¿Qué frena la sostenibilidad ambiental?

A chimney in an industrial area of Sydney emits vapour June 22, 2009. Australia's government, facing Senate defeat of key emission trading laws, vowed on Friday to bring its climate-fighting regime to the upper house a second time, opening the door for a possible snap election. REUTERS/Tim Wimborne (AUSTRALIA ENERGY POLITICS ENVIRONMENT IMAGES OF THE DAY) - RTR24WOS
Greenhouse gas emissions that drive climate change have almost doubled while the impacts of climate change are becoming increasingly apparent.Image: REUTERS/Tim Wimborne
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En 1992, más de 170 países se reunieron en la Cumbre de la Tierra de Río y acordaron promover el desarrollo sostenible, proteger la diversidad biológica, prevenir interferencias peligrosas en los sistemas climáticos, y conservar los bosques. Sin embargo, 25 años después, los sistemas naturales de los que depende la humanidad siguen degradándose.

Entonces, ¿por qué el mundo no ha avanzado mucho más hacia la sostenibilidad ambiental, pese a décadas de acuerdos internacionales, políticas nacionales, leyes estatales y planes locales? Esta es la pregunta que un equipo de investigadores y yo hemos intentado responder en un artículo reciente.

Revisamos 94 estudios sobre el fracaso de las políticas de sostenibilidad en todos los continentes. Incluían estudios de casos de países desarrollados y en desarrollo, y abarcaban desde iniciativas internacionales hasta locales.

Consideremos los siguientes indicadores ambientales clave. Desde 1970:

La huella ecológicade la humanidad ha superado la capacidad de la Tierra y ha aumentado hasta el punto de que se necesitarían 1,6 planetas para proporcionar recursos de forma sostenible.

El índice de biodiversidadha caído más de un 50 %, mientras las poblaciones de otras especies siguen disminuyendo.

Las emisiones de gases de efecto invernadero que impulsan el cambio climático han casi duplicado su volumeny los efectos del cambio climático son cada vez más evidentes.

El mundo ha perdido más del 48 %de sus bosques tropicales y subtropicales.

El ritmo al que se deterioraron estos indicadores apenas varió durante las dos décadas anteriores y posterioresa la cumbre de Río. Además, la humanidad se acerca rápidamente a varios puntos de inflexión. Si se superan, podrían provocar cambios irreversibles.

Si permitimos, por ejemplo, que las temperaturas medias globales aumenten 2 ℃ por encima de los niveles preindustriales, se activarán mecanismos de retroalimentación que conducirán a un cambio climático descontrolado. Ya hemos recorrido la mitad del camino hasta ese límite y podríamos superarloen las próximas décadas.

¿Qué está fallando?

Entonces, ¿qué está fallando en las iniciativas de sostenibilidad? Descubrimos que se repetían tres tipos de fallos: económicos, políticos y de comunicación.

Los fallos económicos se deben al problema fundamental de que las actividades perjudiciales para el medio ambiente reciben recompensas económicas. Por lo general, un bosque vale más dinero después de talarlo, lo que supone un problema particular para los países que están haciendo la transición a una economía de mercado.

Los fallos políticos se producen cuando los gobiernos no pueden o no quieren aplicar políticas eficaces. A menudo se debe a que las grandes industrias extractivas, como la minería, son actores dominantesen la economía y consideran que tienen más que perder. Esto ocurre tanto en países desarrollados como en desarrollo, pero estos últimos pueden afrontar dificultades adicionales para hacer cumplir las políticas una vez implantadas.

Los fallos de comunicación se centran en la escasa consulta o participación de la comunidad en el proceso de formulación de políticas. Entonces prospera la oposición, a veces basada en una percepción errónea de la gravedad del problema. También puede alimentarse de la desconfianza cuando las comunidades ven que se pasan por alto sus preocupaciones.

Esto ocurre, de nuevo, en todo el mundo. Un buen ejemplo sería la resistencia comunitaria a cambiar los sistemas de asignación de aguaen las zonas rurales de Australia. En este caso, los agricultores se opusieron tanto a que el gobierno recomprara algunos de sus permisos de agua que se quemaron copias de la política en la calle.

Estos tipos de fallos se refuerzan mutuamente. La mala comunicación de los beneficios del desarrollo sostenible genera la creencia de que siempre cuesta empleos y dinero. Entonces, empresas y comunidades presionan a los políticos para que eviten o debiliten la legislación favorable al medio ambiente.

En última instancia, esto refleja la incapacidad de convencer a la gente de que el desarrollo sostenible puede ofrecer situaciones en las que todos ganan. Como resultado, quienes toman decisiones se quedan atrapados en la disyuntiva entre empleo y medio ambiente.

¿Qué podemos hacer?

El objetivo de nuestro artículo era descubrir por qué han fracasado las políticas que promueven la sostenibilidad, con el fin de mejorar los esfuerzos futuros. El reto es inmenso y hay mucho en juego. A partir de mis investigaciones anteriores sobre cómo pueden coexistir los objetivos económicos, sociales y ambientales, iría más allá de nuestro artículo más reciente y plantearía las siguientes propuestas.

En primer lugar, los gobiernos deben ofrecer incentivos financieros para cambiar a una producción ecoeficiente. Los políticos deben tener el valor de ir mucho más allá de las normas actuales. Las intervenciones bien dirigidas pueden combinar incentivos y sanciones: recompensar las prácticas respetuosas con el medio ambiente e imponer un coste a las actividades insostenibles.

En segundo lugar, los gobiernos deben ofrecer una vía de transición viable a las industrias que causan más daño. Por ejemplo, nuevas exenciones fiscales ambientales y subvenciones podrían permitir que las empresas sigan siendo rentables mientras cambian su modelo de negocio.

Por último, hay que convencer a los líderes de todos los sectores tanto de la gravedad del deterioro ambiental como de que el desarrollo sostenible es posible. Promover estudios de casos positivos de empresas ecológicas exitosas sería un buen comienzo.

Por supuesto, estos cambios encontrarán resistencia. Las batallas políticas serán encarnizadas, especialmente en el clima político internacional actual. Vivimos en un mundo donde el presidente de EE. UU. está revirtiendo las políticas climáticasmientras que el primer ministro australiano ataca las energías renovables.

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