Sebastião Salgado es un fotógrafo brasileño de gran renombre. Él ha viajado por el mundo retratando algunas de las situaciones más adversas del mundo, pero lo ha sabido hacer con una precisión, un ojo atento y una delicadeza que lo caracterizan.

Pero además, es una persona comprometida con el mundo entero, y en especial con la naturaleza. También con su familia, con su pueblo, y con las necesidades que lo rodean.

Cuando en 1994 volvió a su pueblo, Aimorés (Minas Gerais, Brasil), luego de haber estado en medio del genocidio de Ruanda, no lograba descansar tranquilamente. Para ayudarlo a superar el horror, su mujer tuvo una gran idea: se dedicarían a reforestar su pueblo, que había perdido casi completamente la naturaleza boscosa que lo caracterizaba.

Lélia Wanick Salgado y Sebastião Salgado junto a un vivero de árboles en el Instituto Terra en Aimorés, Minas Gerais, Brasil, 2013.
Imagen: Ricaro Beliel

Primero, empezaron solos. Después, contrataron unos 24 trabajadores. Finalmente, año tras año, comenzaron a sumarse voluntarios de todas partes que se sintieron conmovidos por la propuesta del artista.

Pronto, su arduo trabajo dio frutos y los árboles tropicales nativos de la región comenzaron a florecer en la zona.

Imagen: Institutoterra

Desde 1998 hasta aquí, han plantado más de 2 millones de árboles de 293 especies. La zona, rica en biodiversidad, ha sido recientemente declarada como Reserva Privada de Patrimonio Natural.

Se trata de una de las principales iniciativas ambientales del mundo, y ya está mostrando sus efectos positivos en toda la región: está ayudando a controlar la erosión del suelo y ha revivido manantiales naturales en la zona. Esto no solo es maravilloso a nivel paisajístico. También supone un importante alivio a uno de los problemas más graves que tenía la zona: la sequía.

También resulta muy esperanzador ver cómo una acción concreta ha hecho un gran aporte al cambio climático. Al menos en la región, el clima se ha vuelto más frío y han aumentado las precipitaciones, un cambio deseable en esa zona.

Como ves, a veces podemos hacer muy poco, pero si contagiamos a otros, podemos ayudar a que un mundo mejor sea posible.

Imagen: Institutoterra