Así podrían los pecios inspirar nuevas formas de energía renovable

A diver measures the keel and frames of the Danish 15th century ship "Gribshunden" in this photo made available June 16, 2015. Gribshunden, probably the world's best preserved late medieval ship and a contemporary of Columbus's Santa Maria, burned and sank off Ronneby, Southern Sweden, sometime after 1495. The 100-ft long shipwreck will be scanned, photographed and measured in situ prior to any excavation. REUTERS/Johan Ronnby/Sodertorn University via TT News Agency ATTENTION EDITORS - THIS IMAGE WAS PROVIDED BY A THIRD PARTY. FOR EDITORIAL USE ONLY. NOT FOR SALE FOR MARKETING OR ADVERTISING CAMPAIGNS. THIS PICTURE IS DISTRIBUTED EXACTLY AS RECEIVED BY REUTERS, AS A SERVICE TO CLIENTS. SWEDEN OUT. NO COMMERCIAL OR EDITORIAL SALES IN SWEDEN. NO COMMERCIAL SALES.
The wreck of USS Juneau has just been discovered and reveals a lot about the fate of both the ship and its crew.Image: REUTERS/Johan Ronnby/Sodertorn University via TT News Agency
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Pecios de tiempos de guerra, como el USS Juneau –descubierto recientemente en el océano Pacífico por el filántropo Paul Allen y su equipo– son de gran interés tanto para los historiadores militares como para el público en general. El USS Juneau fue alcanzado por un torpedo japonés frente a las islas Salomón en noviembre de 1942, y se hundió a más de 13.000 pies de agua con la pérdida de 687 vidas. Su descubrimiento ofrece una información de enorme valor sobre el destino tanto del barco como de su tripulación.

Muchos de estos pecios yacen en aguas extremadamente profundas y relativamente claras, y son el legado de batallas navales libradas muy lejos de la costa. Pero algunas de las tecnologías y métodos que se utilizan para localizar e identificar estos lugares están siendo empleados ahora por científicos en aguas británicas menos profundas y ricas en sedimentos, con fines similares –y muy distintos–.

Durante ambas guerras mundiales, Gran Bretaña dependió en gran medida de convoyes marítimos para abastecer al país a través de rutas marítimas bien establecidas hacia grandes puertos como Liverpool, Cardiff y Bristol. Pero estos concurridos «corredores» marítimos también eran bien conocidos por las fuerzas enemigas, y las pérdidas debidas a los ataques de submarinos alemanes, las minas y las colisiones provocadas por los «apagones» impuestos en el mar de Irlanda fueron significativas a lo largo de ambos conflictos. Hay más de 200 de estos pecios alrededor de Gales, y muchos aún no han sido examinados con gran detalle.

Desde 2014, mediante el proyecto SEACAMS financiado por la Oficina Europea de Financiación de Gales (WEFO), científicos de la Escuela de Ciencias Oceánicas de la Universidad de Bangor han estado utilizando su buque de investigación Prince Madog –equipado con tecnología de sonar multihaz de última generación– para localizar y estudiar embarcaciones de ambas guerras mundiales. Y solo en el mar de Irlanda hay muchas donde elegir.

Cómo funciona

Los modernos sistemas de sonar multihaz del Prince Madog generan modelos tridimensionales del lecho marino de muy alta resolución mientras el buque de investigación avanza por el agua sobre él. Según las condiciones y los sistemas específicos utilizados, estos modelos pueden permitir a los topógrafos y científicos identificar objetos a una escala cercana al centímetro. A profundidades de agua de 100 metros, típicas del mar de Irlanda, los investigadores generan modelos e imágenes de pecios que pueden ayudar a los arqueólogos marinos a confirmar su identidad e incluso aportar pruebas de su hundimiento. Hasta ahora se han estudiado más de 70 lugares individuales, y se espera que el proyecto levante el mapa de unos 100 nuevos pecios este año.

Si bien estas reliquias de tiempos de guerra pueden proporcionar información valiosa a historiadores y arqueólogos, también podrían contribuir al nacimiento de una nueva industria. Los datos recopilados proporcionan a los científicos perspectivas únicas sobre cómo estos pecios influyen en los procesos físicos y biológicos del océano, y esta información se utiliza ahora para respaldar las ambiciones del sector de la energía renovable marina (MRE) mediante proyectos de investigación y desarrollo con promotores como Minesto en el norte de Gales y Wave Hub en Pembrokeshire.

Varios proyectos de MRE –algunos en fase de planificación, otros ya en curso– buscan aprovechar los excelentes recursos de oleaje y mareas de Gales para crear un suministro energético sostenible. Para contribuir a ello, los científicos de Bangor están utilizando ahora los pecios como modelos y laboratorios para predecir lo que ocurrirá cuando se coloquen en el lecho marino, en diversos emplazamientos, infraestructuras clave relacionadas con la MRE, como cimentaciones, turbinas y cableado.

Los pecios aportan información sobre cómo la marea y las corrientes han retirado o depositado sedimentos y cómo la presencia de estas estructuras en el lecho marino ha influido en estos procesos a lo largo del tiempo. Los investigadores también estudian cómo estas estructuras pueden actuar como arrecifes artificiales, lo que podría aumentar el número de peces en una zona y atraer a ballenas, delfines y aves buceadoras. Mediante levantamientos sonar repetidos, la investigación también analiza cómo se degradan los distintos pecios y cómo estas embarcaciones podrían acabar suponiendo un riesgo de contaminación para las costas cercanas.

Los datos recopilados serán de enorme utilidad para quienes están detrás de los proyectos de MRE, pues les permitirán predecir mejor cómo la infraestructura de energía verde afectará –y se verá afectada por– sus ubicaciones submarinas.

Mirando en profundidad

Al igual que ocurre con los levantamientos en curso en el Pacífico Sur, como el que descubrió el USS Juneau, la investigación que se lleva a cabo en el mar de Irlanda también está impulsada por el deseo de mejorar nuestra comprensión de los conflictos pasados.

El proyecto financiado por el Heritage Lottery, Conmemorando la olvidada guerra de los submarinos en la costa galesa, 1914-18, por ejemplo, está dirigido por la Real Comisión de Monumentos Antiguos e Históricos de Gales en colaboración con la Universidad de Bangor y la Sociedad de Arqueología Náutica. Su objetivo es destacar que no todas las batallas y pérdidas de la Primera Guerra Mundial se produjeron en el Frente Occidental; de hecho, muchas tuvieron lugar al alcance de la vista y el oído de la costa británica.

También fueron auténticos incidentes internacionales. Muchos de los barcos hundidos eran británicos, franceses, irlandeses, noruegos, portugueses y rusos, con tripulaciones de todo el mundo. También se hundieron muchos buques alemanes.

Los levantamientos también están resolviendo numerosos misterios. De los pecios del mar de Irlanda examinados hasta ahora, hemos comprobado que el 40 % de las embarcaciones han sido identificadas incorrectamente en mapas y cartas náuticas. Utilizando los modelos detallados generados por la tecnología de sonar, así como archivos navales, registros de astilleros y un poco de trabajo de investigación, esperamos poder garantizar que estos errores se corrijan y que sepamos exactamente qué se hundió y dónde. Esto nos dará una imagen mucho más clara de lo que ahora yace bajo las olas y de lo que estos pecios pueden revelarnos sobre el turbulento pasado de estos océanos.

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