La próxima semana, miles de líderes y expertos en océanos se reunirán en Nueva York para abordar un problema urgente: ¿cómo podemos proteger los océanos del mundo? Para lograrlo, tendrán que examinar todas las formas en que los océanos interactúan con las realidades y aspiraciones de desarrollo de las personas. Eso requiere analizar a fondo cómo producimos y consumimos alimentos, de dónde obtenemos la energía, cómo desarrollamos las ciudades y creamos empleos, y mucho más.
Probablemente esto no sea lo que esperaban los delegados de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Océanos al inscribirse. Al fin y al cabo, la conferencia es el primer encuentro internacional dedicado exclusivamente a un único Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS): el ODS 14, conservar y utilizar sosteniblemente los océanos, y a cómo alcanzarlo. Este es un paso importante, pero ignorar las interacciones entre el ODS 14 y los demás objetivos sería un grave error.
Un informe reciente del Consejo Internacional para la Ciencia (ICSU, por sus siglas en inglés) ha dado el audaz paso de cuantificar cuán importantes son estas interacciones. Desde que se adoptaron los ODS en 2015, sabemos que los objetivos están vinculados; se concibieron como un «todo indivisible». Entendemos que algunos ODS se refuerzan mutuamente: promover la equidad de género puede reducir las desigualdades e impulsar el crecimiento económico. También sabemos que algunos objetivos y sus metas subyacentes entran en conflicto. Por ejemplo, impulsar la agricultura para producir más alimentos podría ejercer presión sobre el agua, la energía y el medio ambiente.
Pero alcanzar los ODS requiere comprender más a fondo cómo funcionan estos vínculos. Cuantificarlos era una tarea ambiciosa, pero el informe resultante es un plan pionero que ayuda a los países a proteger a las personas y al planeta, incluidos nuestros océanos.
Así se elaboró el informe: un consorcio de organizaciones de investigación científica dirigido por el ICSU aplicó una escala de siete puntos para cuantificar las sinergias y los conflictos entre los ODS. La escala va de +3, cuando un objetivo o una meta refuerza mucho a los demás, a -3, cuando los objetivos y las metas entran en conflicto. Una puntuación de 0 indica una interacción neutra. Junto con un grupo de destacados expertos en sostenibilidad, examinamos cuatro objetivos para poner a prueba este marco de puntuación, incluido el ODS 14 y sus 10 metas.
La escala podría utilizarse para responder a muchas preguntas: ¿las iniciativas para garantizar una vida saludable bajo el agua apoyarían o perjudicarían la salud en tierra? ¿Los avances hacia la pesca sostenible ayudarían o dificultarían que las personas obtuvieran una nutrición suficiente? ¿Más empleos en el turismo costero y la agricultura ejercerían una presión peligrosa sobre los ecosistemas marinos? ¿Y esa posible presión superaría los beneficios prometidos del crecimiento económico?
Una de las relaciones positivas más sólidas se da entre la protección de los océanos y la garantía de modalidades de consumo y producción sostenibles (ODS 12). En 2010, los países costeros generaron 275 millones de toneladas de plástico. Hasta 13 millones de toneladas de residuos plásticos acabaron en los océanos del mundo: ensuciaron las playas, asfixiaron a las aves marinas y obstruyeron los ecosistemas marinos. Alentar a la industria, la agricultura y los hogares a reducir su consumo y producción podría disminuir drásticamente este volumen de basura tóxica, además de minimizar la acidificación de los océanos y proteger los frágiles ecosistemas. En resumen, el problema de la basura marina no se resolverá mientras la producción y el consumo sigan generando más residuos plásticos.
La relación entre el ODS 14 y el ODS 1, poner fin a la pobreza, es compleja. Unos océanos y costas saludables, productivos y resilientes permiten hacer crecer las economías y reducir la pobreza. Esto es especialmente cierto en las comunidades costeras pobres, donde la gente depende de los océanos para conseguir empleo e ingresos. Sin embargo, el aumento de la actividad económica puede dañar el medio ambiente y generar presión sobre los recursos. Esta tensión se observa claramente en Somalia, Kenya, Tanzania y la región más amplia del oeste del océano Índico, donde 65 millones de personas viven a menos de 10 kilómetros de la costa. Estas comunidades deben equilibrar los beneficios del turismo y el desarrollo costeros con los peligros de la pesca ilegal, la minería y la agricultura costera de uso intensivo de recursos, mientras afrontan algunos de los indicadores de desarrollo humano más bajos del mundo.
Algunas de las sinergias más sólidas se dan entre las iniciativas para proteger los océanos y combatir el cambio climático (ODS 13). Estos objetivos requieren muchas de las mismas innovaciones, conocimientos y recursos. No abordar el cambio climático causará daños irreparables a las comunidades costeras, especialmente en islas de baja altitud, como Kiribati, las Maldivas y las Islas Marshall, que afrontan graves daños y costos. La nación insular de Fiji ya ha comenzado a trasladar tierra adentro a las personas que viven en las costas debido al aumento del nivel del mar y los daños causados por las tormentas.
Pero ni siquiera estos dos objetivos siempre van de la mano, ya que las medidas de adaptación al cambio climático podrían contrarrestar el ODS 14. Por ejemplo, los diques o las barreras construidos para proteger las zonas costeras bajas de las marejadas ciclónicas podrían impedir que humedales frágiles, como las marismas salinas, se desplacen tierra adentro a medida que sube el nivel del mar, lo que provocaría un fenómeno destructivo conocido como «estrangulamiento costero».
Ahora que comprendemos mejor la naturaleza y el alcance de las interacciones entre los ODS, ¿cómo seguimos adelante?
Los países pueden aplicar la escala de siete puntos elaborada para este informe a fin de mejorar la salud de nuestros océanos y alcanzar todos los ODS y sus metas. Los líderes que trabajan para cumplir el ODS 14 deben encontrar un equilibrio delicado entre las protecciones tan necesarias y el desarrollo que garantizará el crecimiento económico, la salud y el bienestar futuros. No es una tarea fácil. Exige que los líderes simplifiquen y fortalezcan las políticas que rigen la protección de los océanos, y que el público en general las comprenda, las valore y las exija.
La colaboración entre sectores será clave para implementar con éxito todos los ODS. El informe dirigido por el ICSU ofrece una herramienta para iniciar estas conversaciones. La elaboración de la escala de siete puntos animó a científicos de distintas disciplinas —oceanógrafos, agrónomos, epidemiólogos y muchos más— a trabajar juntos. El proceso impulsó una forma de pensar basada en sistemas, que no suele resultar natural para la mayoría de los especialistas. Este grupo diverso de científicos creó y probó una manera común de hablar sobre los ODS y clasificarlos en una escala.
En lo que respecta al ODS 14, es fundamental que las próximas conversaciones también tengan lugar en las comunidades costeras, donde la gente tiene más que ganar —y perder— con unos océanos saludables y vibrantes. También es importante que estas conversaciones atraviesen las fronteras administrativas y físicas, porque los vínculos entre los ODS rara vez respetan esos límites.
Debemos actuar ahora para salvar nuestros océanos. Pero la acción debe ser estratégica: reforzar las mejores oportunidades para impulsar otros objetivos y hacer concesiones sensatas cuando sea necesario. Cuanto mejor comprendamos las interacciones entre los ODS, mejor podremos proteger a las personas y al planeta para las generaciones futuras.



