Los bosques no solo reducen el cambio climático: también pueden mejorar nuestra salud mental y física

Light coming through a forest.
Forest ecosystems can provide fuel and medicine to local communities as well as healthier foods.Image: UNSPLASH/Steven Kamenar
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  • Un nuevo informe de WWF explica cómo los bosques inciden directamente en la salud pública.

  • No solo actúan como reservorios de enfermedades potencialmente contagiosas, sino que también filtran la contaminación del agua y del aire, que de otro modo podría provocar enfermedades como el cáncer y la diabetes.

  • El informe aporta pruebas de que los bosques ayudan a aliviar la inseguridad alimentaria y la malnutrición, al tiempo que mejoran la salud mental.

Durante la pandemia, mientras los investigadores buscaban el origen de la COVID-19 en los mercados de productos frescos y el comercio de animales, volvió a surgir la preocupación por el posible impacto del mundo natural en la salud pública. Un número creciente de expertos y funcionarios gubernamentales señaló la agricultura, la urbanización y otras formas de cambio en el uso del suelo como factores que aumentan la probabilidad de que nuevas enfermedades pasen de los animales a los seres humanos.

Pero el impacto de la naturaleza en la salud pública va mucho más allá de las enfermedades infecciosas. Un nuevo informe de WWF busca ampliar el relato y exponer las distintas formas en que los ecosistemas forestales pueden influir, de manera positiva y negativa, en aspectos como la salud mental, la malnutrición y el cáncer.

«Los bosques son una solución de salud pública», declaró a Mongabay Annika Terrana, directora de bosques de WWF y coautora del informe, «y deberían formar parte de nuestro enfoque y nuestra comprensión de la salud pública».

Si bien se ha demostrado que la deforestación fragmenta los hábitats forestales, lo que provoca una mayor concentración de enfermedades contagiosas como la COVID-19, el informe afirma que también está relacionada con enfermedades no infecciosas, como la diabetes, la fiebre tifoidea y las enfermedades respiratorias.

Los bosques ayudan a filtrar millones de toneladas de contaminantes del aire cada año, lo que contribuye a reducir cientos de miles de casos de problemas respiratorios agudos, como el asma. A largo plazo, la reducción de la contaminación también disminuye las enfermedades cardiovasculares y pulmonares, así como el cáncer de pulmón, entre otras afecciones.

Por otro lado, cuando los bosques arden, liberan enormes cantidades de contaminación al aire que pueden tener efectos adversos en la salud humana.

'La selva amazónica de La Chorrera, en el departamento de Amazonas, Colombia.'Image: Luis Barreto / WWF-UK.

Los bosques también ayudan a reducir la erosión del suelo y los sedimentos que contribuyen a contaminar el agua potable, lo que de otro modo podría provocar fiebre paratifoidea e infecciones de las vías respiratorias bajas, especialmente en zonas rurales, afirma el informe.

Desde la perspectiva de la salud pública, ese impacto dista mucho de ser insignificante. Según la Comisión Lancet sobre contaminación y salud, las enfermedades no transmisibles, desde las afecciones gastrointestinales hasta los accidentes cerebrovasculares y las enfermedades cardiovasculares, representan alrededor del 70% de las muertes en todo el mundo. Solo en 2015, la contaminación estuvo relacionada con 9 millones de muertes.

«Si observamos cómo los bosques pueden mitigar la contaminación del aire o del agua, vemos correlaciones bastante directas entre los bosques y la disponibilidad de aire y agua limpios, así como el consiguiente efecto en la prevención de enfermedades no transmisibles», afirmó Craig Beatty, coautor del informe y gerente de estrategia e investigación forestal de WWF.

En todo el mundo, se perdieron alrededor de 10 millones de hectáreas (2,5 millones de acres) de bosque cada año entre 2015 y 2020, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). La Amazonía, un recurso fundamental para absorber carbono, ha perdido el 17% de su superficie en los últimos 50 años.

Esto repercute directamente en la salud y el bienestar de los 1.600 millones de personas que dependen directamente de los bosques para subsistir, según el informe. Los ecosistemas forestales pueden proporcionar combustible y medicinas a las comunidades locales, así como alimentos más saludables que los que suelen estar disponibles en las zonas urbanas sin bosques, como frutos secos, semillas, frutas y verduras de hoja, pescado e insectos.

«Los niños que sufren malnutrición durante los primeros 1.000 días de vida acumulan problemas de salud que los acompañan durante el resto de sus vidas», afirmó Beatty. «Los bosques proporcionan vitaminas y nutrientes que, de otro modo, quizá no estarían disponibles, sobre todo en lugares donde los mercados no están bien abastecidos».

Según el informe, las personas que pueden depender de los bosques de forma segura suelen tener el pulso y la presión arterial más bajos. También tienden a llevar una vida más activa, lo que puede contribuir a mejorar la salud mental.

Además de proporcionar alimentos, medicinas y materias primas, la capacidad de los bosques para filtrar y almacenar agua ayuda a reducir el riesgo de sequías mortales, olas de calor e incendios, y evita la erosión que puede provocar deslizamientos de lodo, señala el informe.

'El pescador keniano Hilary Masuma transmite a su nieto sus conocimientos sobre el bosque de Kaya Kauma.'Image: Greg Armfield / WWF-UK.

Una nueva mentalidad

Al reconocer que los bosques inciden directamente en la salud humana, el informe de WWF pide una mayor colaboración entre los conservacionistas y el sector de la salud pública.

«Si, mediante la colaboración con organizaciones de salud pública, logramos siquiera reducir en un 1% la incidencia de las enfermedades no transmisibles gracias a los bosques», afirmó Beatty, «eso supondría que muchísimas personas vivirían vidas más saludables junto a sus seres queridos».

El informe recomienda intensificar los esfuerzos para conservar los bosques que aún existen en el mundo y prevenir futuros cambios en el uso del suelo, especialmente en las zonas donde las personas dependen de esos ecosistemas para subsistir. Pide reforzar los programas que apoyan la agricultura sostenible y señala que las regulaciones gubernamentales pueden ayudar a mitigar desde los incendios forestales hasta los mercados de fauna silvestre peligrosos.

«Estudiar los umbrales y los puntos de inflexión en los que los bosques ya no pueden recuperarse de diversas amenazas debería ser una prioridad», afirma. «Estos señalan procesos ecológicos irreversibles que los gestores del territorio deberían evitar, así como los consiguientes impactos sociales y económicos, con importantes repercusiones para la salud humana».

El informe también pide crear bosques urbanos con la idea de acercar sus beneficios a las personas que normalmente no pueden acceder a ellos. Los árboles ayudarían a refrescar las ciudades y a reducir la intensidad de las inundaciones, al tiempo que filtrarían la contaminación atmosférica de alta densidad que causa enfermedades.

'Recolectando hierbas del suelo del bosque comunitario en el corredor de Khata, Nepal.'Image: Emmanuel Rondeau / WWF-US.

Por último, insta a las personas a proteger los bosques por el bien de su propia salud, ya sea apoyando leyes de conservación o consumiendo de forma responsable productos que no hayan contribuido a la deforestación.

«Todas las personas defienden su propia salud», afirmó Beatty. «Y esperamos que, a través de este informe, puedan promover, desde su propia atención sanitaria, el papel que los bosques pueden desempeñar en la salud de cada persona y de sus comunidades».

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