Ofrecer apoyo y protección a los refugiados es una obligación tanto legal como moral, y también un bien público mundial.
Pero con el aumento del número de refugiados, las tensiones internas y los balances empresariales, ¿por qué deberían los Estados y las empresas esperar algo más que una cálida sensación de satisfacción al emplear a refugiados?
Los refugiados pueden aportar beneficios a las comunidades, a la fuerza laboral, al PIB y mucho más si se les integra social y económicamente.
¿Son los refugiados una bendición o una carga? ¿Un beneficio o un lastre? Esta incisiva pregunta se planteó en un estudio conjunto de 2016 sobre el campo de refugiados de Kakuma, en el condado de Turkana, Kenia.
Desde entonces, la cuestión se ha vuelto aún más apremiante, ya que el número de refugiados ha aumentado cada año durante los últimos 13 años debido a crisis nuevas y prolongadas.
Lograr que los refugiados tengan empleo no es sencillo debido a la falta de reconocimiento de competencias y títulos. A diferencia de los migrantes económicos, que se desplazan principalmente en busca de ingresos y oportunidades, los refugiados huyen de la guerra, la violencia y la persecución. La mayoría acaba en Estados de ingresos bajos a medios, a menudo en zonas con un desarrollo económico o unas oportunidades limitadas.
Ofrecer apoyo y protección a los refugiados es una obligación tanto legal como moral, y también un bien público mundial. Sin embargo, los gobiernos a menudo tienen dificultades para equilibrar esta responsabilidad global con las prioridades nacionales.
La opinión pública, centrada con frecuencia en proteger los empleos y los servicios públicos de sus propios ciudadanos, puede hacer políticamente delicado incluir a los refugiados en políticas o programas, sobre todo en épocas de tensión económica o social. Las empresas pueden reconocer algunos de los beneficios de emplear a refugiados, pero también tienen balances y accionistas que tener en cuenta.
Entonces, ¿por qué deberían los Estados y las empresas esperar algo más que una cálida sensación de satisfacción por emplear a refugiados?
1. A los consumidores les gusta
Encuestas recientes encargadas por Tent Partnership for Refugees, una alianza empresarial, sugieren que la gente apoya a las empresas que ayudan a los refugiados. Por ejemplo, el 40 % de los encuestados en Estados Unidos afirmó que era más probable que comprara a empresas que contratan refugiados; en Europa (en siete grandes países) la cifra fue del 51 % y aumentó hasta el 74 % en México.
2. Las empresas lo quieren
La Federación de Empleadores de Malasia, junto con otras organizaciones empresariales y empresas que operan en Malasia, instó recientemente al gobierno a permitir que los refugiados y solicitantes de asilo registrados en ACNUR trabajen legalmente. Calcularon que esto podría aumentar el PIB anual en al menos 3000 millones de MYR (676 millones de dólares) y generar 50 millones de MYR (11,3 millones de dólares) en ingresos fiscales cada año.
3. Las comunidades de acogida pueden beneficiarse
El estudio conjunto del Banco Mundial y ACNUR de 2016 mencionado anteriormente analizó el impacto de la economía del campo de refugiados de Kakuma en la región de Turkana, en Kenia, y constató que el producto regional bruto aumentó de forma permanente un 3,4 % como consecuencia de la presencia de refugiados, mientras que el empleo general creció un 2,9 %.
La situación, por supuesto, no fue uniformemente positiva; no todos se beneficiaron por igual y algunos se enfrentaron a dificultades. Pero el informe concluyó que «la presencia de refugiados también incrementa el consumo, los ingresos declarados y la propiedad de activos de la población anfitriona de Turkana», lo que demuestra una clara ganancia general para la comunidad.
4. El trabajo da frutos
Más del 55 % de los refugiados vive en países que restringen su derecho a trabajar. Sin embargo, cuando Colombia concedió estatus legal, incluidos permisos de trabajo, a unos medio millón de venezolanos indocumentados en 2018, sus ingresos aumentaron un 31 % y su consumo un 60 %, con un impacto mínimo en el empleo formal de los colombianos.
5. Crecimiento económico de los refugiados
Un informe conjunto del Banco Mundial y ACNUR de 2024 indica que es probable que los venezolanos desplazados eleven el crecimiento del PIB en los países de América Latina y el Caribe que más refugiados reciben, en promedio entre 0,10-0,25 puntos porcentuales anuales entre 2017 y 2030.
6. Rendimientos dobles
Un estudio de 2016 del economista Philippe Legrain, Refugees Work: A Humanitarian Investment that Yields Economic Dividends, sugiere que los refugiados aportan beneficios económicos significativos a los países de acogida. Citando cálculos del FMI, el estudio señala que el gasto adicional de los Estados de la UE en solicitantes de asilo y refugiados impulsó el PIB de la UE un 0,09 % en 2016 y un 0,13 % en 2017. Al comparar el aumento de la deuda para cubrir los costes de acoger a refugiados con el impulso al PIB entre 2015-20, el estudio sugiere que cada euro invertido en la asistencia a refugiados genera casi dos euros en beneficios económicos en un plazo de cinco años.
7. Pasemos a lo digital
El estudio de Legrain también sugiere que los refugiados trabajan en prácticamente todos los niveles de actividad económica, desde empleos poco cualificados o mal pagados hasta nuevas empresas que generan riqueza (y a veces emplean a personas locales), pasando por puestos altamente cualificados en tecnología e industria. Muchos refugiados poseen competencias digitales o las adquieren rápidamente, lo que les permite el aprendizaje a distancia, la enseñanza en línea de idiomas y las clases de programación. El potencial de que los refugiados accedan a oportunidades de sustento en línea podría configurar el futuro del empleo.
Entonces, ¿cómo liberamos el potencial de los refugiados? ¿Qué se interpone y cómo lo superamos?
Crear las condiciones legales y prácticas para la inclusión económica es fundamental para liberar el potencial de los refugiados. Una vez que los gobiernos lo establezcan, resulta esencial subsanar las carencias de infraestructura. La conectividad, el transporte, la energía y las TI escasean en los países más pobres del mundo, al igual que una fuerza laboral cualificada y formada cuando el acceso a la educación es limitado. Por eso ACNUR fomenta las alianzas de Estados, empresas, ONG, refugiados, organizaciones benéficas, instituciones financieras y otros actores para unir esfuerzos para afrontar estos desafíos impulsando la inclusión económica, la educación, la conectividad, la resiliencia climática y la financiación, entre otras prioridades.
Los refugiados aportan competencias, cualificaciones, determinación y espíritu emprendedor. Si somos capaces de mirar más allá de los retos inmediatos de una crisis de desplazamiento y considerar el potencial de los refugiados para aportar sus capacidades a las empresas y los mercados, la respuesta a la pregunta sobre si son un beneficio o una carga será clara.





