturero de África está al alcance. Pero es necesario hacer más para adoptar una agenda que mejore su competitividad mundial. Hay que abordar las instituciones, la infraestructura, el capital humano y la tecnología.
La mayoría de los países africanos suelen situarse por debajo del promedio mundial en los Indicadores Mundiales de Gobernanza. Indicadores como la estabilidad política, la eficacia de la gobernanza, el Estado de derecho y la calidad regulatoria son requisitos previos importantes para desarrollar un sector manufacturero sostenible. Aunque mejorar las instituciones lleva tiempo, los países africanos deben actuar con rapidez y aprovechar el apoyo internacional disponible. El Marco Integrado Mejorado para los PMA, por ejemplo, contribuye a fortalecer las capacidades institucionales relacionadas con el comercio y la inversión. Sin embargo, un cambio transformador requiere tanto voluntad política como la capacidad de aprovechar el apoyo existente.
Una mejor infraestructura es fundamental, sobre todo porque la reducción de los costos comerciales ayudaría a los fabricantes africanos a integrarse en las cadenas de valor mundiales y regionales. Los déficits de infraestructura —tanto en el continente como dentro de cada país— son demasiado grandes para cubrirse únicamente con financiación pública, aunque la financiación no es el único problema. Muchas economías emergentes han recurrido con éxito a la «financiación combinada» para sus necesidades de infraestructura, donde las inversiones suelen ser cuantiosas y el período de maduración prolongado. África puede considerar este tipo de financiación para cerrar la brecha.

La inversión en capital humano, en particular en educación superior y formación, no solo ayuda a los países africanos a sobresalir en la producción manufacturera, sino también a ascender en la cadena de valor. La producción mediante el procesamiento de productos agrícolas, textiles y artículos de cuero con tecnologías relativamente sencillas puede contribuir a aliviar la pobreza, pero no la reducirá de forma duradera. Por tanto, es necesario redoblar los esfuerzos realizados hasta ahora en este ámbito.
Por último, la tecnología es un motor clave de la competitividad, ámbito en el que los países africanos están muy rezagados respecto de sus homólogos de Asia meridional. Los datos son limitados, pero indican que los países africanos destinan menos del 0,4% del PIB a investigación y desarrollo; frente al promedio del 0,7% de Asia meridional y occidental, y al promedio mundial del 1,7%.
No es nuevo el argumento de que estos cuatro pilares —instituciones, infraestructura, capital humano y tecnología— impulsarán el crecimiento de África basado en la manufactura. Al contrario, el Foro Económico Mundial los ha incluido en sus análisis de competitividad y están firmemente incorporados en la Agenda 2063, que los jefes de Estado de la Unión Africana redactaron, adoptaron y asumieron cuidadosamente como hoja de ruta para acelerar el desarrollo y el progreso tecnológico de África. La única pieza que falta para hacer realidad estas aspiraciones es la voluntad política de cumplirlas.

