China tomó medidas medioambientales al mejorar la calidad del aire de Pekín antes de los Juegos Olímpicos de Verano de 2008.
El compromiso del presidente Xi Jinping de que China alcanzará la neutralidad de carbono para 2060 requiere cooperación mundial.
Los estudios destacan que recuperar la confianza será fundamental para alcanzar los objetivos climáticos mundiales.
Desde la ventana de mi oficina en la planta 18 de un edificio de Pekín, puedo ver montañas lejanas a tres lados, que destacan sobre un cielo azul despejado. El contraste es sorprendente frente a la ciudad envuelta en esmog que visité por primera vez en los años previos a los Juegos Olímpicos de Verano de 2008. Mientras atletas, aficionados al deporte y comentaristas políticos se preparan para los Juegos Olímpicos de Invierno de 2022 en Pekín, en medio de tensiones geopolíticas y riesgos climáticos, ¿qué lecciones se han aprendido de este esfuerzo de dos décadas por despejar los cielos de Pekín?
Los esfuerzos por mejorar la calidad del aire dieron lugar a cielos despejados conocidos como «el azul de Pekín», que se convirtieron en la nueva normalidad después de que interviniera el Gobierno chino. Según el Comité Olímpico Internacional, para cumplir los compromisos asumidos en la candidatura de 2000, China invirtió 21.000 millones de dólares en mejoras de la calidad del aire, entre ellas la modernización de 60.000 calderas de carbón y la conversión de más de 4.000 autobuses públicos para que funcionaran con gas natural.
Los logros concretos, y no solo la retórica, permitieron a China obtener reconocimiento internacional y crear «un legado medioambiental duradero», según un informe del PNUMA. Cualquiera que haya respirado el aire de Pekín durante la última década puede dar fe de que el camino hacia los cielos azules no ha sido lineal, pero los compromisos de China ponen de relieve avances mensurables.
Actuar frente al cambio climático
La lucha contra la contaminación atmosférica es un ejemplo que anticipa la capacidad de China para actuar frente al cambio climático y recuperar la confianza mundial con miras a un futuro más inclusivo, resiliente y sostenible. Los ambiciosos compromisos del presidente Xi Jinping de que China alcanzará el máximo de emisiones antes de 2030 y la neutralidad de carbono para 2060 han motivado a las industrias a actuar y han impulsado a otros países a redoblar sus esfuerzos climáticos.
Las cifras muestran que la intensidad de carbono de China en 2020 fue un 48,4 % inferior a la de 2005, con lo que cumplió su compromiso con la comunidad internacional de reducir entre un 40 % y un 45 % la intensidad de carbono respecto al nivel de 2005 para 2020. El marco de políticas «1+N»está dedicado a poner en marcha políticas aplicables en respuesta al compromiso inicial del presidente Xi.

Esta tarea hercúlea cobró impulso con la Declaración Conjunta de Glasgow entre China y Estados Unidos para reforzar la acción climática en la década de 2020durante la COP26, a finales de 2021. Los dos países también alcanzaron un consenso sobre la financiación climática y las contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC) en el marco del Acuerdo de París. Como concluyó el presidente del Foro Económico Mundial, Borge Brende, la cooperación futura entre China y Estados Unidos es crucial: «la única manera de [seguir] adelante es comprender que estamos en el mismo barco y tenemos que colaborar».
Recuperar la confianza en los esfuerzos mundiales para combatir el cambio climático
Sin embargo, el panorama no es del todo halagüeño. El Índice de Economía Cero Neto 2021 de PwC muestra que actualmente reducimos la intensidad de carbono de nuestras actividades a menos de una quinta parte del ritmo necesario: un 12,9 % al año. Junto con otros estudios, el informe concluye que una transición de tal magnitud no puede lograrse sin una transformación sistemática y compleja de toda la economía mundial. Pero la disminución de la confianza pública reduce aún más las perspectivas. Un estudio mundial sobre el climadel Foro, que abarca 28 países, revela que solo alrededor de una cuarta parte de las personas encuestadas confía en las afirmaciones de sostenibilidad de las empresas y que la mayoría considera firmemente que los esfuerzos actuales de protección medioambiental son insuficientes.
¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial frente al cambio climático?
Para recuperar la confianza, el Foro se ha comprometido a ayudar a todas las partes interesadas a encontrar un lenguaje común sobre los objetivos y las medidas de sostenibilidad. En 2020, en colaboración con otras instituciones destacadas del sector, el Foro elaboró conjuntamente un conjunto integral de métricaspara subsanar la falta de normas coherentes de presentación de informes ambientales, sociales y de gobernanza (ESG). Un informe de seguimiento sobre el panorama ESG entre las empresas chinas, concluía que un lenguaje mundial de sostenibilidad mensurable resulta especialmente pertinente para las partes interesadas chinas, pues se ajusta a las prioridades mundiales de inversión verde y ayuda a las empresas chinas en su camino hacia el cumplimiento de los objetivos medioambientales nacionales; su relevancia y aceptación son cada vez mayores.
Mientras tanto, los Principios de Inversión Verde para la Franja y la Rutademuestran el compromiso de las partes interesadas chinas de mantener la acción climática más allá de sus fronteras, apoyando a los países en desarrollo y emergentes para que aprovechen la financiación y la tecnología verdes y amplíen la infraestructura con bajas emisiones de carbono.
China no solo da prioridad al clima, sino también a otras preocupaciones medioambientales mundiales, como la biodiversidad. En los últimos dos años, el Foro comenzó a publicar el Informe sobre la Nueva Economía de la Naturaleza, que utiliza datos para identificar vías para que empresas y gobiernos se sumen a la transición hacia una economía que contribuya positivamente a la naturaleza. La tercera parte de este informe, publicada hoy, hace hincapié en la dependencia de la economía china respecto de la naturaleza y en la posibilidad de crear más de 80 millones de empleos basados en la naturaleza para 2030.

Al repasar los acontecimientos de los últimos dos años, queda claro para el mundo que la colaboración y la confianza no son solo importantes: son esenciales para que los seres humanos sobrevivan y prosperen. Los líderes mundiales tendrán la oportunidad de renovar la confianza del mundo en sus compromisos para mejorar el estado del mundo durante la semana de la Agenda de Davos, que se celebrará de forma virtual.
Afuera, el cielo despejado transmite una sensación de eternidad, pero no debemos olvidar que no se logró sin esfuerzo ni por obra de una sola persona. Para garantizar que las generaciones futuras puedan seguir disfrutando de los dones de la naturaleza, debemos asumir nuestra responsabilidad: trabajar juntos y recuperar la confianza.

