Convertir la expansión urbana en una ciudad con cero emisiones netas. Lecciones de Melbourne

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  • La forma en que crecen nuestras ciudades puede influir en la crisis climática.

  • Las ciudades dispersas influyen en la salud social y financiera de las comunidades urbanas.

  • Estos son seis aspectos que deben tenerse en cuenta para la transición a una ciudad con cero emisiones netas.

Es comprensible que, en la COP26, los líderes se centraran en cuestiones nacionales dentro de un contexto global. Pero el crecimiento de las ciudades trasciende las fronteras nacionales. En particular, las ciudades dispersas del hemisferio sur agravan la crisis climática y amenazan la salud social y financiera de las comunidades urbanas. Para el 2050, el 70% de la población mundial vivirá en ciudades. No se las puede pasar por alto.

Para que la urbanización sea un paso positivo hacia el desarrollo de una ciudad con cero emisiones netas, el proceso debe planificarse y concebirse cuidadosamente, en lugar de ser resultado de la especulación y de asentamientos informales.

Una urbanización positiva

Para que la urbanización aporte beneficios sociales, ambientales y financieros, son cruciales los seis factores siguientes:

  • Asentamientos urbanos densos

Los asentamientos urbanos deben construirse con una densidad que genere una masa crítica capaz de sostener los servicios esenciales de una comunidad, como el transporte público y los servicios sociales y comerciales. Sin densidad, simplemente creamos zonas residenciales dormitorio que requieren soluciones de transporte basadas en el automóvil y carecen de los servicios esenciales que hacen funcionar los lugares. Esto provoca aislamiento social y elevados costes personales y de vida.

  • Barrios de usos mixtos

El segundo requisito esencial es que estas zonas tengan usos mixtos, para que la comunidad local pueda acceder a todo lo que necesita en su vida cotidiana a 20 minutos a pie. Los usos mixtos no solo son esenciales para facilitar el acceso, sino que también garantizan que las costosas infraestructuras necesarias para el éxito de las zonas urbanas se aprovechen al máximo, al eliminar los picos y valles propios de los barrios de un solo uso. El teletrabajo durante la COVID ha demostrado que los usos mixtos son esenciales para que nuestras zonas locales sean más accesibles y habitables. También pueden contribuir a reducir la congestión y el tiempo dedicado a largos desplazamientos al trabajo.

  • Conectados mediante el transporte público

Las comunidades deben estar bien conectadas para facilitar el acceso tanto a nivel local como dentro de las áreas metropolitanas. Esto permitirá un mejor equilibrio entre todos los medios de transporte y ayudará a dejar atrás una sociedad dependiente del automóvil. Las calles, que representan el 80% del espacio público de las ciudades, pueden orientarse más a las personas, como ocurre en las ciudades compactas del hemisferio norte, donde la vida en las calles es más saludable y dinámica.

  • Espacio público accesible

Con la densidad, los usos mixtos y una buena conexión entre las personas, mejora el espacio público. Las calles con cafeterías y comercios en las aceras, vías arboladas y aceras más anchas serán lugares para quedarse, en lugar de espacios por los que simplemente se pasa con prisa. Las calles son el escenario de nuestras experiencias democráticas y sociales. Deben ser espacios inclusivos, seguros y animados, donde podamos encontrarnos, comerciar o simplemente observar la vida cotidiana.

  • Soluciones locales

Es importante que, al construir estos lugares, lo hagamos en armonía con su entorno. Deben reflejar el clima y la estética locales que surgen de una respuesta de bajo consumo energético para construir un carácter local. Las soluciones genéricas que dependen del transporte de mercancías, el aire acondicionado y una apariencia uniforme se oponen a las ambiciones de cero emisiones netas. Las generaciones y comunidades anteriores comprendían intuitivamente los problemas y construían soluciones sencillas; debemos aprender de sus lecciones al diseñar los edificios del futuro.

  • Priorizar la adaptabilidad

Por último, debemos reconocer que ya vivimos en ciudades mal adaptadas a una vida con cero emisiones netas y que necesitamos recurrir a la adaptabilidad para lograr las características esenciales enumeradas anteriormente. La adaptación gradual ha permitido que Melbourne convierta edificios de oficinas obsoletos en apartamentos residenciales, transforme el asfalto en espacios abiertos y amplíe las aceras, convirtiendo la isla de calor urbana en un bosque urbano.

Estas seis medidas clave pueden transformar radicalmente nuestras ciudades a bajo coste y mejorar los resultados sociales y económicos.

Aplicar cambios para lograr una ciudad con cero emisiones netas

Los gobiernos estatales y locales, así como los urbanistas, pueden aplicar estos y otros elementos. A menudo se considera que transformar las ciudades es un proceso lento y costoso, sin resultados rápidos, por lo que los políticos y sus asesores tienden a evitarlo.

Las ciudades dispersas del hemisferio sur se parecen en muchos aspectos, aunque puedan existir dentro de marcos económicos y sociales diferentes. Muchas se planificaron como ciudades coloniales: con una trama en cuadrícula y un núcleo central sólido, rodeado de suburbios dispersos, cada uno atendido por un centro de actividad local con comercios y servicios locales.

Lecciones de Melbourne

Image: Ciudad de Melbourne

En el caso de Melbourne, una ciudad de 5 millones de habitantes, la investigación ha demostrado que el aumento al doble de la población podría alojarse en solo el 7.5% del suelo metropolitano existente y en edificios de zonas cuya altura no supere los 5-8 plantas. Ese 7.5% del suelo se encuentra a lo largo de corredores de transporte, en torno a estaciones de tren, en centros de actividad y en terrenos baldíos urbanizados.

El ahorro de costes derivado de un mayor aprovechamiento de las infraestructuras existentes infrautilizadas sería de AU $1.1 mil millones por cada 1 millón de personas añadidas al área metropolitana.

Ya no habría necesidad de ocupar tierras agrícolas fértiles en la periferia de la ciudad ni de ubicar comunidades en zonas con servicios limitados y alejadas del empleo, lo que obliga a las familias a tener varios coches para acceder a los servicios que necesitan. Estas zonas someten a un número cada vez mayor de familias a una situación de estrés social y financiero debido a las elevadas hipotecas y al precio de la gasolina, según una investigación de Griffiths University.

Image: Ciudad de Melbourne

En cambio, durante los últimos 35 años, el centro de Melbourne, bien conectado, se ha centrado en aumentar su densidad, lograr un mejor equilibrio de usos y adaptar el espacio público, convirtiendo 80 hectáreas de asfalto en aceras más anchas. Esto ha dado lugar a espacios abiertos y árboles a lo largo de las calles. Promueve los desplazamientos a pie, en bicicleta y en transporte público.

Melbourne se ha convertido en una de las ciudades más habitables del mundo, y los alquileres actuales en el centro urbano se encuentran entre los más bajos del país. Esto, junto con la reducción de los tiempos de desplazamiento y la posibilidad de prescindir del coche, hace que el centro de la ciudad sea uno de los centros urbanos más asequibles de Australia.

Una transición esencial para las ciudades con cero emisiones netas

El paso de ciudades dispersas a ciudades compactas depende del liderazgo nacional. No es difícil, sino más bien esencial, si queremos que nuestras ciudades sean sostenibles, socialmente cohesionadas y económicamente prósperas.

La tarea, como se ha ilustrado anteriormente, no requiere cambios en toda el área metropolitana, sino en aproximadamente el 7.5% de nuestras ciudades: las zonas próximas a los corredores de transporte público y alrededor de los centros de actividad existentes.

En el 92.5% restante se llevarían a cabo cambios graduales, como la instalación de energía solar en los tejados, baterías locales, sistemas de captación de agua y bosques urbanos. Melbourne ya está haciendo todo esto.

Estas medidas, junto con el aumento del uso de la bicicleta y los desplazamientos a pie, así como los nuevos tranvías sin vías desarrollados en China, están reduciendo el coste de las infraestructuras sostenibles y haciéndolas más accesibles y resilientes. Nuestros suburbios podrían convertirse en corredores verdes ampliados, conservando muchas de las características esenciales por las que se valoran.

El centro de Melbourne ha mostrado el camino y lleva los últimos 30 años realizando esta transición. Si los próximos 30 años se dedicaran a transformar nuestra área metropolitana y otras ciudades siguieran su ejemplo, el camino hacia las cero emisiones netas sería más alcanzable. Como efecto secundario, nuestras ciudades serían más habitables.

Junto a los compromisos asumidos por los líderes en la COP26 para salvar nuestros bosques, los líderes deben comprometerse a ayudar y capacitar a las ciudades para que crezcan de acuerdo con los elementos conocidos de las ciudades con cero emisiones netas y habitables.

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