Mientras los líderes de más de 100 países se preparan para reunirse en Davos, continúa el debate sobre el papel que jugará la tecnología en la sociedad del futuro. ¿La innovación tecnológica será una parte fundamental de la solución, o parte del problema, o ambos? ¿Podemos controlar las nuevas tecnologías poderosas como la inteligencia artificial, la modificación del genoma humano y el reconocimiento facial para maximizar sus beneficios para la humanidad y minimizar el riesgo y el daño?

Como he dicho anteriormente, ahora tenemos a nuestra disposición cuatro superpoderes tecnológicos, y creo firmemente que la tecnología será una fuerza para el bien en la próxima década y más allá. La tecnología en sí misma es inherentemente neutra, ni buena ni mala. Depende de nosotros, como comunidad global, determinar cómo desarrollamos y regulamos estas nuevas herramientas a medida que su impacto en nuestro mundo se intensifica.

Lo que a menudo se pasa por alto en este debate tan polémico es una pregunta diferente, pero relacionada: ¿nosotros, como líderes en la industria de la tecnología, tenemos la paciencia y el impulso para enfrentar desafíos sociales a gran escala como la inclusión financiera, la educación de calidad o la sostenibilidad ambiental, sobre todo a largo plazo? La historia sugiere que Silicon Valley ha tenido una fuerte participación en el debate sobre cómo salvar al mundo, pero sus acciones han sido escasas.

Imagen: VMWare

He trabajado en la industria de la tecnología durante casi cuatro décadas, y he pasado mucho tiempo reflexionando sobre la mente de los tecnólogos verdaderamente brillantes. En mi experiencia, la mayoría de los grandes ingenieros se conectan para buscar el "brillante destello de genialidad" que logre poner fin a un problema. De manera consciente o no, nosotros, los tecnólogos, queremos creer que la innovación tecnológica puede superar casi cualquier barrera del progreso humano.

Aquí es donde las cosas se complican. Si nos concentramos en resolver los desafíos mundiales más complejos y profundamente arraigados, encontramos que el camino al éxito es largo y sinuoso, y que en él hay una gran cantidad de diferentes participantes involucrados. Por definición, estamos hablando de grandes iniciativas a largo plazo que requieren la colaboración de especialistas que no pertenecen al mundo de la tecnología. El tecnólogo individual (o equipo de tecnólogos) se convierte en solo una parte de una tarea mucho más amplia, que involucra a un grupo diverso de expertos en la materia. Por lo general, son equipos de los sectores público y privado, y organizaciones no gubernamentales.

Seamos realistas, este tipo de colaboración entre múltiples participantes a largo plazo no es fácil. Los problemas que se intentan abordar, educación, pobreza y cambio climático, son tan complejos que requieren una comprensión profunda del contexto histórico, la capacidad de aplicar el pensamiento de sistemas y un compromiso de tiempo significativo para integrarse a nivel comunitario. El éxito depende de la creación de asociaciones cercanas con personas de contextos muy diversos y expectativas diferentes. La mayoría de las veces, se terminan gestionando prioridades que compiten entre sí. Es importante destacar que las respuestas rara vez vienen en un destello de conocimiento tecnológico. Si bien la tecnología es un ingrediente esencial para el éxito, estas soluciones son esencialmente de comportamiento, sociales y políticas.

Cerrar la brecha tecnológica

He tenido la oportunidad de experimentar de primera mano lo que es trabajar con una variedad de expertos en la materia que aportan un conocimiento valioso que trasciende la tecnología. Recién casados, mi esposa y yo nos comprometimos a hacer contribuciones importantes a causas benéficas. En lugar de distribuir regalos, decidimos colaborar estrechamente con algunas organizaciones sin fines de lucro. Ha sido una experiencia increíblemente aleccionadora y gratificante, en gran parte porque hemos tenido la oportunidad de ver el increíble trabajo que estas organizaciones sin fines de lucro hacen día tras día. Por ejemplo, una de estas organizaciones brinda educación, comida diaria y atención médica a 18.000 niños en África subsahariana. Ahora están construyendo un internado para niñas en la sección Kibera de Nairobi, el barrio marginal más grande de África y uno de los más grandes del mundo. En todo lo que hacen, estos equipos ponen gran pasión y perseverancia y, sin embargo, no se puede desconocer el hecho de que no cuentan con suficientes recursos. Su capacidad y habilidades tecnológicas son tristemente limitadas e inadecuadas.

Lamentablemente, esto se repite en la mayoría de las organizaciones sin fines de lucro. Si mira detrás de escena de cualquier iniciativa exitosa a gran escala centrada en impulsar un cambio positivo, es probable que encuentre una organización sin fines de lucro que está desempeñando un papel fundamental, a pesar de tener recursos limitados y tecnología obsoleta. Si bien las organizaciones sin fines de lucro aportan la experiencia y la pasión que impulsan estos proyectos, la mayoría de ellas no pueden alcanzar su máximo potencial. De hecho, una encuesta de NetHope de 2018 encontró que el 70 % de las principales organizaciones sin fines de lucro en el mundo no tienen una estrategia tecnológica. Esa realidad es aún más exasperante si tenemos en cuenta la magnitud de las organizaciones sin fines de lucro a nivel mundial. En total, hay alrededor de 12 millones de organizaciones en el mundo, y representan aproximadamente el 10 % de la fuerza laboral mundial. Su producción económica combinada representa el 4,5 % del PIB mundial, aproximadamente equivalente al PIB de Alemania.

Claramente, la industria de la tecnología tiene la oportunidad de ayudar a organizaciones sin fines de lucro a escalar sus operaciones y expandir su impacto. Con esto en mente, en VMware estamos trabajando para profundizar nuestra inversión en programas que impulsen la transformación digital en organizaciones sin fines de lucro, al mismo tiempo que aumentan su capacidad. Al igual que lo hacemos con nuestros clientes, estamos permitiendo que organizaciones sin fines de lucro logren sus objetivos de manera más efectiva y eficiente. Un ejemplo claro: por medio de un proyecto llamado Transforming Technology Pro Bono, la Fundación VMware y la Fundación Taproot están trabajando para proporcionar un marco práctico para un pro bono tecnológico más efectivo y sostenible, que verdaderamente aborde las necesidades de las organizaciones sin fines de lucro.

En muchos sentidos, la tecnología solo está empezando a prepararse para enfrentar los grandes desafíos sociales. Durante la próxima década y más allá, deberemos inspirar a los tecnólogos talentosos de todo el mundo para que se comprometan con los diversos equipos que trabajan en problemas complejos como la desigualdad económica y el cambio climático. Asimismo, es imperativo que habilitemos y empoderemos a las organizaciones sin fines de lucro que son el corazón de estos esfuerzos.