Los niveles sin precedentes de inundaciones han devastado partes de Alemania, lo que pone de manifiesto que el impacto del cambio climático puede golpear en cualquier lugar.
Los líderes urbanos se están dando cuenta de la necesidad de adaptar la planificación y la construcción para que las ciudades sean más resistentes a las inundaciones extremas y al calor.
Los proyectos en Berlín y Londres demuestran que las masas de agua urbanas pueden ser una forma eficaz de crear sumideros de calor y contener las inundaciones
Las inundaciones extremas han devastado vidas, hogares, empresas e infraestructuras en Alemania. El país no es ajeno a las inundaciones, pero estas inundaciones récord han sorprendido incluso a a los científicos climáticos.
Los expertos creen que la intensidad de las inundaciones puede estar relacionada con el cambio climático. Una atmósfera más cálida puede almacenar más agua —alrededor de un 7 % por cada grado adicional—, lo que significa más lluvia. Las semanas de tiempo caluroso habían precedido a las inundaciones.
Más allá de la necesidad de abordar el cambio climático de forma integral y a escala mundial —que dominará los debates de la COP26 de este año en Glasgow—, los expertos afirman que Alemania necesita adaptar sus sistemas de prevención de inundaciones y de alerta temprana.
También debe tener en cuenta la resiliencia al cambio climático en sus políticas de planificación urbana para evitar una abundancia de superficies selladas —procedentes de viviendas o parques empresariales— que dificultan que la lluvia se drene. Las infraestructuras y los edificios también deben ser lo suficientemente resilientes para resistir las inundaciones.
Crear sumideros de calor naturales y más instalaciones de retención de agua de lluvia ayudará a que las ciudades sean más resilientes ante los fenómenos meteorológicos extremos, como demuestra un proyecto en Berlín.
Prevención proactiva de inundaciones
En el centro de la capital alemana, en la Potsdamer Platz —donde solía discurrir la frontera entre el Este y el Oeste— se han creado una serie de depósitos de agua y canales para cumplir objetivos ecológicos y mejorar la vida urbana.
Con una superficie de unas 1,2 hectáreas, estas grandes superficies de agua se alimentan de agua de lluvia y ayudan a reducir las temperaturas ambientales en verano, además de fijar el polvo y humidificar el aire.
El agua de los tejados de los edificios circundantes se recoge y se almacena en cisternas subterráneas. El agua almacenada se utiliza después para volver a llenar los depósitos. También se emplea para el saneamiento —como la descarga de inodoros— y el riego.
Cómo el Foro ayuda a los líderes a aprovechar el poder de las ciudades para un crecimiento resiliente
El Centro para la Transformación Urbana conecta a líderes urbanos, empresas y gobiernos para comprender los retos y las oportunidades que configuran el futuro de las ciudades.
Mediante el aprendizaje entre pares y la colaboración, el Centro permite a las ciudades intercambiar conocimientos y traducir la comprensión compartida en soluciones urbanas prácticas y resilientes.
La capacidad de almacenamiento es suficiente para evitar que grandes volúmenes de agua de lluvia se viertan en el canal Landwehr: ahora solo debe ocurrir una media de tres veces cada 10 años. Las cisternas también tienen capacidad de almacenamiento adicional para absorber más agua en episodios de lluvias extremas.
Una vez llenos los depósitos, el agua continúa a través de un biotopo —una zona de condiciones ambientales uniformes— para su tratamiento y se airea a medida que fluye por los canales.
El proyecto formó parte de la reurbanización del centro de Berlín —que incluyó grandes proyectos de construcción en la Potsdamer Platz, que antes formaba parte de la franja de la muerte de Berlín Este antes de la caída del muro en 1989. Se llevó a cabo a finales de la década de 1990, con el objetivo de reforzar la resiliencia climática de la ciudad frente al calor y las inundaciones, además de crear un entorno urbano agradable.
Hacer que Londres sea más resiliente al cambio climático
Los caprichos del tiempo son un tema cotidiano de conversación en el Reino Unido, donde las inundaciones han sido un problema recurrente a lo largo de los años: más recientemente en el centro de Londres. Al mismo tiempo, el país también ha registrado con regularidad olas de calor, nevadas y sequías.
El alcalde de Londres, Sadiq Kahn, escribió en The Guardian que la ciudad se encuentra ahora en primera línea de la emergencia climática: «Con demasiada frecuencia, en el Reino Unido hemos considerado que países como India y Bangladés están en primera línea de la crisis climática… Las realidades del cambio climático ya no son un problema lejano».
Subrayó las medidas que se están poniendo en marcha para aumentar la resiliencia al cambio climático y abordar los factores subyacentes.
Una iniciativa exitosa, que se remonta al cambio de milenio, fue la creación del London Wetland Centre, un humedal urbano que se extiende a lo largo de 42 hectáreas. Ofrece múltiples beneficios, entre ellos la promoción de la biodiversidad y un refugio para las aves y para los londinenses agotados, con un programa de «prescripción azul» destinado a mejorar la salud mental.
Los humedales pueden almacenar la lluvia y prevenir inundaciones equilibrando los niveles de agua, actuar como amortiguador frente al aumento del nivel del mar y refrescar el entorno hasta 10 °C. También son un sumidero de carbono muy eficaz, ya que absorben grandes cantidades de CO2 para reforzar la resiliencia al cambio climático.
Resiliencia climática «integrada»
El Consejo Global de Futuro sobre Ciudades del Mañana del Foro Económico Mundial pretende identificar cómo pueden rediseñarse las ciudades para reconstruirse mejor tras la COVID-19 y proporcionar la infraestructura climática y de resiliencia, social y digital necesaria para ello.
Los humedales y las masas de agua son solo algunas de las medidas de que disponen los planificadores urbanos para combatir los fenómenos meteorológicos extremos. Otra es los espacios verdes urbanos, ya que numerosas investigaciones demuestran que pueden reducir los efectos de isla de calor urbana para que los habitantes de las ciudades estén más cómodos durante las olas de calor.
Sin embargo, la prioridad sigue siendo abordar la causa principal del calor extremo y las inundaciones, y garantizar que la arquitectura y la infraestructura urbanas no solo sean resilientes al cambio climático, sino que también aspiren activamente a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.




