Hoy se cumplen dos meses desde que Pedro Sánchez anunció el estado de alarma y el aislamiento social. Ocho semanas y diez mil videollamadas más tarde, muchos ya no pueden más. Las preocupaciones por el panorama económico y las dudas respecto al futuro laboral dificultan nuestra capacidad de concentración hasta el punto de que ni siquiera somos capaces de mantener la atención en la lectura. Si no la interrumpimos para mirar Instagram, lo hacemos para leer las últimas noticias.

¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial en relación con el brote de coronavirus?

Una nueva cepa de coronavirus, COVID-19, se está extendiendo por todo el mundo y está causando muertes y graves problemas en la economía mundial.

Para responder a esta crisis se requiere una colaboración global entre gobiernos, organizaciones internacionales y empresas, que ocupa un lugar central en la misión del Foro Económico Mundial como organización internacional para la cooperación público-privada.

El Foro Económico Mundial, en colaboración con la Organización Mundial de la Salud (OMS), ha creado la Plataforma de Acción contra el COVID. Esta plataforma tiene por objeto catalizar el apoyo del sector privado a la respuesta sanitaria pública mundial al COVID-19, y hacerlo con la magnitud y rapidez necesarias para proteger la vida de los ciudadanos y sus medios de vida, con el fin de encontrar maneras de contribuir a poner fin a esta emergencia mundial lo antes posible.

El Foro, como organización, ya ha apoyado anteriormente iniciativas para la contención de epidemias. En 2017, durante nuestra Reunión Anual, se puso en marcha la Coalición para la Innovación en Preparación para Epidemias (CEPI, por sus siglas en inglés), que reúne a expertos del ámbito gubernamental, empresarial, sanitario y académico así como de la sociedad civil, con el fin de acelerar el desarrollo de vacunas. Actualmente, la CEPI está colaborando en la carrera por obtener una vacuna contra esta cepa de coronavirus.

Dispersos

Así es como estamos a la hora de enfrentarnos a una tarea como la lectura. El grado de concentración que requiere choca frontalmente con la pérdida de atención que arrastramos desde hace semanas. Según el psicólogo Ovidio Peñalver esto se debe a que nuestro foco de atención ha cambiado y estamos más pendientes de las noticias y las fases del desconfinamiento que de la tarea que tenemos entre manos. El cerebro se encuentra dividido entre la lectura y todo lo que está sucediendo alrededor.

¿Por qué?

Las emociones desempeñan un papel importante a la hora de incrementar nuestro grado de distracción porque influyen directamente en procesos cognitivos como la memoria o el aprendizaje. En esta línea, un estudio elaborado por investigadores de la Universidad de Malasia lustra que estados emocionales como la frustración, la ansiedad y el aburrimiento dificultan la capacidad de mantener la atención en una sola cosa.

Las preocupaciones que quedan latentes en un segundo plano provocan que la mente rebote de unos pensamiento a otros.

Efecto residuo de atención

Este fenómeno hace referencia a la pérdida de atención que se produce cuando no mantenemos la concentración sobre un mismo asunto. Según los hallazgos encontrados en la investigación que dio nombre a este proceso, cada vez que cambiamos el foco de atención de un objetivo a otro, queda un residuo del primer objetivo que reduce el rendimiento cognitivo necesario para hacer frente al segundo.

Por ejemplo, si pausamos un momento la lectura para revisar el timeline de Twitter, tardaremos entre 15 y 30 minutos en volver al nivel de concentración anterior.

¿Tiene remedio?

Crear rutinas ajenas al coronavirus y que nos mantengan activos puede ayudar a paliar la frustración y el aburrimiento. En términos generales, esto reducirá los niveles de ansiedad y, por ende, ayudará a mejorar la concentración. Para mantener la atención, lo más recomendable es evitar estímulos que puedan interrumpir la actividad en la que estamos inmersos. De tal forma que si vamos a leer, mejor dejar el móvil en otra habitación y en silencio.

Otros profesionales también avalan actividades manipulativas como coser, pintar o cocinar.

Excepción

Aunque la ansiedad y la fatiga derivada del aislamiento social y el confinamiento comienzan a hacer mella en buena parte de la población mundial, hay quienes lo llevan mejor que otros. Este es precisamente el caso de los franceses. Un encuesta realizada a principios de este mes revela que cinco millones de franceses han comenzado a escribir un libro durante el confinamiento. Es decir, una de cada diez personas han encontrado la concentración para hacerlo de manera más o menos productiva.