“Las mujeres están más preparadas para tener bebés que para hacer dinero”. Hoy suena ridículo, pero mitos como este –no fundamentados en evidencia científica– orientaron las decisiones de nuestros antepasados durante generaciones. Aún hoy en día, en todo el mundo, niñas y mujeres luchan contra opiniones y creencias comunes que limitan sus oportunidades y su capacidad. Los mitos, como los siete que se indican a continuación, despojan a las mujeres de la posibilidad de avanzar y desarrollar sus capacidades, pero también a sus familias, a sus comunidades y, en última instancia, a sus países.

La verdad es que las mujeres de todo el mundo aún tienen que superar obstáculos persistentes y basados en en tópicos de género a diario. Las mujeres han demostrado que pueden desarrollar negocios formales e informales con muy poco capital, crear redes para maximizar los recursos limitados y al mismo tiempo asumir las responsabilidades tradicionales que recaen sobre ellas, tareas como el cuidado de los niños y el hogar. Las mujeres triunfan a pesar de las leyes, las políticas y las instituciones que las limitan, pero es una lucha constante. Es hora de crear ambientes favorables para que las mujeres prosperen económicamente y acabar con estos mitos de una vez por todas.

1. El mito: invertir en mujeres no da frutos

La realidad: cerrar las brechas de género dará lugar efectivamente a un aumento del PIB mundial.

De acuerdo con un reciente informe realizado por McKinsey Global Institute, si las mujeres desempeñaran el mismo papel que los hombres en los mercados laborales, se podrían agregar 28 billones de dólares, o 26 %, al PIB mundial anual para 2025.

Imagen: McKinsey

2. El mito: la desigualdad de género no es un problema en los países desarrollados

La realidad: la desigualdad de género sigue siendo alta en todo el mundo

Aunque muchos países han logrado avanzar en algunos aspectos de la igualdad de género, la desigualdad sigue siendo elevada. En Europa la situación de las mujeres es poco prometedora. Los hombres ocupan el 89 % de los puestos de trabajo de los comités ejecutivos en las 100 mejores empresas. Hay trabajo por hacer.

3. El mito: los ingresos de las mujeres no se utilizan de manera diferente que los ingresos de los hombres

La realidad: un mayor porcentaje de los ingresos de las mujeres se reinvierte en sus familias y comunidades.

Según un estudio realizado en Brasil, la probabilidad de supervivencia de un niño aumentó en un 20 % cuando la madre tomó las decisiones financieras. Sin embargo, estas decisiones económicas clave son una parte compleja de las normas culturales en torno al género, la edad, el origen étnico, la salud o el estado físico y la jerarquía social general.

4. El mito: las mujeres eligen trabajar menos que los hombres.

La realidad: las mujeres asumen una mayor carga de trabajo no remunerado y tienen menos oportunidades de trabajo remunerado.

Las mujeres no trabajan menos que los hombres; de hecho, con frecuencia trabajan más. El tema es que su trabajo no es remunerado y muchas veces no se registra: rara vez se liquida un sueldo por la crianza de los niños y el cuidado de los ancianos. En algunas regiones como Asia meridional, Oriente Medio y África del Norte, las mujeres asumen hasta el 90 % de los trabajos de cuidados no remunerados. Es momento de equilibrar la balanza.

Imagen: informe de la brecha global de género del Foro Económico Mundial

5. El mito: la desigualdad termina cuando el ingreso de las mujeres aumenta.

La realidad: es dar a las mujeres el control sobre los ingresos lo que pone fin a la desigualdad.

La evidencia también demuestra que no es simplemente un aumento de los ingresos de la mujer, sino más bien su control sobre estos ingresos, lo que la ayuda a lograr el fortalecimiento económico. Cuando una mujer administra el dinero de la casa, es más probable que esa familia prospere. El programa de bienestar social brasileño Bolsa Familia, que proporciona transferencias monetarias directamente a las mujeres cabeza de familia, representó hasta el 25% de la reducción de la desigualdad en Brasil y el 16 % de la disminución de la pobreza extrema.

6. El mito: los colectivos de mujeres no son necesarios para el desarrollo económico

La realidad: los colectivos de mujeres (que incluye las cooperativas, las agrupaciones, los grupos de agricultores, las asociaciones empresariales y los sindicatos) suelen ser el único camino para el desarrollo económico sostenible para muchas mujeres de todo el mundo.

Los colectivos de mujeres pueden ofrecer un refugio seguro en el cual mujeres de escasos recursos pueden unir y maximizar los recursos, gestionar el riesgo, innovar y experimentar, fomentar las habilidades y las capacidades, formar y aprender unas de otras, organizarse y defender los derechos, compartir las responsabilidades familiares, generar confianza y recibir información clave sobre todo, desde información comercial hasta orientación nutricional, planificación familiar y salud reproductiva.

7. El mito: las políticas favorables a la familia y que tienen en cuenta las cuestiones de género no valen la pena

La realidad: en Estados Unidos, cada dólar invertido en planificación familiar se traduce en 7 USD de ahorro; en países en vías de desarrollo como Jordania, un dólar puede generar hasta 16 USD de ahorro. El Consenso de Copenhague demostró que cada dólar gastado en métodos anticonceptivos modernos rendirá 120 USD en beneficios generales.

Las empresas que invierten en políticas favorables a la familia y que tienen en cuenta las cuestiones de género han obtenido un alto rendimiento de sus inversiones, incluidos la reducción del absentismo y el aumento de la productividad. Al proporcionar asistencia médica en el lugar de trabajo para las mujeres y sus hijos, estudios en Bangladesh y Egipto apuntan a un retorno de la inversión de 3:17 USD y 4:17 USD.

Mitos dañinos como estos siguen limitando a las mujeres cuando escogen profesiones, avanzan en el lugar de trabajo y buscan acceso al capital, especialmente en los lugares económicamente más desfavorecidos del mundo. Estos mitos no solo condicionan a las mujeres a nivel personal, sino que también obstaculizan nuestro progreso colectivo. Los datos y la investigación anteriores cuentan una historia distinta sobre el poder exponencial de las mujeres. El crecimiento es posible. La prosperidad es posible. Y se hace realidad con las mujeres en el asiento del conductor.