• El ex Primer Ministro del Reino Unido Tony Blair sostiene que el fortalecimiento de los sistemas agrícolas de África hará que el continente sea más autosuficiente y resistente.
  • También podría impulsar la salud, la prosperidad y la seguridad mundiales.
  • Blair sostiene que la comunidad internacional tiene razones tanto morales como de interés propio para apoyar este proceso.

En los próximos 30 años, la población del África subsahariana se duplicará a más de 2.000 millones de habitantes, y sus economías se industrializarán. El desarrollo de África, por lo tanto, será crítico para la estabilidad, prosperidad y salud del mundo en el futuro. Teniendo esto en cuenta, el continente debería estar recibiendo mucha más atención internacional.

La crisis del COVID-19 ha resaltado una cantidad de vulnerabilidades globales, entre ellas la naturaleza descoordinada de la respuesta mundial a la pandemia, la incapacidad de apoyar a los países más pobres y a sus poblaciones para hacer frente a las consecuencias económicas y, por supuesto, la fragilidad de la infraestructura de atención médica existente. Los líderes ahora deben ocuparse de manera urgente de estas deficiencias, junto con otros desafíos globales importantes, que van del cambio climático y la creciente desigualdad a la disrupción tecnológica y el terrorismo global.

Asimismo, la agricultura y los sistemas alimentarios frágiles, particularmente en África y otras regiones de bajos ingresos, han exacerbado el impacto de la pandemia. A menos que se las aborde, las deficiencias de estos sistemas podrían profundizar cualquier crisis en las próximas décadas.

El argumento para implementar reformas fundamentales, en parte, es moral. El Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas advierte que la cantidad de gente que sufre una hambruna aguda en países de bajos y medianos ingresos –inclusive en África- podría casi duplicarse este año y llegar a 265 millones de personas, como resultado de la pandemia. Fortalecer los sistemas agrícolas de África es vital para que el continente sea más autosuficiente y resiliente a futuras crisis. De lo contrario, las economías seguirán estancadas, lo que limitará los ingresos tributarios y hará que los sistemas de asistencia no puedan sustentar a la gente en una crisis como la del COVID-19.

Pero también es por el propio interés progresista de todos los países –incluidos los miembros del G20 y de la OCDE- garantizar el buen funcionamiento de los sistemas agrícolas y alimenticios en África y otras regiones pobres. Esto es porque la alimentación y la agricultura son centrales para que los sistemas sanitarios, económicos y de seguridad del mundo estén preparados para los siglos XXI y XXII.

Por empezar, es esencial que existan sectores alimentarios y agrícolas vibrantes para prevenir la desnutrición –una de las principales causas de enfermedades a nivel global- y es importante fortalecerlos para que también puedan hacer frente a las pandemias. Las medidas de confinamiento y distanciamiento social del COVID-19 fracasaron en los países menos desarrollados con grandes economías informales, principalmente por los temores de que estas regulaciones afectaran seriamente la capacidad de la gente de ganar lo suficiente para alimentar a sus familias.

La agricultura también es crucial para cualquier transformación económica exitosa. No puede haber estabilidad económica global, economía verde o erradicación de la pobreza masiva si los países africanos y otros países en desarrollo no se industrializan. Y como han demostrado Estados Unidos, Europa y Asia, la industrialización primero exige una revolución agrícola, que África todavía no ha experimentado.

Impulsar la seguridad global también conlleva una transformación de la agricultura y el sistema alimentario. El terrorismo se alimenta de la marginación de las poblaciones rurales en regiones como el Sahel, donde la gente puede ganar más dinero a través de una actividad ilícita que por los carriles de la economía legal y los servicios públicos.

Finalmente, transformar la agricultura –particularmente en África- es una precondición para alimentar de manera sustentable a una población global que podría aumentar a casi 11.000 millones de personas a fines de este siglo.

Muchos líderes africanos se están dedicando a reformar la agricultura –y están haciendo progresos-. El desarrollo del arroz y otros subsectores por parte de Senegal, el programa de Ghana Plantar para Obtener Alimentos y Empleos y el trabajo de la Agencia de Transformación Agrícola de Etiopía son excelentes ejemplos de un fuerte liderazgo gubernamental en este campo.

Considerando el foco acertado de los gobiernos, los responsables de las políticas pueden identificar sectores agrícolas que, con la implementación de tecnología y nuevas prácticas, pueden atraer inversiones, impulsando a la vez el empleo, el crecimiento económico y las recaudaciones impositivas –iniciando así un ciclo virtuoso de desarrollo-. La inversión y la reforma –financiadas tanto doméstica como externamente- pueden acelerar el cambio.

Por ejemplo, Ghana y Costa de Marfil tienen que poder procesar ellos mismos su cacao en chocolate, mientras que Nigeria necesita mecanizar su agricultura y transformar su sector ganadero. Mozambique debe desarrollar sus diversos corredores agrícolas y Kenia tiene un inmenso potencial para convertirse en un polo de procesamiento de alimentos global.

Una serie de acontecimientos globales inminentes le ofrecen al mundo excelentes oportunidades para avanzar en esta agenda –empezando por el Foro sobre la Revolución Verde en África, que ha tenido lugar esta semana y que ha sido organizado por el gobierno de Ruanda-. Este encuentro es crucial a la hora de resaltar lo necesario que es para África –con el apoyo de la comunidad internacional- incrementar sus esfuerzos para transformar su agricultura y sus sistemas alimentarios de manera que le permitan al mundo alcanzar las metas establecidas por los Objetivos de Desarrollo Sustentable 2030. El foro de este año se centra en cómo alimentar a las ciudades y centros urbanos de rápido crecimiento de África –potencialmente la mayor fuente de crecimiento futuro de la economía global.

He participado en el foro por tercer año consecutivo, aunque por primera vez de manera remota. Junto con mis equipos nos hemos concentrado en cómo aumentar la inversión en la agricultura y el agro-procesamiento de África para transformar al sector, aumentar su resiliencia a las crisis como las pandemias y el cambio climático e impulsar la pujante industrialización y revolución tecnológica del continente. Luego viene la Asamblea General de las Naciones Unidas más avanzado este mes, la cumbre del G20 en noviembre y la Cumbre de Sistemas Alimentarios de las Naciones Unidas el año próximo.

La pandemia del COVID-19 es un claro recordatorio de que la incapacidad de los sistemas agrícolas de muchos de los países más pobres de satisfacer las necesidades más básicas de sus poblaciones tendrá enormes consecuencias geopolíticas si no se la resuelve de manera urgente. Afortunadamente, las inminentes reuniones globales le permitirán al mundo debatir sobre cuáles son los mejores pasos a dar en adelante para que los gobiernos puedan tomar decisiones rápidas y efectivas. A todos nos conviene aprovechar la oportunidad.