Donald Trump está camino a convertirse en el 45° presidente de Estados Unidos. Entre sus promesas se encuentra un 45% de impuestos a la importación de productos de China, la cancelación del acuerdo climático de París y, tal como se conformaba recientemente, el fin del acuerdo comercial conocido como Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica.

Si Trump no se retracta de sus planes para el comercio mundial y los asuntos internacionales, otras potencias tomarán el mando en la construcción de la globalización. En concreto, se puede esperar que China tome un papel más importante.

Aunque EE. UU. actualmente es la mayor economía mundial, en términos de poder adquisitivo se espera que China tome el control en 2016, según el Fondo Monetario Internacional. China se ha beneficiado significativamente de la globalización. Por décadas, ha invertido en mejorar sus capacidades y establecer vínculos económicos con muchos países. Ha sido considerado un socio e inversor importante del extranjero.

Este gráfico muestra cómo China prevé superar a EE. UU. como el poder económico dominante del mundo para el año 2030, en términos de PBI mundial, comercio y exportaciones.

Imagen: The Economist

Algo que China comprende muy bien es la importancia de las conexiones –y en consecuencia, de la infraestructura de transporte– para el desarrollo y el crecimiento económico. Su mayor marco de desarrollo es la iniciativa One Belt One Road (Una franja, una ruta) con sus dos pilares, Silk Road Economic Belt (Franja económica de la ruta de la seda) y XXI Century Maritime Silk Road (Ruta marítima de la seda del siglo XXI). Este proyecto de desarrollo incluye un territorio igual al 55% del PBI mundial, el 70% de la población mundial y el 75% de sus reservas energéticas conocidas. “Las inversiones incluirán alrededor de 300 proyectos que se extienden desde Singapur hasta Turkmenistán”, informa Reuters.

Un componente esencial de One Belt One Road –también llamado OBOR– es la Asociación Económica Integral Regional (RCEP). Esta asociación liderada por China incluirá Australia, Nueva Zelanda, China, India, Japón y Corea del Sur, así como también la región de ASEAN. En 2014, ASEAN era la quinta potencia económica más grande del mundo. También era la tercera economía más grande de Asia, con un PBI combinado de US$2,6 billones, mayor que el de India.

China en el escenario mundial

En el continente africano, China presta miles de millones para inversiones en infraestructura a gran escala, nuevamente parte de OBOR, y en especial en el sector del transporte. Uno de sus proyectos emblemáticos es el ferrocarril de vía estándar en Kenia. También se encuentra el desarrollo de los puertos de aguas profundas en ciudades como Dakar, Dar es Salaam y Djibouti. Es probable que estas ciudades se conviertan en centros industriales, siguiendo el modelo del desarrollo de China del nuevo puerto camerunés de aguas profundas de Kribi.

El ferrocarril transiberiano de Rusia (TSR) es el origen del transporte ferroviario entre Europa y Asia. Recientemente, Anthony Cuthbertson escribió en Newsweek que Vladimir Putin podría contemplar una Ruta de la seda con Hyperloop. Esto puede presentar una alternativa a la construcción planeada de 64.000 kilómetros de vías ferroviarias que se pretende refuercen las vías existentes entre el este y el oeste. CRRC Corp, el mayor productor de equipos ferroviarios de China, estaba en tratativas para una potencial inversión en Hyperloop One, la empresa detrás de la idea, informó Bloomberg a comienzos de este año.

Mientras tanto, China lanza un fondo de $11 mil millones para Europa Central y Oriental, teniendo como objetivo principal las inversiones en infraestructura y fabricación de altas tecnologías, tanto en la región como fuera de ella. El operador de la cadena de suministro DB Schenker comenzó a circular trenes bloque semanalmente entre China y Alemania en 2011. Cuatro años después, el primer tren que llevaba contenedores de China llegó a la terminal de mercancías del Centro de Servicio Ferroviario en el Puerto de Róterdam.

Con el Nuevo Banco de Desarrollo (NDB), la Inversión de la Ruta de la seda y el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB), China se ha preparado para responder a las mayores necesidades financieras, dentro y fuera del área de la Franja y de la Ruta. Esto muestra similitud con el Plan Marshall, el plan de asistencia de EE. UU., que ayudó a reconstruir Europa Occidental después del fin de la Segunda Guerra Mundial.

Con EE. UU. retirándose del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, debido a que Trump indicó que lo hará, China cuenta con ventaja. El acuerdo vinculante, que conecta los países de Asia con las naciones de Norteamérica y Latinoamérica, es percibido por muchos como un obstáculo para el alcance de China y una forma de solidificar los aliados de EE. UU. con otras naciones en la región del Pacífico. Se espera que otros países asiáticos con gran potencial de exportación, como Malasia y Vietnam, se beneficien de forma significativa con el Acuerdo, mientras que los países que no renunciaron al acuerdo, como Filipinas, corren el riesgo de verse desfavorecidos. Esto puede tener un efecto negativo en la región debido al comercio y a la desviación de inversiones.

Hasta ahora, China ha afrontado escepticismo y críticas por sus actividades internacionales. Muchos han cuestionado su desarrollo en África, por ejemplo. Pero China aún puede recuperar un nivel de autoridad moral; puede liderar el esfuerzo de adaptación del cambio climático si EE. UU. se retira, por ejemplo. Ya ha prevenido a Trump contra retirarse del acuerdo climático de París.

¿Qué se espera de las relaciones entre EE. UU. y China? Para comenzar, habrá duras negociaciones sobre el impuesto a la importación de EE. UU. sobre los productos de China. Si ambas naciones encuentran el equilibrio correcto, no solo evitarán una guerra de comercio mundial, como en la década de 1930 cuando la implementación de la Ley de Aranceles Smoot-Hawley intensificó el nacionalismo en el mundo, sino que también podrán mover sus relaciones bilaterales a nuevos horizontes.

Independientemente de lo que suceda, si EE. UU. se aleja de la globalización, China está dispuesta a ocupar el lugar.