Aunque el agua que hemos usado para lavarnos las manos apenas está contaminada, normalmente se va por el desagüe. Un sistema de reciente desarrollo permite reciclar el agua del lavado de manos, lo que no solo ahorra agua, sino que también ayuda a prevenir enfermedades infecciosas en los países en desarrollo.
Cada año, según cifras de la OMS, alrededor de cuatro millones de personas mueren a causa de enfermedades diarreicas o infecciones respiratorias. En particular, en los países en desarrollo, estas muertes se deben en gran medida a una higiene deficiente; el problema se reduciría considerablemente con el lavado regular de manos. Pero ¿cómo puede lograrse en lugares donde la gente no tiene acceso a agua potable segura o no dispone de agua corriente?
Un grupo de ingenieros ambientales dirigido por el profesor de la ETH Eberhard Morgenroth (director de Ingeniería de Procesos en Eawag) está abordando este problema mediante investigaciones en el marco del proyecto Blue Diversion Autarky. El equipo ha desarrollado un sistema de tratamiento independiente de la red que permite reciclar repetidamente las aguas grises —aguas residuales relativamente limpias procedentes de la ducha, el baño o el lavado de manos—.
Como señala Morgenroth, ya existen sistemas comerciales que permiten tratar las aguas grises in situ para usarlas en la descarga de los inodoros, pero el agua reciclada no alcanza los estándares de calidad requeridos para otros usos.

Recuento bacteriano inferior al del agua del grifo de Zúrich
Esto no ocurre con el sistema de tratamiento de agua que el equipo de Morgenroth ha desarrollado durante los últimos siete años en colaboración con microbiólogos, científicos sociales, urbanistas y diseñadores industriales: tras varias etapas de tratamiento, las aguas grises son inodoras e incoloras y tienen un recuento bacteriano inferior al del agua del grifo de Zúrich.
El componente clave del sistema es una membrana de plástico de poros finos (de ultrafiltración), que retiene los organismos patógenos. La biopelícula microbiana que se forma en la membrana descompone los contaminantes fecales y urinarios de las aguas residuales. Sin embargo, como la concentración de nutrientes en el agua del lavado de manos es relativamente baja, el rendimiento del tratamiento biológico disminuye rápidamente: en un estudio publicado recientemente por el equipo de investigación, se determinó que la tasa de eliminación del carbono orgánico asimilable (AOC) era del 85 %. La solución, explica Morgenroth, es sencilla pero eficaz: «Si añadimos nutrientes —como nitrógeno y fósforo— al jabón de manos, las bacterias funcionan con gran eficacia y alcanzan una tasa de eliminación de casi el 100 %».
Tras la ultrafiltración, un filtro de carbón activado elimina cualquier resto de materia orgánica que quede en las aguas residuales. En el último paso, una celda electrolítica produce cloro a partir de sal disuelta para desinfectar el agua durante su almacenamiento.
También apto para los baños de los trenes
Aunque el sistema está diseñado principalmente para usarse en regiones menos desarrolladas, Morgenroth afirma que, por razones económicas, «no es realista esperar que hoy una empresa fabrique estaciones de lavado de manos de este tipo exclusivamente para los países en desarrollo». Por eso, el equipo estudia otras posibles aplicaciones, por ejemplo, en los baños de los trenes de pasajeros.
«Los operadores ferroviarios y los proveedores de equipos para trenes están muy interesados en el sistema que hemos desarrollado», afirma Morgenroth. Cree que la tecnología resultaría económicamente atractiva, ya que el personal ferroviario ya no tendría que reponer constantemente el agua para lavarse las manos. Morgenroth también está convencido de que el reciclaje del agua acabará imponiéndose, tarde o temprano, tanto en Suiza como en otros países, puesto que los modelos climáticos sugieren que las sequías probablemente serán más frecuentes en el futuro: «Cada vez más regiones dejarán de poder permitirse el lujo de utilizar agua potable limpia para todos los usos».
Prueba de campo exitosa en un parque de Zúrich
El funcionamiento del nuevo sistema de tratamiento de agua quedó demostrado en una prueba de campo de dos meses realizada este verano. Se instaló un prototipo de sistema de lavado de manos en el antiguo emplazamiento del estadio Hardturm (Stadionbrache), que actualmente funciona como espacio verde comunitario dentro de la ciudad de Zúrich. Aunque a veces más de cien personas al día usaban el sistema, siempre hubo suficiente agua limpia, inodora e incolora, libre de bacterias y virus.
La próxima prueba de campo, también de dos meses, tendrá lugar en un asentamiento informal de Durban (Sudáfrica), donde está previsto instalar el sistema en enero de 2019. Los investigadores estudiarán si el sistema funciona y cómo lo hace durante un periodo prolongado en este tipo de entorno.
El proyecto Blue Diversion Autarky cuenta con financiación de la Fundación Bill y Melinda Gates. Este artículo también se ha publicado en la plataforma de noticias de Eawag.





