Por qué la jardinería submarina podría salvar nuestros océanos

An environment technician diver takes notes next to an oceanic posidonia plant in Almeria coast, southeast Spain June 23, 2006. REUTERS/Francisco Bonilla - GM1DSWXFDDAA
The Atlantic is facing fresh challenges from the growth of marine renewable energy infrastructure.Image: REUTERS/Francisco Bonilla
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Desde el uso de algas para blanquear lino, hasta que los emperadores romanos comieran ostras como afrodisíaco, la cultura humana a lo largo de la costa del Atlántico Norte ha estado estrechamente ligada a la explotación del mar durante siglos. Pero, a medida que han crecido las poblaciones y las economías, las personas han empobrecido el océano.

La historia de la explotación del océano Atlántico se debe, en buena medida, a su inmensa productividad. Cuenta la leyenda que las poblaciones de bacalao atlántico eran antaño tan abundantes que los pescadores aseguraban que podían cruzar el océano caminando sobre el lomo de los peces.

En 1913, solo en el Reino Unido se desembarcaban 1,2 millones de toneladas de pescado. Al mismo tiempo, solo en Londres se consumían 700 millones de ostras planas europeas al año. Desde entonces, los desembarques han disminuido de forma constante. Las capturas rondan ahora las 0,4 millones de toneladas y el número de pescadores empleados ha bajado de 50.000 en 1938 a 12.000 en 2015.

El océano Atlántico de 2017 es una sombra de lo que fue. Los recursos pesqueros, antaño productivos, dependían de hábitats extensos, ricos y biodiversos, como las praderas marinas y los bosques de algas kelp, pero estudio tras estudio ha demostrado que estos hábitats han sido destruidos y degradados por la mala calidad del agua, las prácticas pesqueras destructivas y el desarrollo costero.

Ahora el Atlántico afronta nuevos retos, esta vez debido al crecimiento de las infraestructuras de energía renovable marina. Pero existe una posible solución: renaturalizar el océano.

Nuevos brotes de esperanza

La renaturalización del océano es «la restauración a gran escala de los ecosistemas para que la naturaleza pueda cuidarse por sí misma». El concepto promueve un equilibrio entre las personas y el resto de la naturaleza en el que todas las partes puedan prosperar.

La restauración terrestre de ecosistemas como bosques, ríos y marismas es habitual. Incluso hay empresas comerciales que ofrecen soluciones «listas para usar» para algunos de estos trabajos. La reintroducción de especies como el castor, los lobos y las águilas pescadoras ha tenido éxito, pero hasta la fecha la renaturalización comparable de nuestros océanos ha sido mínima. Ahora que la gran pérdida de praderas marinas y ostras está bien documentada, crecen el interés y las oportunidades para llevar a cabo este tipo de restauración también bajo el agua.

Investigadores de todo el mundo han abierto camino en la restauración del medio marino, y nuestros conocimientos al respecto siguen creciendo. Los éxitos de restauración a gran escala en lugares como la bahía de Chesapeake —un estuario frente a la costa de Virginia, EE. UU.—, mediante la dispersión de semillas han transformado el medio marino. Se ha demostrado que las praderas marinas restauradas proporcionan un importante hábitat para las especies pesqueras, y al mismo tiempo empiezan a secuestrar grandes cantidades de CO₂ de la atmósfera.

Muchas poblaciones de bacalao atlántico se explotan ahora a niveles más sostenibles, y la regulación en toda Europa está dando lugar a aguas costeras más limpias. Esto lleva a pensar que también es posible dar pasos importantes para revertir la degradación que ha sufrido este océano.

Energías renovables y conservación

Nuestro equipo ha estado practicando la jardinería submarina para mejorar los métodos de restauración de hábitats marinos. Este trabajo de renaturalización submarina comenzó en 2014 con ensayos iniciales en laboratorio, pero ahora se ha extendido al mar. No se trata solo de plantar flores bonitas o crear rocallas decorativas, como se podría hacer en el jardín de casa; estos proyectos buscan aprovechar las oportunidades que ofrecen las energías renovables marinas y costeras. Por ejemplo, se están proponiendo lagunas mareales en todo el mundo como una posible opción para generar energía de forma fiable y predecible. Pero estas grandes lagunas protegidas también pueden brindar una oportunidad importante para la regeneración ambiental.

Hemos trabajado con una empresa, Tidal Lagoon Power, para examinar métodos que permitan crear nuevos hábitats de praderas marinas en estas lagunas. Esto incluye cultivar plántulas en laboratorios y plantarlas, desplegar hileras de bolsas de semillas y trasplantar plantas de lugares donantes. Al igual que en la jardinería terrestre, se utilizan paletas y todos los utensilios de un cobertizo de jardín, aunque bajo el agua.

Y, en colaboración con socios en los Países Bajos, hemos participado en una prueba importante para utilizar bioplásticos biodegradables que ayuden a sostener estas praderas marinas trasplantadas. El uso de estos materiales biodegradables es vital ante los enormes problemas que causan los plásticos en nuestros océanos y el riesgo de contaminarlos inadvertidamente con partes de nuestros experimentos.

Con más investigación, esperamos convertir los ensayos de jardinería submarina en lagunas mareales en la creación efectiva de hábitats y, en última instancia, reforzar la renaturalización de nuestros océanos. A medida que crezcan las opciones de energía renovable marina y se desarrollen, debemos verlas como una oportunidad para mejorar la productividad de nuestros océanos.

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