En agosto de 2020, alrededor del 15 % de las tierras del mundo estaban protegidas.
Pero, para que las áreas protegidas sean eficaces, deben estar en el lugar adecuado, bien conectadas con otras áreas protegidas y ser lo bastante grandes como para mantener vivas las poblaciones de especies silvestres.
Un nuevo estudio reveló que el 91 % de los mamíferos amenazados del mundo —muchos de los cuales ya son objeto de iniciativas de conservación— contaba con protección insuficiente.
Para evitar una oleada de extinciones en las próximas décadas, necesitamos áreas protegidas bien gestionadas, bien ubicadas y lo bastante grandes, afirman los autores del estudio.
Este año, los gobiernos del mundo negociarán una serie de objetivos en respuesta a la crisis mundial de la biodiversidad que ya ha provocado una pérdida masiva de la fauna silvestre del planeta. No se ha cumplido ninguno de los objetivos de la ronda anterior, acordados en 2010. El que recibió más atención mediática y, posiblemente, el que estuvimos más cerca de alcanzar fue el objetivo 11, cuya meta era la siguiente:
«Para 2020, al menos el 17 % de las zonas terrestres y de aguas continentales, y el 10 % de las zonas costeras y marinas […] se conservan mediante sistemas de áreas protegidas gestionados de manera eficaz y equitativa, representativos desde el punto de vista ecológico y bien conectados».
Estas «áreas protegidas» pueden abarcar desde enormes zonas de protección estricta, como los parques nacionales de Estados Unidos, pasando por los paisajes muy frecuentados de los parques nacionales del Reino Unido, hasta pequeñas reservas naturales urbanas. Las áreas protegidas pueden frenar o ralentizar muchas de las fuerzas que amenazan la biodiversidad, como la pérdida de hábitats, la caza y la contaminación, y desde hace décadas son un pilar de la conservación mundial.
En agosto de 2020, cerca del 15 % de las tierras del mundo estaba protegido. La cifra era inferior al objetivo, pero ya había suficientes compromisos concretos para que el mundo lo superara por poco y con algo de retraso. En muchos sentidos, se trata de un logro increíble y quizá del mayor y más rápido cambio coordinado en la gestión de las tierras jamás realizado.
Pero el diablo está en los detalles. Para que las áreas protegidas sean eficaces, deben estar en el lugar adecuado y ser lo bastante grandes como para mantener vivas las poblaciones de especies silvestres. Cientos de pequeñas reservas separadas por tierras agrícolas inhóspitas quizá nos ayuden a alcanzar el objetivo del 17 %, pero no evitarán las extinciones. Entonces, ¿cómo se compara nuestra red actual? ¿Basta para impedir que se extingan especies?
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La mayoría de los animales cuenta con protección insuficiente
Mis colegas y yo abordamos hace poco esta cuestión en un estudio publicado en la revista PNAS.
Analizamos 3,834 especies de mamíferos terrestres (todas aquellas para las que había datos disponibles) y calculamos qué tamaño de población podría sostener teóricamente cada área protegida del mundo. (En rigor, también agrupamos las áreas protegidas adyacentes, ya que los animales pueden desplazarse entre ellas). Es esencial comprender cuántos individuos podrían sobrevivir en cada área, porque las poblaciones pequeñas no suelen durar mucho: por debajo de cierto tamaño, son mucho más vulnerables a desaparecer por enfermedades, endogamia, incendios, caza furtiva o incluso por las fluctuaciones naturales de su número.
Para ello, combinamos bases de datos mundiales sobre dónde viven las especies animales y dónde se encuentran las áreas protegidas del mundo con estimaciones de la densidad de población específicas para cada sitio y ubicación (cuántos rinocerontes —o musarañas— hay por kilómetro cuadrado).
Es preocupante que hayamos descubierto que miles de especies no parecen contar con protección adecuada. Según los criterios exactos que se utilicen, calculamos que al menos 1,536 especies (el 40 % de las que analizamos), y quizá hasta 2,156 (el 56 %), tenían diez o menos poblaciones protegidas con probabilidades de sobrevivir a largo plazo.
Estas especies con protección insuficiente se encontraron en todos los continentes y en todos los grupos de especies que analizamos; entre ellas había algunos de los mamíferos más pequeños del mundo y también algunos de los más grandes. Quizá lo más preocupante sea que el 91 % de los mamíferos amenazados del mundo —muchos de los cuales ya son objeto de iniciativas de conservación— cuenta con protección insuficiente, y cientos de estas especies parecen no tener ninguna población protegida viable. Estas especies corren un grave riesgo de sufrir una disminución de sus poblaciones o extinguirse, a medida que aumenta la presión sobre los hábitats fuera de las áreas protegidas.
Además, estas cifras representan el mejor escenario posible. En realidad, las áreas protegidas solo son eficaces si están bien gestionadas, y la mayoría simplemente carece de recursos.
¿Qué da resultado?
Nuestro trabajo indica que lo importante no es el porcentaje total del mundo que está protegido, sino que la protección abarque los lugares adecuados y que las áreas protegidas sean lo bastante grandes o estén suficientemente bien conectadas con otras zonas como para sostener poblaciones que sobrevivan a largo plazo. De lo contrario, solo estarán aplazando lo inevitable, y las especies seguirán desapareciendo de ellas, se hayan alcanzado o no los objetivos.
Ampliar o reubicar las áreas protegidas del mundo conlleva riesgos muy reales para el bienestar humano. Estas áreas se basan en impedir que las personas realicen ciertas actividades: talar árboles, cazar determinadas especies, extraer minerales o cultivar la tierra.
Esto es lo que las hace tan valiosas para la biodiversidad, pero supone un enorme coste para la población local. Muchas áreas protegidas tienen una historia de colonialismo, expulsiones forzosas y empobrecimiento o privación de derechos de la población local, en particular de los pueblos indígenas. Toda futura ampliación debe ser justa para estas personas.
La ampliación solo será posible si reducimos la demanda humana de tierras. Las áreas protegidas cobrarán cada vez más importancia a medida que el creciente consumo humano someta las tierras desprotegidas a una presión cada vez mayor.
Pero equivalen a tratar el síntoma de una enfermedad, y también debemos abordar la causa raíz. Sin una rápida transición hacia dietas más saludables y ricas en alimentos vegetales, una reducción del desperdicio de alimentos y aumentos sostenibles del rendimiento, sencillamente no habrá suficientes tierras disponibles para proteger.
La biodiversidad del mundo atraviesa una grave crisis, y es poco probable que el sistema actual de áreas protegidas consiga salvarla. Para evitar una oleada de extinciones en las próximas décadas, debemos reducir considerablemente la huella global de la humanidad y complementarlo con áreas protegidas bien gestionadas, bien ubicadas y lo bastante grandes.




