Pasa unos días en cualquier ciudad china y notarás la enorme cantidad de repartidores en moto que serpentean por calles, callejones y aceras, llevando un flujo interminable de comida a hogares y oficinas. Algunos transportan vasos de té de burbujas; otros van cargados de sándwiches y ensaladas; algunos incluso equilibran tambaleantes recipientes de hot pot picante, con condimentos, verduras y carne cruda, todo ello junto con una olla, cuencos y utensilios.
China es el mayor consumidor de comida a domicilio del mundo. Según un informe publicado por el Instituto de Investigación Industrial Qianzhan, en 2016 el mercado chino de entrega en línea de comida y bebida estaba valorado en 166.000 millones de yuanes (25.000 millones de dólares), casi ocho veces más que en 2011. El mismo informe calcula que las plataformas chinas de entrega de comida en línea cuentan con unos 256 millones de usuarios registrados. Casi el 40 % de los propietarios de teléfonos móviles los ha utilizado para pedir comida, y las empresas de reparto de comida del país procesan casi 400 millones de pedidos cada semana.
Al mismo tiempo, aumenta la cantidad de residuos generados por los servicios de reparto. El informe calcula que las tres principales plataformas de reparto de comida de China consumen cada día 65 millones de envases de comida, 20 millones de pares de palillos desechables y 20 millones de bolsas de plástico. Si estas cifras parecen abstractas, expresémoslo de otro modo: si extendiéramos todas las bolsas de plástico que usan los servicios de reparto en un día, cubrirían una superficie de 420.000 metros cuadrados, casi el tamaño de la plaza de Tiananmén. Estas estadísticas reflejan una crisis medioambiental que se vuelve cada día más difícil de controlar.
En la actualidad, casi todos los restaurantes guardan la comida en envases desechables y proporcionan palillos de un solo uso para los pedidos a domicilio, y trasladan el coste de estos artículos al consumidor. Después de comer, la mayoría de los clientes simplemente los tira. Aunque comprarlos cuesta apenas un par de yuanes, el coste para el medioambiente y la salud de los consumidores es mucho mayor y difícil de eliminar por completo.
La creciente preocupación por el coste medioambiental del reparto de comida ha llevado a la Liga de Voluntarios Verdes de Chongqing, una ONG medioambiental, a presentar demandas contra las tres principales plataformas de reparto de comida de China: Baidu Waimai, Ele.me y Meituan Waimai. Los ecologistas acusan a las empresas de desperdiciar recursos y contribuir al deterioro ecológico, acciones que, en términos jurídicos, podrían «suponer un riesgo significativo de perjuicio para el interés público». El 1 de septiembre, el Tribunal Popular Intermedio Cuarto de Pekín aceptó conocer los casos.
Según las acusaciones publicadas por la ONG en una carta abierta, «cada día, solo Meituan Waimai consume unos 20 millones de pares de palillos, el equivalente a 6.700 árboles adultos. A lo largo de un año, hay que talar 2,5 millones de árboles adultos para proporcionar los palillos que utiliza esta plataforma… Si seguimos talando árboles a este ritmo, ¿cuánto falta para que se agoten nuestros bosques?».
La demanda de la Liga de Voluntarios Verdes es la primera que se presenta contra los servicios de reparto de comida en línea por motivos medioambientales. Tenga éxito o no, merece nuestro apoyo porque conciencia sobre la contaminación causada por las empresas de reparto, perturba las actividades de las empresas que atropellan el bienestar medioambiental de China y demuestra el poder que tiene la gente común para proteger su entorno local.
Compara las prácticas de los servicios de reparto chinos con las de sus equivalentes en otros países. En Australia y el Reino Unido, muchas hamburguesas y sándwiches para llevar vienen envueltos en papel aceitado biodegradable, mientras que las pizzas se entregan en cajas de cartón reciclable. Sin embargo, los pedidos a domicilio en China suelen consistir en una mezcla de platos, muchos de ellos cubiertos de salsa, por lo que no son adecuados para envolverlos en papel aceitado ni en envases de cartón. En cambio, suelen venir en recipientes transparentes de plástico, envueltos en bolsas de polietileno.
En Japón, algunos negocios ofrecen utensilios convencionales con los pedidos a domicilio en lugar de desechables. Cuando los clientes terminan de comer, lavan los utensilios y los dejan fuera de la puerta para que el repartidor los recoja más tarde.
En China, sin embargo, los negocios suelen tener que ofrecer importantes descuentos o recompensas para convencer a los clientes de que reciclen sus utensilios. China puede aprender del modelo japonés, pero los consumidores tardarán en alcanzar el nivel necesario de conciencia medioambiental. Indicar claramente el precio de los utensilios y las bolsas de plástico no ha surtido efecto: los consumidores suelen pedir comida a domicilio por comodidad y para ahorrar tiempo; por lo general, no les importa pagar un recargo de 1 o 2 yuanes. Según una encuesta realizada por el periódico estatal Global Times, el 71,6 % de los encuestados afirmó desconocer los problemas medioambientales relacionados con el reparto de comida.
Para encontrar soluciones eficaces a largo plazo, China debe desarrollar medidas sólidas de tratamiento de residuos e implantar sistemas para separar la basura reciclable de la no reciclable. China genera 520.000 toneladas de residuos domésticos cada día. Si contamos los residuos de construcción, la cifra asciende a 1,4 millones de toneladas, el doble de la cantidad generada en Estados Unidos. Los residuos del reparto de comida son un microcosmos del agravamiento del problema de contaminación en China. Las ciudades del país están asediadas por montañas de basura cada vez mayores, mientras sus anticuados sistemas de gestión de residuos luchan por mantenerse al día.
Las ciudades cada vez son menos capaces de controlar los residuos que generan sus habitantes. En 2016, las noticias sobre el vertido de basura a través de fronteras provinciales atrajeron una gran atención pública. En un intento por reducir costes, más de 20.000 toneladas de residuos producidos en Shanghái fueron vertidas en secreto en la isla Xishan, en la cercana Suzhou, provincia de Jiangsu.
Aún más grave es el vertido directo de residuos plásticos al océano, que causa daños prácticamente irreparables a los ecosistemas acuáticos. Según los datos publicados en la revista Science, China es el principal responsable, pues genera casi un tercio de todos los residuos plásticos marinos. Los contaminantes que ingieren los peces vuelven a ascender por la cadena alimentaria hasta llegar a los seres humanos, lo que provoca un mayor riesgo de cáncer y defectos congénitos.
En un futuro previsible, la basura de la comida para llevar seguirá causando problemas de gestión de residuos en China. Desde los procesos de producción y clasificación hasta el tratamiento y la reutilización de los residuos, nuestros ineficientes modelos de gestión no han logrado seguir el ritmo del problema. Evidentemente, no podemos aplicar en todo el país las medidas adoptadas por una universidad del este de China, que prohibió todos los repartos de comida por motivos medioambientales.
A veces, controlar un problema mediante la regulación y la educación puede ser más eficaz que intentar prohibirlo por completo. Para reducir los residuos del reparto de comida, debemos convencer a los consumidores chinos de que el pedido no está completo cuando llega a su puerta. Aunque ya hayas comido hasta saciarte, aún tienes que reciclar los envases de la comida.
El artículo 6 de la Ley de Protección Ambiental de China establece que todas las unidades de trabajo y todas las personas tienen el deber de proteger el medioambiente. Pero, como sostuvo Zhou Ke, profesor de derecho de la Universidad Renmin, en una entrevista reciente con The Beijing News, esta ley nunca se ha aplicado plenamente. Durante muchos años, los esfuerzos medioambientales de China se han centrado en la intervención administrativa y no han definido con claridad las responsabilidades que deben asumir las empresas y la ciudadanía.
Este respaldo legal debería permitir al Gobierno chino presionar a los comercios de comida y a las plataformas para que muestren información muy visible sobre los peligros de usar palillos y cubiertos de plástico desechables. El Estado también podría obligar a las empresas a utilizar envases de plástico reciclables para la comida y trasladar el coste adicional al consumidor, tal como hacen actualmente con los artículos no reciclables. Las plataformas de reparto podrían expulsar a los comercios que no cumplan estas normas y recompensar a los consumidores que opten por no usar cubiertos desechables. Si seguimos cargando al medioambiente con los restos de nuestro hot pot a domicilio, rápido y fácil, un día el medioambiente nos pasará factura.

