• Las leyes gubernamentales sobre el distanciamiento social y los cierres son eficaces para detener la propagación de COVID-19.
  • Sin embargo, la forma más efectiva de eliminar el coronavirus es a través de una vacuna distribuida globalmente.
  • El Servicio de Acceso Mundial a la Vacuna COVID-19 (COVAX) se ha creado para fabricar y distribuir equitativamente al menos 2.000 millones de dosis de una vacuna para finales de 2021.

Cada día la pandemia de la COVID-19 cuesta al mundo miles de vidas y miles de millones de dólares. La forma más eficiente de terminar con esta crisis —tal vez ya en el próximo año— es fabricando una vacuna segura y eficaz en grandes cantidades y distribuyéndola en todo el mundo. Para evitar demoras innecesarias los gobiernos deben aprovechar este momento, mientras los investigadores desarrollan la fórmula correcta, para preparar el terreno para su rápida producción y distribución amplia y equitativa.

En este principio se basa el Fondo de Acceso Global para Vacunas COVID-19 (COVAX). Fue creado por Gavi, la Alianza Mundial para Vacunas e Inmunización, la Organización Mundial de la Salud y la Coalición para las Innovaciones de Preparación para Epidemias. Es una plataforma innovadora que busca distribuir al menos 2000 millones de dosis de la vacuna contra la COVID-19 para fines de 2021.

¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial en relación con el brote de coronavirus?

Una nueva cepa de coronavirus, COVID-19, se está extendiendo por todo el mundo y está causando muertes y graves problemas en la economía mundial.

Para responder a esta crisis se requiere una colaboración global entre gobiernos, organizaciones internacionales y empresas, que ocupa un lugar central en la misión del Foro Económico Mundial como organización internacional para la cooperación público-privada.

El Foro Económico Mundial, en colaboración con la Organización Mundial de la Salud (OMS), ha creado la Plataforma de Acción contra el COVID. Esta plataforma tiene por objeto catalizar el apoyo del sector privado a la respuesta sanitaria pública mundial al COVID-19, y hacerlo con la magnitud y rapidez necesarias para proteger la vida de los ciudadanos y sus medios de vida, con el fin de encontrar maneras de contribuir a poner fin a esta emergencia mundial lo antes posible.

El Foro, como organización, ya ha apoyado anteriormente iniciativas para la contención de epidemias. En 2017, durante nuestra Reunión Anual, se puso en marcha la Coalición para la Innovación en Preparación para Epidemias (CEPI, por sus siglas en inglés), que reúne a expertos del ámbito gubernamental, empresarial, sanitario y académico así como de la sociedad civil, con el fin de acelerar el desarrollo de vacunas. Actualmente, la CEPI está colaborando en la carrera por obtener una vacuna contra esta cepa de coronavirus.

Esa cantidad de dosis —que se dividirán equitativamente entre los países participantes, independientemente de su capacidad de pago— cubrirá aproximadamente al 20 % de su población. Sería entonces suficiente como para proteger a las personas vulnerables y de alto riesgo, y a los trabajadores de la salud en el frente de batalla en todo el mundo. (También se almacenarían dosis adicionales para poder controlar cualquier brote antes de que se salga de control).

Actualmente hay más de 160 vacunas candidatas en desarrollo, en fase preclínica o clínica. No hay forma de saber cuál aprobará los ensayos clínicos y será autorizada para su comercialización (la tasa de fracasos de las vacunas en las etapas iniciales de desarrollo es elevada), pero podemos garantizar que, cuando alguna lo consiga, exista un marco eficaz para su producción y distribución. A tal fin, los gobiernos deben invertir en el COVAX lo antes posible.

El problema es que los gobiernos pueden sentirse inclinados a para negociar directamente con los fabricantes de vacunas y solicitar la dosis que necesitan en vez de cooperar. Es cierto, es la obligación del gobierno proteger a sus ciudadanos por encima de todo, pero este enfoque nacional conlleva graves riesgos. El primero es la posibilidad de que un gobierno respalde las vacunas equivocadas.

Incluso si un gobierno logra obtener suficientes dosis de una vacuna eficaz para su propia población, parte de su gente —como los inmunodeprimidos, que tal vez no puedan ser vacunados— quedarán expuestos si otros países no logran obtener suficientes vacunas. Y esto sin considerar el imperativo moral de garantizar que no quede gente sin recibir medicamentos que podrían salvarles la vida.

Durante la epidemia de la fiebre porcina en 2009, unos pocos países acapararon el mercado y dejaron a la gran mayoría de la población mundial sin vacunas hasta que el brote hubo terminado. Se debe hacer todo lo posible para evitar este escenario durante la crisis actual, especialmente porque la COVID-19 tiene una tasa de contagio y mortalidad mucho mayor.

Si colaboran con las agencias mundiales de salud a través del COVAX, los gobiernos pueden asegurar que todos tengan acceso equitativo a las vacunas contra la COVID-19. Para los países que han firmado acuerdos bilaterales con los fabricantes, el COVAX es una póliza de seguro en caso de que hayan apostado a los candidatos incorrectos. Para los países que no han firmado acuerdos —por lejos, la mayor parte del mundo— el COVAX es la única forma de evitar que los dejen al final de la fila.

El COVAX garantiza que los beneficios y los riesgos del desarrollo de la vacuna se distribuyan de manera amplia. Con la mayor cartera de vacunas candidatas en el mundo, ofrece a los gobiernos participantes la mayor probabilidad de recibir una vacuna segura y eficaz en cuanto esté disponible... y asegura que ese momento llegue mucho antes.

Si las empresas farmacéuticas cargan con todos los riesgos financieros solo invertirán en ampliar la producción una vez que su vacuna haya completado los ensayos clínicos y sido aprobada. Este enfoque puede tener sentido desde la perspectiva comercial, pero no en el contexto de una pandemia global extremadamente dinámica.

El COVAX emplea un enfoque radicalmente distinto. Además de usar financiamiento para impulsar —inversión directa en investigación, desarrollo y producción— utiliza financiamiento para atraer: compromisos de compra anticipados de gran cantidad de dosis para cuando se autorice la comercialización. Esto proporciona poderosos incentivos al sector privado para apoyar el urgente desarrollo de las vacunas.

Por otra parte, el COVAX combina los recursos gubernamentales para financiar la producción a gran escala de las candidatas más promisorias, incluso antes de la finalización de los ensayos clínicos. De esa manera, cuando se logre la aprobación habrá grandes cantidades de dosis de la vacuna listas para su uso. La OMS ya está trabajando con diversos interesados, que incluyen a estados miembros y organizaciones de la sociedad civil, para desarrollar e implementar un mecanismo de asignación equitativa y justa de las dosis de la vacuna cuando esté disponible.

El COVAX solo apoya a las vacunas candidatas que hayan sido desarrollados según los estándares de seguridad más elevados. Como trabaja con expertos de todo el mundo para desarrollar perfiles de los productos buscados, compartir los modelos de prueba con mejores prácticas, facilitar los ensayos clínicos multipaíses y promover la armonización regulatoria, el COVAX establecerá una referencia para el desarrollo y la distribución rápidos, seguros y eficaces de la vacuna.

No podemos darnos el lujo de dejar a nuestras economías mucho tiempo más en la situación actual. Mientras el PIB mundial se reduce —el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial pronostican una contracción del 5 % para 2020— la pobreza y el hambre aumentan bruscamente. La economía mundial está perdiendo más de 10 mil millones de dólares cada día, acortar la pandemia incluso unos pocos días más que compensaría los costos del COVAX. La colaboración mundial —gracias a la cual se comparten de manera igualitaria los riesgos y los beneficios— nunca tuvo una propuesta de valor más ventajosa.