Durante más de tres décadas, Chernóbil ha sido sinónimo de los peligros potenciales de la energía nuclear. El peor accidente nuclear del mundo tuvo un efecto devastador en el área circundante de las ahora independientes Ucrania y Bielorrusia. Pero una generación después, la naturaleza y la gente se han adaptado de maneras a veces sorprendentes.

Los eventos del 25 y 26 de abril de 1986 están bien documentados, a pesar del secreto de la época de la Guerra Fría en la entonces Unión Soviética. Una prueba de seguridad salió mal, y provocó una explosión que hizo volar parte del reactor número 4 y produjo un incendio que duró más de una semana.

Una nube de radiación se liberó a la atmósfera extendiéndose primero al área local y, finalmente, a gran parte de Europa. Se estima que la cantidad de material radiactivo fue 400 veces superior al de la bomba atómica lanzada en Hiroshima.

Imagen: Un cuervo extiende sus alas mientras se sienta en un poste dentro de la zona de exclusión de 30 km (18 millas) alrededor del reactor nuclear de Chernobyl. REUTERS/Vasily Fedosenko

Los trabajadores de emergencia mostraron un enorme coraje inmediatamente después del accidente. Treinta y una personas murieron como resultado inmediato de la explosión o enfermedades resultantes de la radiación. Cientos de miles de personas trabajaron para descontaminar el área durante los siguientes meses y años. El número total de muertes es difícil de calcular, pero la Organización Mundial de la Salud estima que 4000 personas murieron con el paso del tiempo como resultado del accidente, o a causa de cánceres y envenenamiento por radiación.

Se estableció una zona de exclusión de 30 kilómetros, lo que obligó a evacuar a cientos de miles de personas, muchas de las cuales nunca pudieron regresar. Decenas de ciudades y pueblos quedaron abandonados, desmoronándose de a poco.

Imagen: <p>Una máscara de gas para niños y un zapato en una guardería en la ciudad abandonada de Pripyat. REUTERS/Gleb Garanich

El impacto sobre el medio ambiente local fue catastrófico. A un bosque cercano se le dio el nombre de “Bosque Rojo”, por las agujas de color óxido que caen de los pinos muertos. Aún hoy es uno de los lugares más radiactivos de la tierra. Animales y plantas sufrieron mutaciones, atrofias de crecimiento y anomalías de comportamiento.

Pero hoy Chernóbil está lejos de ser el páramo que la imaginación popular cree que es.

El reactor dañado se cubrió inicialmente con un sarcófago de hormigón gigante, para evitar que se escapara más material radiactivo. En 2016 se colocó el escudo New Safe Confinement, la estructura movible de acero más grande jamás construida, que actúa como un hangar gigante en toda la planta de energía nuclear. Dentro de este escudo, los trabajadores todavía trabajan para mantener el sitio seguro. Controlan la radiación y, con el tiempo, planean desmantelar el sarcófago de hormigón y eliminar el combustible nuclear.

Imagen: El gigantesco escudo de contención de acero sobre el emplazamiento del reactor de Chernóbil. Andy Dubchak/RadioSvoboda.org

Incluso los turistas han regresado, aunque se mantienen fuera de los sitios más radiactivos. Cada año, decenas de miles de personas visitan la zona, a menudo para ver las ruinas de las ciudades abandonadas.

Imagen: La ciudad abandonada de Pripyat, cerca de la central nuclear de Chernóbil. REUTERS/Gleb Garanich

Frente al antiguo emplazamiento nuclear, una nueva central eléctrica ha comenzado a generar energía limpia. Los paneles solares producen suficiente electricidad para alimentar 2000 departamentos. Es un proyecto que trata tanto de simbolismo como de economía. Para la gente del área, es un signo de recuperación y nuevo crecimiento.

Imagen: Es la primera vez que el sitio produce energía desde el año 2000. REUTERS/Gleb Garanich

Esa recuperación es más evidente en el mundo natural. Aunque los animales y las plantas dentro de la zona de exclusión todavía muestran efectos de la radiación, la vida está encontrando una manera de adaptarse. Por ejemplo, las ranas que viven dentro de la zona de exclusión son más oscuras que las que están afuera, lo que puede brindarles protección adicional contra la radiación.

Imagen: Kieran Wood@DrKieranWood

Usando el nuevo #DJI M600 sobre el área de Buriakivka de #Chernobyl. Primero, un LiDAR POD de exploración generó un modelo de terreno, seguido de un espectrómetro gamma que midió la intensidad de la radiación. ¡También me divertí mucho filmando desde otro dron!

— Kieran Wood@DrKieranWood

De hecho, partes de la zona de exclusión se han convertido en un refugio para la biodiversidad. Los investigadores han visto en aumento la cantidad de osos pardos, linces, bisontes europeos, jabalíes y caballos de Przewalski. Un efecto secundario inesperado de evacuar a las personas del área ha sido la creación de un santuario de vida silvestre, donde las especies pueden vivir al margen de la actividad humana.

Imagen: <p>Bisonte europeo (Bison bonasus), lince boreal (Lynx lynx), alce (Alces alces) y oso pardo (Ursus arctos) fotografiados dentro de la zona de exclusión de Chernobyl (Ucrania). Proyecto TREE/Sergey Gaschack</p>


Como resultado, algunos científicos han llegado a dos conclusiones. Primero, que los animales y las plantas pueden ser más resistentes a la radiación de lo que pensábamos. Y segundo, que los efectos del peor desastre nuclear del mundo pueden ser menos perjudiciales para el mundo natural que la presencia prolongada de los seres humanos. De usted depende considerar esto como una lección de esperanza o como una advertencia sobre nuestro impacto diario en el planeta.

Alex Thornton, escritor sénior, contenido formativo