Por qué la ciencia quiere que prohibamos la purpurina

A performer participates in the children's day parade at Notting Hill Carnival in west London, August 25, 2013. REUTERS/Stefan Wermuth (BRITAIN - Tags: ENTERTAINMENT SOCIETY) - LM1E98P11OT01
Glitter is made of a polymer known as Mylar and its size, normally about a millimeter across, makes it a microplastic.Image: REUTERS/Stefan Wermuth
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La purpurina debería prohibirse.

Esa es la postura de la investigadora Trisia Farrelly, profesora titular de medio ambiente y planificación en la Universidad Massey, en Nueva Zelanda.

No detesta ese material brillante por una cuestión de gusto ni siquiera por la forma en que se incrusta permanentemente en todas las superficies posibles, se cuela en tu vida y afecta tu cordura. Los científicos ambientales señalan que prohibir la purpurina es un paso importante para proteger el futuro de los océanos del mundo y la vida acuática.

Una cadena de guarderías del Reino Unido atendió su petición a principios de este mes y prohibió la purpurina en sus instalaciones, alegando el «terrible daño» que causa al medio ambiente, según la BBC.

¿De qué está hecha la purpurina?

La purpurina está hecha de un polímero conocido como Mylar y su tamaño, normalmente de alrededor de un milímetro de diámetro, la convierte en un microplástico.

En 2014, los investigadores estimaron que 5,25 billones de fragmentos de plástico, con un peso de casi 270.000 toneladas, flotaban a la deriva en los mares de todo el mundo. Además, los microplásticos representan el 92,4 % de estos residuos plásticos flotantes. Y su tamaño hace que los peces y otros animales marinos los confundan con partículas de alimento.

Uno de cada tres peces capturados en Gran Bretaña había ingerido microplásticos, según un estudio de 2012 del profesor Richard Thompson de la Universidad de Plymouth. Se ha descubierto que criaturas marinas, desde la caballa hasta el zooplancton, ingieren plásticos; algunas especies los prefieren a su dieta habitual.

Image: Foro Económico Mundial

Estos hallazgos provocaron en 2015 una ola de indignación por las microesferas presentes en productos cosméticos, y siete estados restringieron el uso y la venta de productos que las contenían. El Congreso llegó a aprobar una ley federal para impedir su fabricación y distribución. Ahora, al comienzo de lo que quizá sea la época más cargada de purpurina del año, la atención se ha desplazado a la contribución de la purpurina a la contaminación por plásticos.

Por qué nos encanta la purpurina

La purpurina y otros objetos brillantes captan la atención por algo más que su estética. El interés de los seres humanos por los objetos relucientes nace de el instinto de encontrar fuentes de agua que eran vitales para la supervivencia.

Los usos modernos de la purpurina han abarcado desde estrategias militares experimentales —la Fuerza Aérea de Estados Unidos intentó arrojarla desde aviones de combate para confundir los radares enemigos— hasta resolver asesinatos, y adornar a iconos del pop como Iggy Pop y David Bowie.

La purpurina está en pleno auge. Es una tendencia duradera en las pasarelas y la gente la usa para desmontar estereotipos sobre raza y género.

Pero ecologistas e investigadores sostienen que este también es un momento para considerar las consecuencias ambientales de añadir un poco más de brillo al mundo.

Purpurina respetuosa con el medio ambiente

Dejen de blandir las horcas con purpurina. Esto no significa necesariamente que quienes disfrutan de las deslumbrantes decoraciones festivas tengan que elegir entre el brillo y una conciencia tranquila.

En el mercado hay algunas variedades de purpurina biodegradable. Las empresas que las fabrican han reproducido las partículas plásticas perjudiciales para el medio ambiente utilizando extracto de eucalipto.

Una ventaja adicional de esta opción respetuosa con el medio ambiente es que, como estas variantes suelen contener menos aluminio, no se adhieren a todo como la purpurina tradicional. Pero Farrelly espera que quizá esta tendencia ecológica perdure.

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