Venezuela nada a contracorriente. El país bolivariano, inmerso en una grave crisis humanitaria, es el único de América Latina —junto con Belice— en el que aumenta el hambre, según un informe anual presentado este martes por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). El número de venezolanos infraalimentados alcanzó los 3,7 millones (aproximadamente el 12% de la población) en el periodo 2015-2017 —los últimos datos disponibles. Son casi un millón de personas más que una década atrás. Este deterioro empuja al alza el dato de subalimentación del conjunto de América Latina, a pesar de las mejoras en el resto de países del continente.

Las malas noticias para los venezolanos no se quedan ahí. En el país sudamericano no solo aumenta el hambre, sino que también empeoran otros indicadores relacionados con la malnutrición. El estudio La seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo muestra también un paradójico aumento de la obesidad entre la población adulta venezolana —que pasa del 23% en el lapso 2004-2006 al 25% en los dos últimos años— y un incremento de la anemia entre mujeres en edad reproductiva, que ya es del 24%, un punto más que en el periodo anterior.

A la severa escasez de alimentos disponibles en Venezuela se añade desde hace años una hiperinflación rampante, que deja productos tan básicos como una lata de atún fuera del alcance de la gran mayoría de ciudadanos. Esta crisis alimentaria, junto con el deterioro de situación política, ha provocado una huida masiva de ciudadanos hacia países vecinos.

El agravamiento de los problemas de subalimentación en Venezuela contrasta con el descenso generalizado del hambre en el resto de América Latina. Incluso Bolivia y Nicaragua, los dos países con mayor prevalencia de este mal, han experimentado mejoras notables, con descensos —respectivamente— de diez y de ocho puntos porcentuales respecto a la década anterior.

Si bien el salto es menor, tanto Brasil como México —los dos gigantes del continente— también mejoran sustancialmente. Aunque la pobreza sigue afectando a prácticamente la mitad de su población, el primero pasa de tener seis millones de personas hambrientas a menos de cinco y el segundo, de más de ocho millones a unos cinco. El peso demográfico de ambas naciones, por mucho las más pobladas de Latinoamérica, hace que sus avances tengan una influencia fundamental sobre las cifras de la región.

Imagen: FAO/ El País

El Caribe, región que el informe no incluye dentro de Latinoamérica, tampoco es ajeno a esta tendencia. Allí destaca el notable descenso del hambre en Haití, el país más pobre del continente. A pesar del terremoto que arrasó el país en 2010y dejó sin hogar a cientos de miles de haitianos, las personas infraalimentadas representan en la actualidad menos de la mitad de la población, frente al 57% en 2004-2006.

La tendencia positiva se ve empañada, sin embargo, por la situación en Venezuela. El empeoramiento de los indicadores en este país afecta al cómputo global del hambre en la región, donde la FAO constata un leve repunte del número de ciudadanos con dificultades para alimentarse: del 5,3% en 2016 al 5,4% en 2017.

Este incremento marginal registrado en América Latina, junto con el experimentado en el continente africano, ha hecho que el número de personas hambrientas en el mundo haya pasado de 804 millones de personas en 2016 a casi 821 millones en 2017. Es el tercer año consecutivo en que el hambre avanza. Detrás de este preocupante fenómeno, la FAO ve tres factores: los conflictos armados, los eventos climáticos extremos —vinculados con el calentamiento global— y las crisis económicas. Pese a que el informe no hace referencia expresa a Venezuela, este último factor es clave para explicar el aumento del hambre en el país sudamericano.