El mercado de los bonos verdes, explicado

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En agosto de 2016, un artículo de este sitio web intentó explicar los principales factores que impulsaban el sorprendente aumento de los bonos verdes en el mercado de capitales. Un año después, el ritmo no ha disminuido: a medida que el cambio climático ha ganado protagonismo en la agenda mundial, el crecimiento de los bonos verdes ha sido imparable. El interés por la inversión sostenible está en todas partes: entre emisores, suscriptores y verificadores, así como en la comunidad empresarial en general y entre sus partes interesadas.

¿Qué es el mercado de los bonos verdes?

Quizá lo mejor de los bonos verdes sea que permiten obtener rentabilidad financiera y generar al mismo tiempo un impacto positivo en la sociedad. De hecho, estos bonos medioambientales son instrumentos ordinarios de renta fija cuyos fondos se destinan principalmente a financiar proyectos de energías renovables, prevención de la contaminación y conservación, entre otros.

Lanzado por instituciones multilaterales como el Banco Mundial y el BEI, el mercado de los bonos verdes se consideraba originalmente un nicho. Ya no: ha pasado menos de una década y los bonos verdes se están multiplicando. En el primer semestre de 2017 se emitieron alrededor de 55.000 millones de dólares en bonos etiquetados como verdes, un aumento interanual del 38% respecto de los 40.000 millones emitidos en los primeros seis meses de 2016.

La Climate Bond Initiative estima que el importe total de bonos verdes emitidos en 2017 podría alcanzar los 150.000 millones de dólares. Compárese con 2016, cuando las emisiones de bonos verdes llegaron a los 82.000 millones de dólares. Por fin, los bonos verdes están llegando al mercado general.

Importe de los bonos verdes emitidos desde 2010

Image: Climate Bond Initiative, Moody's, Environmental Finance

¿Qué tienen de bueno los bonos verdes?

Estos bonos ofrecen la oportunidad de gestionar activamente la huella medioambiental de las carteras de los inversores, ya que dos de sus principales características son la transparencia y la presentación de informes.

También son instrumentos financieros sujetos a rendición de cuentas. De hecho, más de 100 emisores, inversores y suscriptores han firmado los Principios de los Bonos Verdes, un conjunto amplio de directrices que ofrece definiciones y normas para estos instrumentos de renta fija. Además, el impacto positivo de los bonos verdes suele estar certificado por ONG, como la Climate Bond Initiative, o por verificadores independientes.

¿Quiénes son los principales actores del mercado?

La emisión mundial de bonos verdes alcanzará otro récord a medida que nuevos actores se sumen a este peculiar y fértil mercado. Inversores y suscriptores como Bank of America Merrill Lynch, Crédit Agricole y HSBC han observado un enorme aumento de emisores y emisiones, ya que numerosas entidades públicas y privadas se incorporaron al mercado o volvieron a emitir bonos verdes en 2017.

El mercado se volvió rápidamente global, dinámico y conocido, debido al número de actores financieros involucrados. Estados soberanos como Polonia y Francia llegaron al mercado con los primeros bonos verdes soberanos, destinados principalmente a financiar proyectos de energías renovables e infraestructura sostenible. En Estados Unidos se emitieron bonos verdes municipales para ayudar a ciudades y comunidades locales a reforzar la lucha contra el cambio climático y promover una transición a las energías renovables, de acuerdo con las prácticas y normas internacionales.

Los bonos verdes municipales financian la gestión sostenible del agua, la prevención de la contaminación, la difusión de edificios ecológicos y la conservación de la biodiversidad acuática a nivel local. A escala mundial, instituciones públicas e internacionales, como los bancos de desarrollo, reforzaron su compromiso con las finanzas verdes mediante la emisión de múltiples programas de bonos verdes para apoyar proyectos locales e internacionales.

Además, grandes empresas emitieron bonos verdes en los últimos 12 meses, entre ellas Apple, Iberdrola, Intesa SanPaolo, QBE Insurance Group y TenneT.

El número y la variedad de emisores siguieron creciendo, con numerosas emisiones procedentes de países emergentes. Actores chinos e indios emitieron miles de millones de dólares en bonos verdes para financiar energías renovables, eficiencia energética y proyectos sostenibles en sus territorios. De este modo, los mercados emergentes demostraron su determinación de financiar un futuro con bajas emisiones de carbono.

¿Pueden estos bonos marcar la diferencia?

Los países desarrollados y en desarrollo afrontan desafíos financieros cada vez mayores a causa del cambio climático. Los bonos verdes son instrumentos idóneos para financiar ferrocarriles, carreteras, aeropuertos, edificios e infraestructuras energéticas e hídricas y, al mismo tiempo, generar beneficios positivos para el medioambiente y la sociedad.

Todos los proyectos financiados mediante bonos verdes generan efectos indirectos positivos y favorables al clima, que mitigan los riesgos a la baja de los instrumentos tradicionales de renta fija. Dado el alto grado de transparencia de los bonos verdes, los inversores también pueden cuantificar los beneficios de invertir en ellos mediante métricas accesibles (por ejemplo, la reducción de CO2 o los gigavatios hora (GWh) de energía limpia producida).

Por todas estas razones, el interés por invertir en bonos verdes no se limita a los inversores institucionales. Según varios estudios realizados por importantes bancos de inversión, entre ellos Bank of America Merrill Lynch, Morgan Stanley, Barclays y UBS, alrededor del 89% de todos los inversores manifestó interés por las inversiones sostenibles y conoce la inversión sostenible, y el 65% la practica. Este porcentaje asciende al 66% entre las personas con un elevado patrimonio neto. Entre los millennials y los jóvenes profesionales, el 92% conoce las inversiones sostenibles.

Esto puede significar que la próxima generación de inversores destinará su capital de forma sostenible. Al fin y al cabo, ¿a quién no le gustaría financiar proyectos medioambientales y obtener rentabilidad financiera al mismo tiempo? Parece que las finanzas verdes y sostenibles están viviendo su momento, y muchos podemos salir beneficiados, ya sea desde el mundo empresarial o desde el activismo de base.

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