Abordar los puntos ciegos de las emisiones de metano con tecnología satelital

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  • El metano es el segundo mayor contribuyente al cambio climático antropogénico, después del dióxido de carbono, pero es difícil de detectar.

  • Sin datos precisos y verificables sobre las emisiones de metano, las estrategias eficaces de mitigación siguen estando fuera de alcance.

  • La observación de la Tierra por satélite, combinada con análisis basados en IA, ofrece una solución escalable para el seguimiento de las emisiones.

Aunque el dióxido de carbono (CO₂) ha dominado durante mucho tiempo el debate sobre el cambio climático, la comunidad científica presta cada vez más atención al metano como amenaza crítica.

Según el último Presupuesto Global de Metano, publicado por Global Carbon Project (GCP), el metano es el segundo mayor contribuyente al cambio climático antropogénico, después del CO₂, y sus concentraciones atmosféricas aumentan a un ritmo sin precedentes.

El potencial de calentamiento global (PCG) del metano es significativamente mayor que el del CO₂. Según el informe de evaluación de 2021, el PCG del metano es 29 veces mayor en un período de 100 años y hasta 82 veces mayor en uno de 20 años.

Actualmente, el metano es responsable de alrededor del 30 % del calentamiento global y ha contribuido aproximadamente 0,5 °C al aumento de las temperaturas medias mundiales.

Alrededor de dos tercios de las emisiones mundiales de metano provienen de actividades humanas, en particular de las operaciones de petróleo y gas, la agricultura y la gestión de residuos. En el sector energético, las fugas y liberaciones accidentales de las instalaciones contribuyen significativamente al problema.

Sin embargo, la breve vida del metano, de unos nueve años ofrece una oportunidad clave. La mitigación focalizada puede generar beneficios climáticos rápidos y mensurables, lo que convierte la reducción del metano en una de las herramientas más eficaces para la acción climática a corto plazo.

El desafío de monitorear el metano en Asia-Pacífico

A pesar de iniciativas mundiales como el Compromiso Mundial sobre el Metano (GMP) —presentado en la COP26 y respaldado por más de 150 países, con el objetivo de reducir las emisiones de metano al menos un 30 % respecto de los niveles de 2020 para 2030—, los niveles de metano siguen aumentando. De hecho, el Informe sobre la brecha de emisiones 2023, publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), destaca que las concentraciones atmosféricas de metano han alcanzado máximos históricos.

Uno de los principales desafíos es la disponibilidad limitada de sistemas de monitoreo exhaustivos y coherentes, especialmente en la región de Asia-Pacífico. Muchos países dependen de inventarios autodeclarados y metodologías fragmentadas, mientras que el acceso a datos continuos y de alta resolución sigue siendo desigual. Las zonas industriales densamente pobladas, las infraestructuras urbanas complejas y el despliegue limitado de sensores terrestres pueden dificultar en la práctica el seguimiento fiable del metano.

La Estrategia sobre el Metano de Corea del Sur (2023) informa que más del 71 % de las emisiones de metano del sector energético provienen de fuentes fugitivas. El establecimiento de una infraestructura sólida para monitorear y cuantificar estas emisiones en tiempo real sigue siendo un ámbito en desarrollo activo.

Esta falta de datos puede limitar la eficacia de las estrategias de mitigación y complicar la participación en los marcos emergentes de financiación climática, que dependen de reducciones de emisiones verificadas de forma independiente.

El monitoreo satelital proporciona datos prácticos sobre las emisiones de metano

A menudo, las emisiones de metano se notifican por debajo de su nivel real y son difíciles de detectar. El conocido principio «no se puede gestionar lo que no se puede medir» es especialmente pertinente en este contexto. Sin datos precisos y verificables, las estrategias eficaces de mitigación siguen estando fuera de alcance.

En respuesta, las principales economías han comenzado a aplicar regulaciones más estrictas sobre el metano. En Estados Unidos, una tasa sobre las emisiones de metano, introducida en virtud de la Ley de Reducción de la Inflación, entró en vigor en 2024. Los operadores que superen los límites permitidos de metano están sujetos ahora a una tasa de 900 dólares por tonelada métrica, que aumentará a 1.200 dólares en 2025 y a 1.500 dólares para 2026.

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Mientras tanto, la Unión Europea también ha adoptado nueva legislación que exige el monitoreo, la notificación y la verificación (MRV) de las emisiones de metano en las operaciones de petróleo, gas y carbón, incluidas las importaciones.

Sin embargo, la dispersión de las fuentes de metano, los patrones irregulares de emisión y su ubicación remota plantean dificultades para el monitoreo terrestre tradicional. Por ello, la observación de la Tierra por satélite, combinada con análisis basados en inteligencia artificial (IA), se perfila como una solución escalable e independiente para el seguimiento de las emisiones casi en tiempo real y la rendición de cuentas.

El papel cambiante del monitoreo satelital del metano

Los sistemas satelitales tradicionales se han centrado principalmente en detectar tendencias generales de las emisiones de gases de efecto invernadero a escala mundial. Sin embargo, a medida que ganan terreno los precios del carbono y los impuestos basados en las emisiones, crece la urgencia de contar con un monitoreo de alta resolución, capaz de identificar las emisiones a nivel de instalación, complejo industrial o empresa.

En América del Norte, una red bien desarrollada de proveedores comerciales de observación de la Tierra, junto con un terreno relativamente abierto y accesible, ha favorecido el avance de la vigilancia del metano tanto aérea como satelital. Aun así, identificar fugas de bajo volumen en infraestructuras dispersas requiere capacidades espaciales y espectrales cada vez más refinadas.

En la región de Asia-Pacífico, donde las operaciones industriales están más concentradas y las fuentes de emisiones suelen estar muy próximas entre sí, estos desafíos se intensifican. El monitoreo eficaz en esos entornos exige sistemas de mayor resolución, capaces de aislar a cada emisor en paisajes operativos complejos. Este nivel de granularidad es fundamental para pasar de estimaciones generales a datos prácticos.

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Para abordar esta cuestión, Nara Space, una empresa aeroespacial con sede en Corea del Sur, está desarrollando NarSha, la primera constelación de nanosatélites del país dedicada al metano. Compuesta por 12 satélites, NarSha ofrecerá cobertura mundial y detectará emisiones de hasta 100 kilogramos por hora, con una distancia de muestreo terrestre (GSD) inferior a 25 metros, una resolución significativamente más fina que la de muchos sistemas espaciales existentes.

Esta precisión permite detectar las columnas de metano y también atribuir las emisiones a fuentes específicas, desde campos energéticos remotos hasta entornos densamente urbanizados. Facilita respuestas normativas más rápidas, estrategias de mitigación focalizadas y mecanismos de aplicación basados en pruebas verificables.

NarSha se está desarrollando en colaboración con gobiernos locales para contribuir al diseño de marcos de monitoreo del metano adaptados a cada región. Este cambio —de la detección general a la vigilancia focalizada— permite a los reguladores y las empresas pasar de una gestión basada en estimaciones a una acción sustentada en datos verificados. Es fundamental para cerrar la brecha de rendición de cuentas en la región de Asia-Pacífico y garantizar una reducción creíble del metano.

Convertir los compromisos de reducción del metano en acciones

El Centro para la Cuarta Revolución Industrial (C4IR) del Foro Económico Mundial está en una posición única para traducir la información sobre el metano procedente de los nuevos sistemas satelitales en marcos prácticos de políticas e inversión.

Iniciativas como el Compromiso Mundial sobre el Metano y el Observatorio Internacional de Emisiones de Metano del PNUMA han sentado las bases para una mayor transparencia y rendición de cuentas científica. Sin embargo, la integración de datos de metano obtenidos por satélite en los sistemas nacionales de monitoreo, notificación y verificación, las divulgaciones ambientales, sociales y de gobernanza y los marcos de financiación sostenible sigue siendo desigual, especialmente en la región de Asia-Pacífico, donde las estructuras regulatorias son complejas y aún evolucionan.

Para cerrar esta brecha de implementación, C4IR puede desempeñar un papel catalizador mediante alianzas intersectoriales para:

  • Desarrollar estándares mundiales y herramientas de política que permitan incorporar las mediciones satelitales del metano a los protocolos de MRV, la información corporativa y los marcos de riesgo climático.

  • Poner en marcha y apoyar programas piloto en Asia-Pacífico que vinculen las reducciones verificadas de metano con incentivos financieros y de mercado, como la elegibilidad para contrataciones, los parámetros de desempeño basados en la intensidad o los mercados voluntarios de carbono.

  • Impulsar la innovación jurídica y regulatoria para convertir las emisiones detectadas por satélite —como las señaladas por el Sistema de Alerta y Respuesta al Metano (MARS) del PNUMA— en mecanismos de aplicación y obligaciones contractuales concretos.

Al impulsar estos esfuerzos, C4IR puede ayudar a acelerar el paso de la transparencia a la rendición de cuentas y permitir que los países de Asia-Pacífico lideren la mitigación del metano basada en datos y vinculada a la financiación.

De este modo, la región no solo cerrará su brecha en materia de metano, sino que podrá definir el estándar mundial para traducir los datos de emisiones en acciones climáticas exigibles y alineadas con el mercado.

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