Un modelo de bioeconomía puede ser una solución para el desarrollo sostenible en la selva amazónica, según expertos.
En este artículo detallan 3 elementos esenciales de una bioeconomía en la Amazonía.
Desde la regeneración de los bosques hasta la planificación territorial y la aplicación de la ley, una bioeconomía exitosa en la Amazonía debe centrar las decisiones en las necesidades y el bienestar de las personas que viven en la región.
La cobertura informativa sobre la selva amazónica en los últimos años ha sido desalentadora. Las tasas de deforestación en la Amazonía brasileña aumentaron un 15 por ciento durante 2021, con la pérdida de 3.772 millas cuadradas de vegetación nativa, una superficie equivalente al tamaño de Puerto Rico. Si la deforestación continúa, podría alcanzarse un punto de inflexión en el que la selva amazónica se convierta en un emisor neto de carbono en lugar de un sumidero de carbono.
Además de alimentar el cambio climático, la deforestación supone riesgos para la biodiversidad: la Amazonía alberga una de cada 10 especies conocidas por la ciencia.
El problema es que el modelo económico regional actual de la Amazonía depende en gran medida de la extracción y la explotación de recursos, lo que acerca la selva a su punto de inflexión. Los cambios en el uso del suelo representan casi la mitad de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) de Brasil, y de estas emisiones, alrededor del 80 por ciento están vinculadas a la deforestación en la Amazonía.
Está claro que naciones con grandes superficies forestales, como Brasil, necesitan un nuevo modelo económico: uno que se adapte a un futuro bajo en carbono, sostenible y próspero.
Entra en escena la «bioeconomía».
¿Qué es la bioeconomía?
El concepto de bioeconomía surgió recientemente como un posible enfoque para el desarrollo sostenible en la Amazonía, aunque no es nuevo en el mundo. La Unión Europea, los Estados Unidos e instituciones como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) tienen su propia definición de bioeconomía, con objetivos y posibles resultados distintos. Los países desarrollados suelen entender la bioeconomía como una solución para reducir las emisiones y avanzar hacia la energía baja en carbono, pero no necesariamente para conservar la biodiversidad.
En un bioma de selva tropical como la Amazonía, que se enfrenta a numerosas crisis sociales y ambientales, la bioeconomía debe impulsar las oportunidades económicas y, al mismo tiempo, mantener la diversidad biológica, cultural y social. Establecer una definición clara es esencial, y una bioeconomía en la Amazonía podría tener un aspecto distinto al de otras regiones.
WRI Brasil, en su documento «Una bioeconomía innovadora para la Amazonía: conceptos, límites y tendencias para una definición adecuada al bioma de selva tropical», comienza a perfilar cómo podría ser una bioeconomía en la Amazonía.
3 elementos esenciales de una bioeconomía en la Amazonía
La región amazónica es rica en diversidad social y biológica. Un modelo de bioeconomía en ella debería buscar aprovechar y preservar esta diversidad, valorando al mismo tiempo los conocimientos y las formas de vida de las poblaciones tradicionales y garantizando una distribución justa de los beneficios. Eliminar la deforestación es fundamental; la conservación y los procesos productivos detrás de los productos forestales son clave.
Una verdadera bioeconomía en la Amazonía debe incorporar tres elementos:
1. Conservación y regeneración de los bosques
La bioeconomía amazónica debe gestionar y preservar con éxito sus bosques de alta integridad, al tiempo que trabaja para restaurar las tierras degradadas de menor integridad y eliminar la deforestación.
Existen múltiples áreas de desarrollo económico potencial en los bosques bien conservados, entre ellas la explotación sostenible de productos forestales no maderables, como superalimentos o aceites esenciales; el descubrimiento, el desarrollo y la estabilización de precios de medicamentos, cosméticos y más; y el ecoturismo sostenible.
Los pueblos indígenas y otras comunidades tradicionales ya saben cómo gestionar y producir en bosques de alta integridad. Sus prácticas históricas y sus conocimientos ofrecen técnicas que pueden aumentar la productividad al tiempo que restauran los sistemas naturales, lo que supone un paradigma alternativo a la agricultura moderna.
En las zonas forestales más afectadas por actividades humanas, como la tala, los incendios o la agricultura, la regeneración y la restauración deben convertirse en prioridades. Estos objetivos no tienen por qué hacerse a costa de la agricultura. Desde la silvicultura de especies nativas hasta los sistemas agroforestales y otros sistemas que integran cultivos, ganadería y silvicultura, muchas prácticas agrícolas pueden contribuir a restaurar los paisajes degradados.
Con los incentivos y la financiación adecuados, los agricultores de la Amazonía pueden avanzar con mayor rapidez hacia prácticas compatibles con el bosque. La investigación y la asistencia técnica también pueden facilitar la transición.
2. Planificación territorial y aplicación de la ley
El conflicto entre la conservación de los bosques y otras formas de uso del suelo ha sido un problema regional desde la época colonial de Brasil. Aunque Brasil tiene una experiencia demostrada en la reducción drástica de la deforestación entre 2005 y 2012 (en portugués), los cambios recientes en la normativa brasileña habrían fomentado las actividades extractivas ilegales. Un nuevo ciclo de degradación y violencia ha recorrido el campo, con invasiones recurrentes en reservas indígenas.
Para promover una nueva bioeconomía en la Amazonía, el país deberá apoyarse en experiencias previas y desarrollar un nuevo enfoque de planificación territorial que responda a la realidad actual. Los gobiernos nacionales y subnacionales deben comenzar por hacer cumplir las leyes vigentes. Por ejemplo, según el Código Forestal de Brasil, una ley federal actualizada en 2012, los propietarios privados de la Amazonía están obligados a conservar el 80 por ciento de sus propiedades. Sin embargo, la aplicación de la norma ha sido limitada por la falta de un registro de tierras integral que permita hacer seguimiento de las propiedades.
Los funcionarios gubernamentales también deberán combatir la ilegalidad, ya que se estima que la deforestación ilegal representa hasta el 98 por ciento de la pérdida forestal total en Brasil.
La asignación de tierras públicas y la garantía de los derechos territoriales de los pueblos indígenas y de las comunidades tradicionales y locales también serán clave para eliminar la deforestación en esta década. Las investigaciones demuestran que las comunidades locales y los pueblos indígenas son buenos administradores de la tierra, con tasas de pérdida forestal de 2 a 3 veces inferiores a las de áreas forestales similares gestionadas por otros.
3. Situar las decisiones en las personas
Afortunadamente, ya existen en diversas comunidades locales muchos procesos productivos pertinentes para una bioeconomía sostenible en la Amazonía, con el apoyo de socios públicos y privados. Es esencial que la bioeconomía beneficie a las personas que habitan la Amazonía.
El trabajo cooperativo comunitario ya muestra modelos económicos sostenibles. Un ejemplo es Cooperacre, una cooperativa de Rio Branco que produce caucho y castañas de Brasil. En ambos casos, la producción implica la recolección de bienes de árboles en pie. El pimiento chile Baniwa Jiquitaia es otro ejemplo: cultivado y recolectado de forma sostenible por mujeres indígenas baniwa en Alto Rio Negro, en el noreste de la Amazonía, este vegetal autóctono tiene una gran demanda por parte de chefs y restaurantes de alta gama, lo que supone una importante fuente de ingresos para la comunidad al tiempo que protege los bosques.
Estas iniciativas respaldan las economías locales, nacionales e internacionales con productos agrícolas y forestales libres de deforestación, al tiempo que garantizan la conservación de la biodiversidad y fortalecen a las organizaciones comunitarias.
Las oportunidades económicas que conllevan los nuevos procesos productivos de la bioeconomía también deben contribuir a contrarrestar las actividades ilegales que perjudican a las comunidades locales. Esto implica hacer cumplir las leyes vigentes, como el Código Forestal, y reforzar la protección de los pueblos indígenas y de sus tierras.
Estas oportunidades dependen de la integración con la economía, de una valoración adecuada y de una distribución justa de los beneficios. El respeto por el conocimiento tradicional debe ser un elemento rector de cualquier innovación científica y tecnológica.
Crear una bioeconomía en la Amazonía, para el mundo
La bioeconomía representa una nueva frontera del pensamiento económico, y es esencial hacerla bien, no solo para la Amazonía, sino para el mundo. Las comunidades de todo el planeta dependen de la selva amazónica para obtener materias primas, agua, biodiversidad, regulación climática y otros muchos servicios ecosistémicos.
Si queremos tener éxito en la lucha contra el cambio climático y la pérdida de biodiversidad, debemos lograr desvincular el desarrollo económico de la conservación.





