Thinking Huts y sus socios están construyendo la primera escuela impresa en 3D del mundo en el campus de una universidad en Fianarantsoa, Madagascar.
La impresión 3D construye objetos sólidos capa por capa, generando menos residuos que los métodos de fabricación tradicionales.
La solución aborda la falta de inversión suficiente en infraestructura física, que es una de las mayores barreras para la educación.
Un nuevo proyecto en Madagascar está replanteando los pilares de la educación, utilizando la impresión 3D para crear nuevas escuelas.
La organización sin ánimo de lucro Thinking Huts se ha asociado con la agencia de diseño arquitectónico Studio Mortazavi para crear la primera escuela impresa en 3D del mundo en el campus de una universidad en Fianarantsoa, Madagascar. Su objetivo es abordar la escasez de infraestructura educativa que, en muchos países, contribuye a que menos niños reciban una buena educación.
Utilizando la tecnología desarrollada por la empresa finlandesa Hyperion Robotics, la escuela se construirá con muros impresos en 3D y materiales de origen local para las puertas, el techo y las ventanas. Los miembros de la comunidad local recibirán después formación sobre cómo replicar el proceso para construir escuelas en el futuro.
De este modo, una nueva escuela puede construirse en menos de una semana, con un coste ambiental menor que el de la construcción tradicional basada en hormigón. Los edificios impresos en 3D utilizan menos hormigón que otros métodos, y la mezcla de cemento 3D también emite menos dióxido de carbono en comparación con el hormigón tradicional, según afirma Thinking Huts.
El diseño permite unir módulos individuales en una estructura similar a una colmena, lo que facilita la ampliación de las escuelas. El proyecto piloto en Madagascar incluye además huertos verticales en los muros y paneles solares.
Ampliar el acceso a la educación
La falta de edificios desde los que impartir educación es un obstáculo importante en muchos países, en particular en zonas con escasez de mano de obra cualificada y de recursos para la construcción. Al utilizar la tecnología para construir escuelas, Thinking Huts pretende ampliar el acceso a la educación, algo que cobrará especial importancia tras la pandemia.
UNICEF y otras organizaciones han advertido de una crisis del aprendizaje agravada por el virus, con 1.600 millones de niños en todo el mundo en riesgo de quedarse atrás debido al cierre de escuelas destinado a contener la propagación de la COVID-19.
Por ello, que los niños vuelvan a las aulas en cuanto sea posible de forma segura será fundamental para que continúen su educación, en particular para quienes tienen un acceso limitado a internet y a dispositivos personales de aprendizaje.
¿Imprimiendo el futuro?
El proceso de impresión 3D, también conocido como fabricación aditiva, utiliza un archivo digital para construir objetos sólidos capa por capa, lo que significa que genera menos residuos en comparación con los métodos tradicionales, que a menudo utilizan moldes o materiales huecos.
La impresión 3D ha revolucionado los procesos de fabricación, permitiendo la personalización masiva, creando formas visuales novedosas no posibles anteriormente y generando nuevas oportunidades para aumentar la circularidad de los productos.
Las máquinas se utilizan cada vez más en la producción de todo, desde bienes de consumo como las gafas de sol hasta artículos industriales como las piezas de automóviles. En la educación, el modelado 3D puede utilizarse para dar vida a conceptos educativos y ayudar a desarrollar habilidades prácticas, como la programación.
En México, se ha utilizado para construir un barrio de viviendas de 46 metros cuadrados en Tabasco. Las casas, que constan de cocina, sala de estar, baño y dos dormitorios, se pondrán a disposición de algunas de las familias más pobres del estado, muchas de las cuales ganan tan solo $3 al día.
La relativa facilidad de transporte y el bajo coste de la tecnología también han resultado fundamentales en la ayuda ante catástrofes. Cuando Nepal sufrió un terremoto en 2015, se utilizó una impresora 3D montada sobre un Land Rover para ayudar a reparar tuberías de agua trasladadas por avión como parte de un esfuerzo de socorro, según informó The Guardian.
La impresión 3D también se está utilizando con éxito en el campo de la medicina. En Italia, la start-up Issinova ha impreso en 3D válvulas para respiradores destinadas a pacientes con COVID-19 cuando un hospital de la región de Lombardía, muy afectada, se quedó sin suministros. De forma más amplia, la impresión 3D podría resultar inestimable para fabricar implantes y dispositivos personalizados para pacientes.





