El cambio climático está cobrando un tributo oculto a la salud mundial que exige una acción urgente.
El impacto en la salud recae de forma desproporcionada sobre las poblaciones más pobres y vulnerables, que son las que menos contribuyen al cambio climático.
La Iniciativa sobre Clima y Salud del Foro Económico Mundial es un primer paso hacia un mayor reconocimiento de este problema y hacia la adopción de medidas al respecto.
Por primera vez en sus 28 años de historia, la Cumbre del Clima de las Naciones Unidas, conocida este año como COP28, ha incluido un día dedicado al impacto del cambio climático en la salud. No es de extrañar, dados los fenómenos meteorológicos récord relacionados con el cambio climático en los últimos dos años, que han causado la muerte de decenas de miles de personas en todo el mundo y han costado a la economía mundial miles de millones, por no decir billones.
El mundo tiende a ver el cambio climático a través de las pérdidas monetarias causadas por los daños de la última tormenta catastrófica o del último incendio forestal incontrolable. Pero los impactos más graves del cambio climático están por llegar, en forma de los inmensos peligros para la vida y la salud a los que nos enfrentaremos en un futuro no muy lejano.
El peligro del cambio climático es realmente existencial, teniendo en cuenta el número de muertes que probablemente se le atribuyan. En última instancia, el creciente volumen de pruebas sobre estas amenazas para la salud pública debe traducirse en políticas y acciones concretas, centradas en la necesidad de resiliencia y en la capacidad de mitigar los efectos negativos del calentamiento global.
Cargas desiguales
Lo que complica la respuesta de salud pública es que el cambio climático no afecta por igual a todas las regiones. La distribución de las muertes y las pérdidas económicas recae con mayor fuerza sobre las poblaciones más pobres y vulnerables, un hecho especialmente trágico e irónico, dado que esta población es la que menos emisiones de gases de efecto invernadero genera. Las listas oficiales de los países más afectados por el cambio climático están dominadas por naciones africanas, que han sufrido años de aumento de las temperaturas y de precipitaciones insuficientes, al tiempo que experimentan lluvias torrenciales masivas que han provocado inundaciones. Sin embargo, el continente solo representa el 4 % de las emisiones mundiales.
Tomemos como ejemplo Sudán del Sur. Las temperaturas del país aumentan a un ritmo dos veces y media superior a la media mundial. Esto ha provocado fenómenos meteorológicos extremos, como cuatro años consecutivos de inundaciones en la mitad del país y años de precipitaciones insuficientes en la otra mitad. El Programa Mundial de Alimentos de la ONU calcula que el 64 % de sus 12 millones de habitantes sufre hambre grave como consecuencia de estos dos efectos simultáneos.
Pero el sufrimiento causado por el cambio climático no se limita a una sola región. Comunidades de todo el mundo se enfrentan a una serie de amenazas: desde sequías hasta inundaciones, tormentas tropicales intensas y subida del nivel del mar, pasando por olas de calor prolongadas e incendios forestales.
Amenazas secas y húmedas
Empecemos por la sequía. Uno de los fenómenos meteorológicos relacionados con el clima más letales, la sequía avanza lentamente en comparación con las inundaciones, los huracanes y los incendios forestales. Sin embargo, sigue provocando mayores niveles de desnutrición, que causa retraso del crecimiento y del desarrollo en los niños, así como una serie de enfermedades infecciosas muy extendidas.
Unos 55 millones de personas se enfrentan cada año a condiciones de sequía, y el 40 % de la población mundial sufre escasez de agua, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Se calcula que, para 2030, 700 millones de personas correrán el riesgo de verse desplazadas como consecuencia de la sequía.
Si bien las sequías implican una escasez de agua y las inundaciones un exceso, su impacto en la salud pública no es, lamentablemente, tan diferente. Ambas destruyen las fuentes de alimentos y agua, así como los cultivos, el ganado y los medios de vida de una región. En 2022, Pakistán sufrió una temporada de monzones extrema que provocó inundaciones que afectaron a 33 millones de personas, la mitad de ellas niños. Más de 5 millones de personas se vieron obligadas a usar agua contaminada procedente de pozos y arroyos. Un año después, el país sigue teniendo casi 15 millones de personas que padecen hambre grave.
Las enfermedades transmitidas por vectores, es decir, las transmitidas por organismos como los mosquitos y las garrapatas, representan más del 17 % de todas las enfermedades infecciosas y causan más de 700 000 muertes al año, según la OMS. Los patrones climáticos y meteorológicos extremos, como las sequías, las olas de calor, las inundaciones y las lluvias, prolongan las temporadas de reproducción y amplían el territorio de los mosquitos, las garrapatas y otros vectores.
Esto significa que el cambio climático podría contribuir a la propagación de virus como el de la malaria, el dengue y el Zika hacia latitudes más altas, exponiendo a más personas. Un estudio de investigación de 2019 concluyó que, para 2050, los dos mosquitos principales transmisores de enfermedades ampliarán significativamente su área de distribución, lo que supone una amenaza para el 49 % de la población mundial.
El peor año registrado
Otra de las principales consecuencias del cambio climático es la creciente virulencia de las tormentas en todo el mundo. Se prevé que la frecuencia, la duración y la intensidad de las tormentas tropicales aumenten a medida que se elevan las temperaturas oceánicas. En 2023 se han registrado tres huracanes de categoría 3 o superior, lo que convierte oficialmente a este en el peor año registrado en cuanto a fenómenos meteorológicos que causan pérdidas de más de mil millones de dólares.
Los incendios forestales son otro fenómeno cada vez más frecuente, ya que las altas temperaturas secan la vegetación y generan condiciones propicias para los incendios. Además de la inmensa destrucción de bienes y de la pérdida de vidas humanas y de ganado, los incendios forestales en todo el mundo están agravando la contaminación atmosférica, que a su vez exacerba las enfermedades respiratorias y las cardiovasculares. Las investigaciones sugieren que la contaminación atmosférica provocará entre 6 y 9 millones de muertes prematuras al año para 2060, y que la mortalidad por enfermedades cardiovasculares relacionadas con el calor podría aumentar hasta un 50 %.

Por último, todos los desastres relacionados con el clima pueden generar una sensación de ansiedad, pérdida e impotencia ante las fuerzas incontrolables de la naturaleza, lo que puede derivar en depresión, abuso de alcohol y drogas, y trastorno de estrés postraumático. Por estas razones, prevemos que la incidencia de las enfermedades mentales aumente drásticamente a causa del cambio climático, con un coste previsto de 6 billones de dólares para 2030 para cubrir el tratamiento y la pérdida de productividad.
¿Está preparada la comunidad sanitaria mundial? Al igual que con la COVID-19, es probable que el cambio climático se afronte con recursos insuficientes y una capacidad inadecuada para hacer frente a la avalancha de enfermedades y desesperación derivadas del calentamiento global. Para ello se necesitará la participación de las partes interesadas, desde los gobiernos y las organizaciones no gubernamentales hasta las empresas privadas, como las farmacéuticas, los innovadores de tecnología médica y los proveedores de servicios sanitarios, para impulsar soluciones y alianzas público-privadas que den pasos concretos para reforzar la preparación de los sistemas sanitarios. Además, deben realizarse las inversiones de tiempo, financieras e intelectuales necesarias para respaldar esta labor.
Algunas iniciativas ya se han puesto en marcha a través de organizaciones como la OMS, que ha publicado planes nacionales de adaptación para ayudar a los países a medir los efectos del cambio climático y aplicar políticas relacionadas con la salud. Pero estas crisis inminentes deben abordarse con mayor urgencia e investigación basada en pruebas que ayude a dar forma a intervenciones destinadas a aumentar la preparación y la resiliencia de los sistemas sanitarios, las comunidades y las poblaciones vulnerables.
Cómo el Foro ayuda a los líderes a fortalecer los sistemas de salud mediante la colaboración
El Centro de Salud y Atención Sanitaria conecta a los líderes para comprender los retos que afrontan los sistemas de salud de todo el mundo, incluidos el acceso, la equidad, la resiliencia y la preparación.
Mediante un diálogo basado en la confianza y la colaboración público-privada, el Centro permite a los socios alinearse en torno a prioridades compartidas e impulsar la acción colectiva para mejorar los resultados sanitarios.
La Iniciativa sobre Clima y Salud del Foro Económico Mundial también aborda la relación entre clima y salud mediante el desarrollo de soluciones de alto impacto y el fomento de la financiación privada y del apoyo financiero a largo plazo necesario, que debe ser el eje de cualquier respuesta sanitaria mundial.
Además, la iniciativa contribuye a desarrollar el tipo de cuantificación y análisis que permitirá identificar las poblaciones más expuestas, para que la comunidad sanitaria pueda actuar de forma proactiva frente a las amenazas. Podemos actuar ya para reforzar la infraestructura y promover las vacunas que deben desarrollarse o los medicamentos que requieren más capacidad de producción.
A diferencia de la COVID-19, tenemos la oportunidad de adelantarnos al problema. Debemos aprovecharla.

