Los científicos han descubierto una forma de controlar cómo piensas

A scientist working in cancer research laboratories at the Old Road Campus research building at Oxford University, in Oxford, Britain May 11, 2016. REUTERS/Peter Nicholls - D1AETGHFPGAB
Researchers from Boston University have explored how to change how people think by stimulating the brain.Image: REUTERS/Peter Nicholls
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En resumen

¿Y si pudieras mejorar tus aptitudes y rendimiento mental estimulando directamente zonas específicas del cerebro? Eso es lo que quiso averiguar un equipo de investigadores de la Universidad de Boston, que desarrolló un procedimiento experimental capaz de cambiar tu forma de pensar.

Estimular los lóbulos adecuados

Un equipo de investigadores de la Universidad de Boston (BU) ha explorado la posibilidad de mejorar la capacidad de una persona para aprender y controlar su comportamiento —en resumen, de cambiar cómo piensa— mediante la estimulación cerebral. Robert Reinhart, investigador de la BU, utilizó una nueva forma de estimulación cerebral, llamada estimulación transcraneal de corriente alterna de alta definición (HD-tACS), para «potenciar» dos regiones cerebrales que influyen en nuestra forma de aprender.

«Si cometes un error, esta zona del cerebro se activa. Si te digo que has cometido un error, también se activa. Si algo te sorprende, se activa», dijo Reinhart en un comunicado de prensa de Investigación de la BU, en referencia a la corteza frontal medial, a la que llama «la alarma del cerebro».

Image: Universidad de Boston

Reinhart y sus colegas descubrieron que estimular esta región, así como la corteza prefrontal lateral, podía cambiar la forma en que aprende una persona. «Quizá estas sean las dos áreas cerebrales más fundamentales para la función ejecutiva y el autocontrol», añadió.

En un estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), el equipo de Reinhart describió cómo la aplicación de estimulación eléctrica mediante HD-tACS aumentó o redujo de forma rápida y reversible la función ejecutiva de personas sanas, lo que provocó un cambio en su comportamiento.

Estimulación inteligente

El equipo de Reinhart evaluó a 30 personas sanas, cada una con un gorro blando con electrodos que transmitían la estimulación. La prueba era sencilla: cada participante debía pulsar un botón cada 1,7 segundos. En las tres primeras rondas de pruebas, los investigadores aumentaron la sincronía entre los dos lóbulos, la alteraron o no hicieron nada.

La actividad cerebral de los participantes, monitorizada mediante un electroencefalograma (EEG), mostró resultados estadísticamente significativos. Cuando aumentaron las ondas cerebrales, los participantes aprendieron más rápido y cometieron menos errores, que corrigieron de forma abrupta. Cuando se alteró la sincronía, cometieron más errores y aprendieron más despacio.

Aún más sorprendente fue lo ocurrido cuando 30 nuevos participantes realizaron una versión ajustada de la prueba. Este grupo comenzó con la actividad cerebral temporalmente alterada, pero después recibió estimulación a mitad de la actividad. Los participantes recuperaron rápidamente sus niveles originales de sincronía cerebral y su comportamiento de aprendizaje. «Nos sorprendieron los resultados y la rapidez con que podían revertirse los efectos de la estimulación», afirma Reinhart.

Aunque su estudio aún deja mucho por aprender, el equipo de la BU fue el primero en identificar y probar cómo se comunican entre sí, mediante ondas cerebrales de baja frecuencia, los millones de células de la corteza frontal medial y la corteza prefrontal lateral. «La ciencia es mucho más sólida y precisa que lo que se había hecho antes», dijo David Somers, profesor de ciencias cerebrales y psicología de la BU, que no participó en el estudio.

La gran pregunta, señaló Somers, es hasta dónde puede llegar una persona con esta tecnología. ¿Quién no querría mejorar el rendimiento de su cerebro? Esto podría producir los mismos efectos que los nootrópicos o las drogas inteligentes, pero con menos posibles efectos secundarios, ya que el cerebro se estimula directamente. Tener acceso a una tecnología así podría cambiar las reglas del juego, pero, al igual que ocurre con las drogas inteligentes, cabe preguntarse quién debería tener acceso a esta tecnología.

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