Con demasiada frecuencia, durante la pandemia de COVID-19, una comunicación deficiente por parte de científicos y expertos ha provocado una baja aceptación de medidas que podrían haber salvado vidas.
Esto está teniendo un impacto significativo en los avances para hacer frente a la pandemia, en Estados Unidos y en otros lugares.
Los científicos y los líderes sanitarios deben centrarse en desarrollar claridad y empatía, pues son las cualidades clave para una comunicación eficaz en una crisis.
Las buenas habilidades comunicativas disuaden los conflictos, generan un sentido de esfuerzo colectivo y, en última instancia, salvan vidas.
El comportamiento de la población desde el inicio de la pandemia de COVID-19 ha demostrado la importancia de una buena comunicación por parte de expertos y científicos. Con demasiada frecuencia, una comunicación ineficaz ha provocado una escasa aceptación de medidas que podrían haber salvado vidas.
El debate en torno a las mascarillas es un ejemplo. Al principio hubo cierta preocupaciónpreocupación por la oferta limitada de mascarillas, pero los científicos deberían haber sido transparentes sobre la situación cambiante, indicando claramente que surgían pruebas sobre la eficacia de las mascarillasla eficacia de las mascarillas, lo que podría dar lugar a que las directrices cambiaran en el futuro. Sin embargo, muchos hicieron afirmaciones categóricas de forma prematura, especialmente en las redes sociales, lo que en última instancia alimentó la reticencia de la población a usar mascarillas, incluso después de que se dispusiera de más información.
De forma similar, una comunicación poco clara sobre los riesgos de utilizar espacios exteriores con distanciamiento social dio lugar auna indignación moral desproporcionada por la afluencia de personas a la playa. Más recientemente, la confusión y la desinformación sobre la eficacia de las distintas vacunasllevaron a la alcaldesa de Detroit a rechazar miles de dosis de la vacuna de Johnson & Johnson destinadas a los residentes de la ciudad.
No cabe duda de que la mala comunicación sobre la ciencia está teniendoun impacto grave en los avances para hacer frente a la pandemia, en Estados Unidos y en otros lugares. Para combatir esta situación, los científicos deben ser más reflexivos y proactivos en la forma en que comunican la información al público. Es evidentemente ineficaz compartir la información tal como se presenta en la literatura científica; comunicarse con el público general requiere un enfoque diferente. La pandemia nos ha dejado algunas lecciones importantes sobre cómo hacerlo.
En primer lugar, los científicos deben entender que cambiar el comportamiento de la población no solo consiste en proporcionar información, sino también en mostrar empatía. Investigación sobre la reticencia a la vacunación realizada por epidemiólogos y científicos sociales ha demostrado que no es la falta de información, sino un conjunto básico de convicciones morales, lo que lleva a las personas a rechazar la vacunación. Las investigaciones sugieren que, cuando los científicos reconocen el impacto negativo que las intervenciones de salud pública, como el distanciamiento social, tienen en la vida social de las personas, es más probable que estas las acepten y cumplan. Los estudios también muestran quelos líderes sanitarios son más eficaces si demuestran empatía.
La segunda lección de la pandemia de COVID-19 ha sido que los científicos no deben dar por supuesto que su audiencia tiene el mismo nivel de conocimiento que quien habla o escribe. Esta suposición —lo que el psicólogo Steven Pinker ha denominado «la maldición del conocimiento»— es un punto ciego cognitivo común entre los académicos. Es esencial que los científicos utilicen un lenguaje claro y eviten la jerga. Aunque los académicos y científicos suelen comunicarse a través de publicaciones en revistas y libros académicos, plataformas que en esencia exigen jerga para su aceptación, esto resulta contraproducente cuando se comunican los hallazgos científicos al público general.
Esto se demostró enun estudio influyente realizado por investigadores de comunicación de la Universidad Estatal de Ohio, quienes analizaron cómo el uso de jerga afectaba al interés por la ciencia. El estudio constató que las personas que leían sobre temas que iban desde los coches autónomos hasta la impresión 3D y los robots quirúrgicos en un texto repleto de jerga declaraban estar menos interesadas en comparación con quienes leían sobre los mismos temas en un lenguaje claro. En el contexto de la vacunación, en particular, el uso de términos técnicos como «tasas de eficacia» ha generado confusión. Un mensaje más eficaz podría haberse centrado en el porcentaje de probabilidad de que una persona vacunada se infecte.
Por supuesto, la ciencia y la medicina son disciplinas dinámicas, y la información y las pruebas cambian constantemente. Pero esto no debería impedir que los investigadores comuniquen sus pruebas, incluso cuando algunas de ellas sean ambiguas o estén sujetas a cambios. Un estudio reciente demostró que las personas no son menos propensas a confiar en la información que incluye un elemento de incertidumbre y ambigüedad. Los autores del estudio también constataron que resulta eficaz utilizar rangos numéricos al comunicar la incertidumbre en torno a los datos.
La pandemia de COVID-19 ha mostrado lo mejor de la ciencia, como demuestra el rápido desarrollo de las vacunas. Pero también ha puesto de manifiesto las limitaciones de la investigación médica, al mostrar a la población que las pruebas a menudo se acumulan de forma gradual, ambigua y con mucho tiempo de por medio. En una pandemia, cuando el acceso a la información es necesario para tomar decisiones críticas, estas limitaciones pueden generar frustración y conflicto.
Por esta misma razón, los líderes sanitarios y los expertos deben comunicar sobre la ciencia con claridad y empatía. Estas son las cualidades que disuaden los conflictos y fomentan un sentido de esfuerzo colectivo. Más que nunca, cómo comunicamos es probablemente tan importante como qué comunicamos, porque nuestras vidas pueden depender de ello.




