Las nuevas tecnologías deben crear empleo, no destruirlo

Pyeongchang 2018 Winter Olympics - Alpensia Main Press Centre, South Korea - February 13, 2018. A robot carpet cleaner passes a worker using a traditional vacuum cleaner in the Main Press Centre. REUTERS/Phil Noble - RC11EFC938C0
Increased automation could eliminate jobs.Image: REUTERS/Phil Noble
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Toda revolución industrial, aun cuando trae trastornos, acaba generando más empleo, oportunidades y progreso, y conecta a las personas aún más estrechamente con el mundo que las rodea.

La invención de la máquina de vapor redujo la necesidad de fuerza humana bruta, de sistemas de canales y de caballos, así como de los herreros que se ocupaban de ellos, pero impulsó una nueva era de manufactura, ferrocarriles y transporte marítimo que creó las arterias de la economía mundial moderna.

La llegada del diésel, del motor de combustión interna y de la electricidad provocó trastornos sociales cuando los trabajadores se trasladaron del campo a las ciudades; sin embargo, estas innovaciones nos trajeron el Modelo T de Ford, la refrigeración, la agricultura mecanizada y una era de producción en masa que dio lugar a una nueva clase media mundial.

El auge de la automatización, la informática personal y las tecnologías de la información eliminó empleos como los de operador telefónico y mecanógrafo, y redujo la necesidad de trabajadores de manufactura, secretarios, agentes de viajes y teleoperadores; también dio paso a la era de Internet, que transformó la economía mundial.

Hoy, en la Cuarta Revolución Industrial, vuelve a ponerse a prueba la relación entre la tecnología y el progreso social.

La convergencia de las redes sociales, la tecnología móvil, la ciencia de datos, el Internet de las cosas (IoT) y la inteligencia artificial (IA) está acelerando el ritmo del cambio a una velocidad sin precedentes. Debemos ser optimistas ante las infinitas posibilidades que traerá esta nueva era, pero también prepararnos para el impacto que una revolución como esta tendrá en todos nosotros, como personas y como sociedades.

Por un lado, las tecnologías actuales crearán nuevos empleos, también en ámbitos emergentes como el trabajo colaborativo en línea, los vehículos autónomos y la economía colaborativa. Esto prolonga una tendencia de transformación de la fuerza laboral. Según el Instituto Global McKinsey, un tercio de los empleos creados en Estados Unidos durante los últimos 25 años —como los relacionados con el desarrollo de tecnologías de la información y la gestión de sistemas— no existía, o apenas existía, hace un cuarto de siglo. En los próximos años, empresas como Salesforce, que aprovechan tecnologías como la IA y el IoT para crear nuevas soluciones empresariales, generarán millones de empleos.

Por otro lado, el aumento de la automatización podría eliminar empleos en la manufactura, el transporte, el comercio minorista, la atención sanitaria y la administración. De cara al futuro, el Foro Económico Mundial estima que aproximadamente el 35 % de las competencias requeridas para los empleos de todos los sectores cambiará para 2020. La mayoría de los niños que hoy comienzan la escuela primaria trabajarán en ocupaciones que aún no existen.

Los líderes empresariales tienen la responsabilidad de garantizar que los empleos y las oportunidades que generan estas tecnologías, ahora y en el futuro, estén al alcance de todos.

Ante todo, esto exige ampliar el acceso a la educación y a la formación en competencias necesarias para los empleos del futuro. Nuestra experiencia en Salesforce, en especial el trabajo con socios y programas como Trailhead, un programa de formación gratuito, y Vetforce, un programa que impulsa la inserción laboral de miembros de las fuerzas armadas, ha sido instructiva y demuestra que el progreso puede ser inclusivo.

Pero, por importantes que sean los esfuerzos de cada organización, lograr el progreso social que buscamos requerirá una acción colectiva en todos los sectores: desde los gobiernos hasta las organizaciones sin fines de lucro y las instituciones académicas.

Para avanzar como sociedades justas e igualitarias, necesitamos algo más que avances tecnológicos: debemos comprender y prepararnos para las posibles consecuencias de la innovación, tanto positivas como negativas.

La Universidad Carnegie Mellon desempeña un papel importante en este esfuerzo. Está creando un nuevo Centro de Tecnología y Sociedad que estudia cómo las tecnologías emergentes afectan la capacidad de los trabajadores de todos los niveles de competencia para ganarse la vida en el siglo XXI. Y, a medida que incorporamos a más académicos y líderes de primer nivel de todo el mundo para estudiar las consecuencias económicas y sociales del cambio tecnológico, espero que, como sociedad, podamos desarrollar intervenciones innovadoras en materia de políticas para ayudar a garantizar que sus beneficios se compartan ampliamente, ahora y en el futuro.

Por asombrosas que sean las tecnologías actuales, apenas estamos en los albores de esta Cuarta Revolución Industrial. En las próximas décadas tendremos la oportunidad —si las empresas, los gobiernos, el mundo académico y las sociedades están dispuestos a trabajar juntos de verdad— de garantizar que sus beneficios lleguen al mayor número posible de personas en todo el mundo. Podemos dar esperanza a las generaciones actuales y futuras: en lugar de verse desplazadas por esta revolución, podrán liderarla.

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