Así podemos hacer que la agricultura africana sea más resiliente al cambio climático

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África está cambiando, y con rapidez.

Desde hace más de dos décadas, el continente experimenta un crecimiento económico sostenido, que se expandió un 35% entre 2000 y 2014, y este año, según el FMI, muchas de las economías de crecimiento más rápido del mundo en 2019 volverán a estar en el África subsahariana.

Las tasas de pobreza, por su parte, han disminuido: el porcentaje de personas que viven con menos de $1.90 al día bajó del 54% en 1990 al 41% en 2013.

Su crecimiento demográfico no es menos monumental. Las Naciones Unidas calculan que entre 2015 y 2050 la población de África aumentará en 1.300 millones de personas, más del doble de la actual. Y con 200 millones de personas de entre 15 y 24 años, África tiene la población más joven del mundo.

La tecnología también tiene un profundo impacto, con tecnologías transformadoras e innovaciones disruptivas que se están incorporando rápidamente a la vida cotidiana. Más del 80% de los africanos del África subsahariana tienen ahora acceso a un teléfono móvil, y para 2020 más de 660 millones de africanos tendrán un teléfono inteligente. La llegada de tecnologías como el aprendizaje automático, la inteligencia artificial, la robótica y los macrodatos dará lugar a oportunidades aún mayores y más emocionantes para el continente.

Amenazas crecientes

Por donde se mire, hay señales de progreso. Pero África se enfrenta a considerables obstáculos, entre ellos, y no en menor medida, los riesgos que el cambio climático plantea para la agricultura y la seguridad alimentaria. La agricultura ha desempeñado un papel central en el rápido crecimiento de las economías africanas y, combinada con las innovaciones digitales, también desempeñará un papel central en su éxito futuro. Pero esta prosperidad futura está amenazada, y estas amenazas van en aumento.

El cambio climático ya está agravando la inseguridad alimentaria. Ha reducido el crecimiento mundial del rendimiento del trigo, el maíz y otros muchos cultivos. El número de personas subnutridas o con inseguridad alimentaria aumentó entre 37 y 122 millones entre 2014 y 2017, hasta superar los 800 millones, en parte debido a choques climáticos.

Los países en desarrollo, por su parte, están experimentando un 20% más de calor extremo que a finales de los años noventa. Estas temperaturas más altas reducen la cantidad de agua disponible para los cultivos al secar el aire y los suelos, provocan un aumento de plagas y enfermedades, estresan al ganado y reducen la productividad laboral. Con un calentamiento de 4 °C, las temporadas de cultivo en la mayor parte del África subsahariana podrían reducirse un 20% o más.

La agricultura también contribuye al desafío climático. Las emisiones de gases de efecto invernadero procedentes de la agricultura, que actualmente representan alrededor del 25% de las emisiones mundiales, es probable que lleguen a representar el 70% de las emisiones de todas las fuentes humanas para 2050 y deben reducirse considerablemente para cumplir los objetivos climáticos.

Mientras tanto, se prevé que el cambio climático haga subir los precios de los alimentos, reduzca su disponibilidad y disminuya los ingresos y la producción de alimentos de los pequeños agricultores.

La lista es larga. África, como el resto del mundo, debe adaptarse a la nueva realidad climática. Sin embargo, en este momento existe una grave brecha entre lo que se requiere y los avances actuales.

Precisamente esta semana, intervine en el Foro de la Revolución Verde Africana en Accra (Ghana) sobre este desafío urgente y propuse cinco ámbitos en los que considero necesario actuar.

La sesión sobre el fortalecimiento de la adaptación y la resiliencia en la agricultura africana en el Foro de la Revolución Verde Africana en Accra (Ghana), con la participación del moderador David Nabarro (izquierda), director estratégico de Skills, Systems and Synergies for Sustainable Development (4SD); Patrick Verkooijen, director ejecutivo del Centro Mundial de Adaptación, y Ngozi Okonjo-Iweala, copresidenta de la Comisión sobre la Nueva Economía Climática y exministra de Finanzas de NigeriaImage: GCA

Investigación y desarrollo

El mundo necesita cultivos capaces de hacer frente a temperaturas más altas, inundaciones y otros riesgos. Esta investigación requiere tiempo, por lo que es esencial que empecemos ya. Pero no se trata solo de tecnología: también necesitamos realizar estudios sobre nuevos modelos de negocio para los pequeños agricultores, métodos para agrupar a los agricultores en unidades más grandes con el fin de reducir los costes de transacción y formas de mejorar las previsiones estacionales para que los agricultores puedan reaccionar en consecuencia. Aunque es necesaria la investigación de alto nivel, aprovechemos también los conocimientos locales y tradicionales y trabajemos junto a los agricultores para comprender de verdad —y responder a— sus necesidades.

Cambio de políticas

Pongamos en marcha políticas e incentivos que hagan funcionar los mercados locales, nacionales, regionales e internacionales, amplíen la conectividad de los agricultores y conviertan las zonas rurales en lugares atractivos para construir medios de vida.

Estas políticas deberían respaldar todos los distintos objetivos del sistema alimentario. Las intervenciones deben ser inteligentes desde el punto de vista climático, lo que no significa un conjunto específico de medidas, sino centrarse más en la estabilidad del rendimiento y de los ingresos que solo en el rendimiento. También implica prestar mayor atención a la eficiencia en el uso de insumos, como el agua y los fertilizantes, y centrarse más en la sostenibilidad a largo plazo mediante el cuidado adecuado de los recursos de suelo y agua. Este enfoque inteligente desde el punto de vista climático requiere paquetes de medidas adaptadas a las condiciones locales, en lugar de acciones aisladas, que abarquen desde la explotación agrícola hasta toda la cadena de valor.

Asesoramiento digital para agricultores basado en información climática

Los avances digitales serán fundamentales. Por ejemplo, las comunicaciones digitales y la educación de agricultor a agricultor pueden proporcionar información meteorológica esencial para ayudar a los propietarios de tierras a tomar decisiones sobre la siembra y la cosecha. Los datos y la analítica, por su parte, también pueden utilizarse para mejorar la vigilancia de enfermedades y el desarrollo de sistemas de alerta temprana. Los mapas digitales de suelos también son fundamentales para que los agricultores comprendan la salud del suelo local y actúen en consecuencia.

Financiación para la transformación

Necesitamos financiar esta transformación, y la participación del sector privado será fundamental. El acceso limitado a la financiación constituye un obstáculo importante para los pequeños productores, por lo que debemos fijar objetivos de préstamo y desarrollar modelos específicos de financiación privada, incluida la microfinanciación. Los gobiernos también deben crear fondos de transición para ayudar a los agricultores más afectados por el cambio climático.

Dar a los agricultores los recursos que necesitan

Por último, pero lo más importante, debemos poner los recursos adecuados en manos de los agricultores: cultivos y ganado tolerantes al estrés, nuevas formas de riego y mejores métodos de gestión del suelo. Veamos el riego, por ejemplo. A nivel mundial, el 20% de las tierras de cultivo está regado. En África, esta cifra es del 5%. Podemos mejorar la adaptación aumentando el riego y podemos saltarnos las vías tradicionales de desarrollo, por ejemplo, apostando por la energía solar. Y si esto puede vincularse a las ambiciones energéticas de los países, los agricultores podrán vender electricidad a la red como fuente de ingresos adicional.

Estas son mis cinco principales áreas de inversión y acción. Pero el tiempo apremia y debemos actuar ya.

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