El cortoplacismo es el énfasis excesivo de quienes toman decisiones en los objetivos a corto plazo en detrimento de los objetivos a más largo plazo. A menudo tiene consecuencias negativas: investigaciones recientes confirman que los ejecutivos de empresas retrasarían o sacrificarían proyectos que crean valor duradero con el fin de no incumplir los objetivos de beneficios a corto plazo. Las ganancias inmediatas ofrecen a los ejecutivos un fuerte incentivo para posponer o cancelar los gastos de capital a largo plazo.
De hecho, a pesar del repunte de las inversiones iniciado en 2017, los datos muestran una tendencia de varios años al deterioro de los gastos de capital como proporción del total de activos de las empresas europeas.
Pensar a corto plazo me preocupa no solo porque soy un profesional de los seguros acostumbrado a estimar riesgos en horizontes temporales largos, sino también por la crónica brecha de inversiones a largo plazo en Europa. Según el Parlamento Europeo, las inversiones en infraestructuras de la Unión Europea han disminuido significativamente desde 2009 y existe una brecha sustancial en el gasto en investigación y desarrollo. Más concretamente, la brecha entre la UE y EE. UU. en intensidad de I+D se ha ampliado, mientras que la existente entre la UE y China se ha reducido, lo que muestra el rápido avance de China para alcanzar a la UE.
Un sector de la economía europea muy afectado por el cortoplacismo es la manufactura, fundamental para la riqueza de nuestro continente y responsable de casi el 70 % de las exportaciones europeas. En prácticamente todas las industrias manufactureras en las que la UE desempeña un papel relevante, persiste una notable brecha en I+D. Los datos más recientes muestran una tendencia al empeoramiento: la participación de Europa en las exportaciones mundiales de manufacturas y en el valor añadido total está disminuyendo, en parte debido al auge de los mercados emergentes. Creo que esto debería servir de llamada de atención: mejorar la manufactura europea mediante nuevas inversiones sustanciales es fundamental.
En términos generales, los efectos del cortoplacismo son motivo de preocupación, pero su impacto en Europa está más arraigado debido al retraso inversor del continente. Las instituciones europeas han abordado este problema en los últimos años, conscientes de que la Unión solo puede cumplir su agenda basada en la innovación, un menor impacto ambiental y el progreso destinado a reducir las desigualdades sociales y beneficiar a todos si adopta una perspectiva a largo plazo. Cabe esperar que el resultado de las recientes elecciones impulse aún más esta agenda. Entre las medidas ya adoptadas por la UE figuran la norma de 2017 que exige a las aseguradoras y los fondos de pensiones una mayor transparencia sobre sus estrategias de inversión, los llamados fondos europeos de inversión a largo plazo y la abolición de los informes financieros trimestrales obligatorios.
Es fundamental que las empresas respalden los esfuerzos de las instituciones europeas por frenar el énfasis excesivo en las ganancias inmediatas y fomentar estrategias con visión de futuro. Las aseguradoras, como los mayores inversores institucionales de Europa, con 10 billones de euros en activos bajo gestión, deberían liderar estos esfuerzos.
En mi opinión, las empresas en general y las aseguradoras en particular pueden actuar de tres maneras distintas.
1. Pueden priorizar la asignación de beneficios y activos a oportunidades que creen valor sostenible a largo plazo, al tiempo que procuran el equilibrio adecuado entre las reinversiones y las obligaciones a corto plazo, como la remuneración de los accionistas y el pago de pasivos. Los inversores institucionales, por ejemplo, pueden favorecer el crecimiento a largo plazo de la economía real diversificando sus carteras hacia infraestructuras e instrumentos de inversión privada, como el capital privado y las colocaciones privadas destinadas a pequeñas y medianas empresas.
2. Las empresas pueden integrar factores ESG (ambientales, sociales y de gobernanza) en sus estrategias, procesos y propuestas de valor. Al hacerlo, deben tener en cuenta su impacto en el bienestar de todas las partes interesadas, su papel en la sociedad y sus interacciones, y así desarrollar un propósito, una visión y, en última instancia, la sostenibilidad. Este enfoque debe reflejarse en iniciativas para la comunidad y en el fortalecimiento de los recursos humanos mediante formación continua y una cultura inclusiva y meritocrática. Los jóvenes talentos eligen cada vez más a sus empleadores en función de factores de sostenibilidad y no económicos.
3. Las empresas pueden demostrar su enfoque a largo plazo e influir en las partes interesadas externas ofreciendo información adecuada y periódica sobre sus estrategias a largo plazo, su visión y sus iniciativas de sostenibilidad como parte de sus informes financieros.
Es esencial y urgente adoptar una visión global de cómo invertimos nuestros recursos, afectamos al medio ambiente y a la sociedad, gestionamos nuestra gobernanza y nos comunicamos con las partes interesadas. Esto es especialmente cierto en Europa, donde las inversiones a largo plazo son fundamentales para impulsar un crecimiento inteligente, sostenible e inclusivo.

