La entrega equitativa de vacunas impulsará mejores procesos de salud mundial

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  • Con orígenes en Brasil, Sudáfrica y Europa, las variantes del SARS-CoV-2 eluden los controles fronterizos, la inmunidad, los anticuerpos monoclonales y algunas vacunas.

  • Mientras no alcancemos procesos de vacunación equitativos en todo el mundo, la COVID-19 no irá a ninguna parte.

  • La entrega de vacunas quizá no sea una cuestión de ciencia de cohetes, pero podemos aprender del equipo de Elon Musk cómo lograrlo.

SpaceX, fundada en 2002 por Elon Musk con el objetivo de reducir los costos del transporte espacial para posibilitar la colonización de Marte, tuvo en su momento una epifanía: si su equipo construía un cohete reutilizable, podría reducir costos y, al mismo tiempo, aumentar la velocidad, la innovación y la calidad.

De ahí nació el Falcon 9. La reutilización permite a SpaceX volver a lanzar las partes más costosas del cohete, lo que a su vez reduce el costo del acceso al espacio.

Fue visionario y funcionó. De hecho, el Falcon 9 fue el cohete más lanzado de 2020.

El cohete reutilizable de la salud mundial

En los círculos de la salud mundial, hablamos mucho de la necesidad de fortalecer los sistemas de salud. Lo que realmente queremos decir con esto es que también necesitamos un “cohete” reutilizable, uno de salud mundial. Combinaría tecnología, personas y procesos para lanzar intervención tras intervención.

El peligro es que podríamos perder una oportunidad de oro para crear esta base si no aprovechamos las inversiones que actualmente se realizan para desplegar las vacunas contra la COVID-19. Al aprovechar las plataformas tecnológicas modernas para los trabajadores sanitarios comunitarios, las organizaciones de base comunitaria y los prestadores de primera línea, podríamos construir un cohete reutilizable para alcanzar nuevos resultados en salud.

La misión más inmediata de un cohete de salud mundial es garantizar que la entrega de vacunas sea equitativa y justa.

Jonathan Jackson y Vikram Kumar

GAVI, la Iniciativa Mundial para las Vacunas contra el SIDA, ha creado mecanismos mundiales para tratar de garantizar que todas las personas puedan adquirir la vacuna. La nueva administración Biden anunció una contribución de 4000 millones de dólares a GAVI. El programa de 12 000 millones de dólares del Banco Mundial sugiere planificar unos 5 dólares por dosis y 1 dólar por la entrega de cada una.

Este dólar para la entrega es clave: si somos inteligentes al respecto, puede constituir un anticipo vital para nuestro cohete reutilizable. La misión más inmediata de un cohete de salud mundial es garantizar que la entrega de vacunas sea equitativa y justa.

El poder de la comunidad para la salud

Las organizaciones de base comunitaria desempeñan un papel fundamental para generar confianza en las comunidades desatendidas y serán esenciales para garantizar que las poblaciones clave adopten la vacuna y tengan acceso a ella.

Al invertir dinero directamente en organizaciones de base comunitaria, en lugar de recurrir al enfoque indirecto de pagar a consultores caros que luego se pondrán en contacto con las organizaciones para obtener sus ideas, podemos crear la infraestructura para combatir esta crisis de salud pública. Y así es también como se construye una infraestructura sólida de salud comunitaria y pública para el futuro.

Estos equipos y sistemas no solo son elementos críticos para administrar las vacunas contra la COVID-19, sino que también son esenciales para lograr resultados exitosos en todas las demás intervenciones sanitarias del futuro. La vacunación sistemática de los niños —una de las mejores inversiones en salud mundial— ha caído drásticamente debido a la COVID-19.

Empoderar a las comunidades para construir esta base requerirá una planificación, tecnología, verificación y seguimiento sofisticados. Diversas plataformas de salud digital se han diseñado con el propósito de funcionar sin conexión, proporcionar verificación y seguimiento de múltiples dosis, permitir registros portátiles y hacer seguimiento. Estos sistemas han demostrado su eficacia en muchos países de ingresos bajos y medianos.

Garantizar que los pacientes dispongan de un registro digital longitudinal que llegue hasta el nivel comunitario y que también esté disponible en el lugar de vacunación será fundamental tanto para la distribución equitativa de las vacunas contra la COVID-19 como para casos de uso futuros.

Escuchamos una preocupante sensación de fatalismo, según la cual podríamos haber perdido la única ventana para construir una base sólida para nuestro cohete de salud mundial. Esto simplemente no es cierto.

Sí, quizá el mejor momento para plantar un árbol fue hace 20 años. Pero el segundo mejor momento es ahora.

Construyamos un cohete reutilizable que distribuya equitativamente las vacunas hoy y que pueda volver a despegar mañana para llegar a quienes más lo necesitan.

Jonathan Jackson y Vikram Kumar

Han surgido muchas historias sobre los esfuerzos de despliegue de vacunas, entre ellas retos al escalar nuevos sistemas tecnológicos costosos. Pero también hay historias positivas de gobiernos que prueban nuevos enfoques eficaces para adquirir tecnología digital y ahorrar millones de dólares.

Todavía hay tiempo para crear nuestro cohete y, aunque la presión temporal es inmensa, podemos satisfacer la necesidad.

Construyamos un cohete reutilizable que distribuya equitativamente las vacunas hoy y que pueda volver a despegar mañana para llegar a quienes más lo necesitan.

La innovación en la adquisición y el cambio rápido de los sistemas son increíblemente difíciles. Los científicos de vacunas han generado un proyecto de gran ambición al desarrollar un conjunto de vacunas de forma rápida y eficaz.

Nuestra comunidad de salud pública debe ser audaz y construir de la forma en que lo hizo SpaceX. Nuestro producto será una plataforma reutilizable y, a su vez, descartaremos cualquier plan futuro de misiones puntuales y sobrevaloradas.

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