La regulación del comercio internacional se ha convertido en un tema central como nunca antes. Las tensiones comerciales entre los EE. UU. y China, una conflictiva negociación del Brexit, la renegociación del NAFTA y el estancamiento de la Organización Mundial de Comercio (OMC) resaltan los desafíos actuales y la importancia de la regulación legal para mantener el flujo del comercio mundial y la inversión.

Sin marcos legales acordados, el valor predeterminado se convierte en la “ley del más fuerte”, en donde los países más poderosos aprovechan sus posiciones para favorecerse sobre los demás. Desafortunadamente, estamos avanzando en esa dirección. El imprevisto retorno del mercantilismo —en especial en los Estados Unidos con el presidente Trump— se basa en la premisa falsa de que un país solo puede obtener un beneficio económico a costa de otro. Sostiene que todas las transacciones tienen un ganador y un perdedor, y nada puede ser mutuamente beneficioso.

La militarización de los aranceles y el enfoque en la eliminación de las balanzas comerciales individuales se basan en teorías que desde hace tiempo están desacreditadas, que son anteriores a la globalización y a los bancos centrales modernos. Entre ellas, se incluye la premisa de que solo existe una cantidad fija de riqueza y crecimiento disponible en el mundo, y que el Estado nación es la mejor unidad para organizar la actividad económica y obtener de otros países una tajada mayor de este pastel de tamaño invariable.

Imagen: Comercio mundial e indicadores de comercio mundial, porcentaje anual. Datos: Oxford Economics/Nederland CPB. Imagen: Baker McKenzie y Oxford Economics, “Proyección de transacciones internacionales 2019”

Esto es absurdo, pero no por ello menos peligroso. Si los países dejan de adherirse a un marco regulatorio acordado para el comercio, entonces no hay un sistema internacional que funcione para regir una economía mundial que durante décadas ha crecido a través de la globalización y un enfoque multilateral del comercio. Este último ha sido respaldado por un reglamento de la OMC que sostiene que ofrecer algo a un país implica ofrecérselo a todos.

La idea de que es un problema de China que Estados Unidos compre más productos de China de los que vende es tan errónea como la premisa de que la UE es culpable de vender más automóviles en los Estados Unidos de lo que los fabricantes estadounidenses venden en la UE. Analizar los déficits individuales no tiene sentido. Parafraseando a un economista: Tengo un terrible déficit con mi peluquero, cada dos o tres semanas le doy dinero y él nunca me ha dado ni un centavo. Parte del debate sobre el Brexit es igual de burdo, con varios políticos británicos que hacen afirmaciones falsas acerca de las normas de la OMC.

Toda la evidencia señala que algunos líderes mundiales han malinterpretado la función del comercio y de la OMC. Ignoran las reglas, no solo por cuenta y riesgo propios sino en detrimento de toda la economía mundial. Un Gobierno que se equivoca puede quebrar su economía. Es difícil sostener que este es un buen momento para la inversión, si no se sabe si se aplicarán aranceles a las importaciones o exportaciones, a qué niveles o a qué productos.

Imagen: Actividad global total de fusiones y adquisiciones, miles de millones de dólares. Datos: Oxford Economics/Thomson Reuters. Imagen: Baker McKenzie y Oxford Economics, “Proyección de transacciones internacionales 2019”

En tono más positivo, las nuevas reglas de evaluación de inversión extranjera propuestas o implementadas en los EE. UU., Alemania, el Reino Unido, la UE y otros lugares son, en general, un avance positivo, a pesar de que a veces están incorrectamente asociadas con barreras arancelarias como políticas proteccionistas. Algunas economías han estado quizás más abiertas a la inversión estratégica de terceros países de lo que deberían haber estado.

Tener reglas sensatas que no solo analizan los problemas de seguridad nacional, sino que también regulan los términos bajo los cuales los terceros países pueden comprar activos estratégicos y tecnológicos, protegen los principios del libre mercado tanto como los estados nacionales individuales. El acceso recíproco al mercado también es necesario para la igualdad de condiciones.

Nuestra reciente Proyección de transacciones internacionales con Oxford Economics muestra cómo un reglamento operativo para regir el comercio global es importante. Podemos predecir que una guerra comercial mundial derrumbaría la actividad transaccional global en un tercio, y eliminaría un billón de dólares en acuerdos. Es un pensamiento aleccionador, y todos debemos tomarlo en serio.

Paul Rawlinson presidente mundial, Baker McKenzie