A pesar del daño inconmensurable causado por la pandemia, la humanidad ha aprendido muchas lecciones; la más significativa es que debemos replantearnos el gobierno tal como lo conocemos.
Al aprovechar los activos digitales existentes (reutilizar), las alianzas público-privadas (colaborar) y simplificar la burocracia (hackear), Bangladesh logró avances significativos.
La pregunta sigue en pie: ¿cómo mantener estos enfoques y avances una vez superada la pandemia?
Las economías de todo el mundo siguen lidiando con la peor etapa de la pandemia de COVID-19. Aunque quizá nuestras vidas nunca vuelvan a ser las mismas, el futuro ofrece esperanza, no solo por las vacunas que se están distribuyendo, sino también por la posibilidad de replantearnos el propio gobierno, pues la COVID-19 ha vuelto a poner de relieve la necesidad de centrarse en la ciudadanía.
Aunque todas las naciones tienen historias transformadoras que contar sobre la COVID-19, Bangladesh —un país que muchos habían previsto que afrontaría lo peor, tanto desde el punto de vista médico como económico— logró avances al ceñirse a tres estrategias fundamentales: reutilizar, colaborar y hackear.
Digitalizar la justicia
Debido a la pandemia de COVID-19, los tribunales cerraron, agravando una situación ya de por sí lenta y engorrosa, con un número creciente de casos pendientes. Sin embargo, la Corte Suprema de Bangladesh tomó la audaz decisión de establecer el sistema virtual MyCourt para las solicitudes de libertad bajo fianza. El sistema de presentación electrónica que ya utilizaba la administración pública se adaptó para los tribunales en 12 días, tras una orden ejecutiva emitida por el presidente.
Los resultados fueron notables. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, durante los dos primeros meses de funcionamiento, un total de 54.558 personas obtuvieron la libertad bajo fianza a través de MyCourt, una cifra récord en Bangladesh, lo que redujo en un 12 % la población penitenciaria. Así se evitó el hacinamiento en las cárceles y se afrontó una grave amenaza relacionada con la COVID-19.
MyCourt allanó el camino para una reforma judicial más amplia al digitalizar los expedientes, fortalecer la justicia comercial y promover los derechos humanos. Lo que en condiciones habituales habría llevado años, la COVID-19 lo hizo posible en meses.
Convertir la telemedicina en un servicio al estilo de Uber
Cuando la pandemia llegó por primera vez a Bangladesh, era natural que cundiera el pánico: solo había un laboratorio de RT-PCR operativo. Necesitábamos identificar con precisión las zonas geográficas donde la enfermedad avanzaba más rápido para realizar análisis epidemiológicos y dar prioridad a la respuesta médica.
La línea nacional de información 333 se reconvirtió en una línea de atención sobre la COVID-19 para que las personas sin teléfonos inteligentes (dos tercios de la población) pudieran informar por sí mismas de sus síntomas. En una iniciativa de colaboración público-privada sin precedentes, se creó un sistema colectivo de inteligencia de datos, equipado con análisis de macrodatos mediante IA y conectado con las cuatro compañías de telefonía móvil.
Como resultado, fue posible identificar los focos de COVID-19 entre siete y diez días antes de que se realizaran las pruebas de RT-PCR, lo que contribuyó a salvar vidas.
Además, quienes notificaban sus síntomas a través del 333 querían recibir asesoramiento médico. Casi de la noche a la mañana nació el mayor servicio de telemedicina que había tenido el país, que atendió a cientos de miles de pacientes con COVID-19 y a millones de pacientes sin COVID-19. Lo notable fue que más de 4.000 médicos ofrecían tiempo gratuito todos los días a través de un sistema similar a Uber, y decenas de empresas privadas de telemedicina reunieron sus servicios bajo un mismo paraguas virtual durante el peor momento de la pandemia.
De hecho, permitió que los bangladesíes conocieran por primera vez la atención sanitaria personalizada desde la seguridad de sus hogares, acelerando el diseño de modelos alternativos para lograr una cobertura sanitaria universal de forma rentable y financiar la salud a gran escala con enfoques innovadores.
¿Sin escuela, sin educación?
Los confinamientos han ido y venido, pero las instituciones educativas de todos los niveles han permanecido cerradas en Bangladesh. Aunque se han impartido clases en línea, solo el 35 % de los estudiantes bangladesíes de secundaria y menos del 20 % de los de primaria tienen acceso asequible a una conexión a internet fiable. ¿Debían quedar entonces completamente privados de toda educación?
Para contrarrestar esta situación, Parliament TV, que apenas se utilizaba fuera de las sesiones parlamentarias, se convirtió en Education TV. Los dos ministerios de Educación desarrollaron y difundieron horas de lecciones cada día para estudiantes de primaria, secundaria, formación profesional y madrasa; decenas de millones de estudiantes en total.
Aunque cinco años de planificación no habían logrado afianzar la colaboración entre los ministerios de Educación y el Parlamento para hacerlo posible, la COVID-19 desencadenó el proceso: en nueve días se pasó de la planificación a la emisión de contenidos educativos.
La combinación de tecnologías antiguas (televisión, radio y teléfonos básicos), tecnologías nuevas (internet y dispositivos inteligentes) y el aula —sin olvidar el espacio físico— está sentando las bases de un modelo educativo innovador «híbrido». Este ha sido un tema central en nuestra conversación sobre el «Futuro de la educación» en el Grupo de Acción Regional del Foro Económico Mundial.
Cómo Bangladesh obtuvo un dividendo de la COVID-19
En el centro de las iniciativas mencionadas estaban tres estrategias que resultaron esenciales para crear el tipo de respuesta que puso en marcha Bangladesh. Como han demostrado las naciones de todo el mundo, responder a una pandemia se parece a una situación de guerra: hay vidas en juego y queda poco tiempo para deliberar.
Al acercarse el quincuagésimo aniversario de la independencia del país, se volvieron a aplicar las estrategias de nuestra guerra de liberación de 1971 para combatir al nuevo enemigo:
Reutilizar las soluciones de ayer para resolver los problemas de hoy.
Asegurar la colaboración como si no hubiera un mañana.
Hackear la mentalidad estereotipada para liberar las posibilidades del mañana.
La adopción de las tres estrategias hizo posibles los avances con la rapidez y la eficiencia necesarias para que fueran eficaces.
El llamamiento de la primera ministra Sheikh Hasina a la acción colectiva de la nación, en diciembre de 2008, para construir una economía del conocimiento para 2021 —«Bangladesh Digital»— fue el paso decisivo para sentar estas bases. Los 12 años de puesta en práctica de esta visión, facilitada por la División de TIC y el programa insignia del Gobierno para la transformación digital, a2i, llevada a cabo por todas las partes interesadas públicas y privadas y guiada por el asesor de TIC Sajeeb Wazed, dieron lugar a MyCourt, Uber-telemedicine, Education TV y muchas otras innovaciones para combatir la COVID-19.
No se trata de reconstruir el pasado, sino de construir el futuro mejor
Una crisis de esta magnitud y alcance es un choque para el sistema.
Nos permite, como gobiernos, reevaluar el pasado, replantearnos el presente y volver a imaginar el futuro. Nos permite tomar decisiones en las que prevalecen las necesidades de la ciudadanía y no las reglas. Nos libera de la proverbial camisa de fuerza de nuestro pasado.
Derriba barreras mentales: WhatsApp y Zoom nos permiten tomar decisiones políticas importantes y oportunas sin convocar reuniones presenciales costosas y que consumen mucho tiempo. La colaboración sin precedentes entre el presidente de la Corte Suprema y los ministros de Gobierno local, Salud, Educación y Telecomunicaciones, facilitada sin contratiempos por el ministro de Estado de TIC, fue testimonio de esta transformación.
Elimina los compartimentos estancos al crear plataformas interoperables para la prestación de servicios, los pagos y los datos, donde varias agencias públicas pueden ofrecer servicios a la misma ciudadanía. De hecho, permite al Gobierno compartir responsabilidades y riesgos con innovadores privados invitándolos a participar en la misma plataforma.
En última instancia, permite a la ciudadanía acceder a la aplicación MyGov para obtener realmente los servicios que necesita, dondequiera y cuandoquiera que los necesite: personalizados y al alcance de la mano, sin dejar a nadie atrás.
