• Se han puesto a disposición de las personas servicios de asesoramiento a través de aplicaciones en respuesta a COVID-19.
  • Los estudios han revelado una falta de rigor científico en la salud mental digital.
  • La investigación tiene como objetivo proporcionar datos reales sobre la efectividad de las aplicaciones de salud mental.

¿Te sientes deprimido o ansioso? Hay una aplicación para abordarlo. A nivel mundial, hay más de 400 millones de descargas anuales de aplicaciones móviles de salud, lo que sugiere que los consumidores buscan con entusiasmo tecnología para administrar su salud.

Solo en los últimos meses, encuestas de salud mental, consejos y servicios de asesoramiento han estado disponibles a través de sitios de redes sociales y aplicaciones en respuesta al brote de COVID-19. Para los profesionales de la salud mental, la oportunidad de proporcionar ayuda en este momento de crisis —sin una consulta en persona— es muy deseable.

La salud mental es uno de los sectores de más rápido crecimiento en el mercado mundial de la salud digital con más de 10 000 aplicaciones que afirman mejorar el estado de ánimo, ayudar a dormir e incluso ayudar a superar una adicción.

A principios de este año, los investigadores notificaron los resultados de una encuesta de salud mental que ayudó a medir la prevalencia de angustia psicológica entre los ciudadanos chinos durante la pandemia de COVID-19, datos que podrían ayudar a dar forma a intervenciones focalizadas. Mirando al futuro, no hay duda de que las aplicaciones móviles podrían desempeñar un papel importante en el seguimiento y tratamiento de enfermedades mentales. ¿Pero estas aplicaciones funcionan de verdad? ¿Probarlas perjudica de algún modo?

Si tu aplicación de juegos favorita falla, puedes quejarte una y otra vez, pero sigues con tu vida. Si tu aplicación de edición de fotos falla, puedes empezar de nuevo desde cero. Pero, ¿qué sucede cuando una aplicación de chat de depresión no puede brindar la orientación adecuada? Las consecuencias pueden ser graves. Perdida en la apresurada carrera por desarrollar y comercializar herramientas de salud mental se encuentra la necesidad de garantizar que estas soluciones tecnológicas sean seguras y efectivas y se basen en evidencias.

Actualmente nadie sabe realmente cuántas personas han sido engañadas o han sufrido un grave efecto negativo debido a una aplicación de salud mental, pero los estudios han revelado un grave problema de eficacia con muchos de estos productos. Un estudio de 73 aplicaciones de salud mental, dirigido a una variedad de resultados de salud mental, constató que, si bien muchos afirmaron ser efectivos y haber utilizado la ciencia para vender las aplicaciones, solo dos aplicaciones proporcionaron evidencia de investigaciones que examinaron la aplicación en cuestión.

Otra evaluación de aplicaciones dirigidas a personas con riesgo de depresión y suicidio concluyó que «las aplicaciones de salud mental descargadas más de 2 millones de veces proporcionaron números de teléfono de línea de ayuda para crisis de suicidio inexistentes o incorrectos. Esto demuestra un fracaso de la industria de las aplicaciones de salud en el autogobierno y la garantía de calidad y seguridad».

Cuando se trata de soluciones de salud mental recetadas por médicos, se requieren pruebas rigurosas para garantizar que las personas no reciban medicamentos u otras terapias que causen más perjuicios que puntos positivos. Por ejemplo, la terapia cognitivo-conductual atravesó un amplio proceso de normalización y numerosos ensayos clínicos antes de considerarse una intervención basada en evidencia.

En los Estados Unidos, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) ha implantado procedimientos similares para evaluar algunas aplicaciones de salud mental y bienestar. Cualquier aplicación destinada a diagnosticar, prevenir o tratar una enfermedad mental debe someterse a estudios de eficacia y seguridad para obtener la autorización previa a la comercialización de la FDA.

Sin embargo, la mayoría de aplicaciones de bienestar/salud mental se encuentran en una zona gris; no hacen declaraciones médicas abiertas y, por tanto, pueden evitar la necesidad de realizar estudios de eficacia o controles por parte de la FDA. Circunstancias extremas, como una pandemia, también pueden proporcionar a las agencias reguladoras un margen de maniobra para impulsar las terapias y las tecnologías con mayor rapidez de la habitual.

Si bien la falta de una evaluación rigurosa puede ser desalentadora, la buena noticia es que la situación está cambiando. Hay un número cada vez mayor de estudios que tienen como objetivo proporcionar datos reales sobre la efectividad de las aplicaciones de salud mental.

Por ejemplo, un análisis reciente de 18 ensayos controlados aleatorios de aplicaciones móviles para personas con depresión demostró que el uso de aplicaciones estaba asociado a una disminución de los síntomas de los usuarios, y los mayores beneficios se habían observado entre los usuarios que tenían formas más leves de depresión.

Una importante iniciativa liderada por 23 organizaciones asociadas en Europa y los EE. UU., llamada RADAR-CNS, está evaluando rigurosamente la utilidad de una aplicación de teléfono inteligente para supervisar a las personas con trastorno depresivo mayor recurrente. Las aplicaciones de atención plena (mindfulness) también se están estudiando de formas innovadoras: en una asociación conjunta, cinco campus de la Universidad de California y la aplicación de atención plena Headspace están llevando a cabo un ensayo aleatorio controlado de ocho semanas que examina los efectos de la aplicación de atención plena sobre el estrés, la depresión, el sueño, la salud cardíaca y el bienestar físico en más de 1 000 individuos.

¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial en relación con el brote de coronavirus?

Una nueva cepa de coronavirus, COVID-19, se está extendiendo por todo el mundo y está causando muertes y graves problemas en la economía mundial.

Para responder a esta crisis se requiere una colaboración global entre gobiernos, organizaciones internacionales y empresas, que ocupa un lugar central en la misión del Foro Económico Mundial como organización internacional para la cooperación público-privada.

El Foro Económico Mundial, en colaboración con la Organización Mundial de la Salud (OMS), ha creado la Plataforma de Acción contra el COVID. Esta plataforma tiene por objeto catalizar el apoyo del sector privado a la respuesta sanitaria pública mundial al COVID-19, y hacerlo con la magnitud y rapidez necesarias para proteger la vida de los ciudadanos y sus medios de vida, con el fin de encontrar maneras de contribuir a poner fin a esta emergencia mundial lo antes posible.

El Foro, como organización, ya ha apoyado anteriormente iniciativas para la contención de epidemias. En 2017, durante nuestra Reunión Anual, se puso en marcha la Coalición para la Innovación en Preparación para Epidemias (CEPI, por sus siglas en inglés), que reúne a expertos del ámbito gubernamental, empresarial, sanitario y académico así como de la sociedad civil, con el fin de acelerar el desarrollo de vacunas. Actualmente, la CEPI está colaborando en la carrera por obtener una vacuna contra esta cepa de coronavirus.

Para los consumidores, es fundamental que la seguridad y la eficacia de las aplicaciones de salud mental sean más importantes que un diseño y una comercialización atractivos. Necesitamos que los creadores de aplicaciones y las agencias reguladoras trabajen juntos para recopilar datos tanto en ensayos clínicos controlados como en la vida diaria de los pacientes fuera de entornos clínicos rigurosos.

Por ejemplo, China ha establecido servicios gratuitos de asesoramiento psicológico en línea 24 horas al día, los 7 días de la semana, dando prioridad a los pacientes que tienen preocupaciones relacionadas con COVID-19. Los resultados se están recopilando y estudiando. La información sobre la calidad y la eficacia de estos programas podría ayudar a personas de todo el mundo. Los patrocinadores, incluyendo el Instituto Nacional de Salud Mental de EE. UU., ya están ansiosos por apoyar la investigación de resultados de fase temprana y postcomercialización que ayudará a garantizar la seguridad y la eficacia. Ahora depende de los investigadores y desarrolladores de aplicaciones impulsar los estudios.

Las aplicaciones efectivas tienen potencial para cambiar el semblante de la atención de la salud mental, no solo durante las pandemias, sino también en las rutinas de la vida diaria. Ahora es el momento de invertir e innovar en salud mental digital para garantizar que cualquier persona, en cualquier lugar, pueda obtener la ayuda que necesita.