La alimentación y la agricultura son un factor clave de la deforestación, que a su vez ha sido una de las principales causas del cambio climático.
Revertir la deforestación requerirá una auténtica colaboración entre los países productores y consumidores.
Entre las herramientas clave para avanzar en esta cuestión figuran la diligencia debida para garantizar prácticas sostenibles en las cadenas de suministro y los acuerdos de colaboración con los países productores.
A escala mundial, el consumo anual de productos alimentarios y agrícolas aumentó un asombroso 48 % entre 2001 y 2018, a un ritmo más del doble que el crecimiento de la población humana. Este ha sido el principal factor de la deforestación, que a su vez ha sido una de las principales causas del cambio climático. En pocas palabras, si no logramos frenar la deforestación, no lograremos limitar el cambio climático: un punto que será central en los debates de la COP26 en Glasgow.
Aunque muchas empresas multinacionales con cadenas de suministro globales han trabajado arduamente para lograr mejoras significativas, la magnitud del desafío implica que ningún sector por sí solo puede resolver la deforestación.
Liderazgo del Gobierno del Reino Unido y diálogo FACT
Ha llegado el momento de emprender una acción concertada y focalizada para vincular a los países productores y consumidores. El Reino Unido, en el marco de su presidencia de la COP26 de la CMNUCC, creó el Diálogo sobre Bosques, Agricultura y Comercio de Productos Básicos (FACT). FACT busca revertir la deforestación y acelerar la transición hacia prácticas más sostenibles de uso de la tierra, concretamente mediante el diálogo entre el norte y el sur globales, y entre los sectores público y privado.
Los países consumidores pueden desempeñar un papel crucial, ya que constituyen los principales mercados de muchos productos asociados a la deforestación. Estados Unidos, la UE y el Reino Unido están impulsando leyes que exigirán a las empresas llevar a cabo la diligencia debida al importar productos agrícolas a sus mercados. Al igual que la legislación sobre la legalidad de la madera, la diligencia debida puede ser una herramienta muy valiosa. Incluso China, que ahora es el mayor importador de madera del mundo, ha incorporado estos requisitos en su nueva Ley Forestal, y muchos esperan que avance en la misma dirección para los productos agrícolas básicos.
Evitar un enfoque «de arriba abajo»
La colaboración con los países productores debe estar en el centro de todo intento de revertir la deforestación. Esto debe constituir una transición justa para agricultores y silvicultores, cuyo objetivo sea desarrollar una economía rural local diferente. Esto no es compatible con un enfoque «de arriba abajo». La eficacia de la diligencia debida será limitada si no va acompañada de incentivos que impulsen medidas sobre el terreno para abordar las causas profundas de la deforestación en los países productores.
Las colaboraciones con países productores son acuerdos entre países consumidores y productores, en los que pueden participar gobiernos, actores del sector privado y otras partes interesadas. Por ejemplo, la Comunidad Europea y la República de Ghana firmaron un acuerdo de colaboración con los países productoressobre aplicación de la legislación forestal, gobernanza y comercio de productos madereros. Estos acuerdos pueden fomentar prácticas sostenibles en todas las cadenas de suministro de productos básicos y contribuir a garantizar medios de vida dignos para los productores. El comercio y la financiación verde pueden convertirse en potentes motores de cambio positivo.
La agricultura es un importante motor de las exportaciones y el empleo en muchos países con bosques tropicales, gracias al aumento de los precios y a un cambio en la producción. Por ejemplo, la agricultura representa el 30 % del empleo total en Indonesia, el 11 % en Malasia y el 9 % en Brasil, cifras muy superiores al promedio del 5 % en las economías de la OCDE.
La auténtica colaboración debe impulsar el cambio
Las colaboraciones con países productores deben incluir a gobiernos, empresas, agricultores, comunidades y a la sociedad civil en general. Solo encontraremos soluciones si ponemos a las personas en el centro de estas propuestas. Si se excluye a los productores más pequeños, el mercado estará aún más segmentado y se discriminará a los más pobres. Esto será catastrófico no solo para esos productores, sino también para la lucha contra el cambio climático.
La diligencia debida debe consistir en que el norte apoye al sur; esto significa que las soluciones no se imponen, sino que se construyen conjuntamente con un espíritu de cooperación abierta y colaboración. Es alentador ver que la UE y el Reino Unido están desarrollando este tipo de legislación; es importante garantizar que la colaboración esté integrada desde el principio.





