Como tantos países de todo el mundo, Vietnam espera reducir su impacto en el medioambiente. El país se ha fijado el objetivo de reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero en un ocho por ciento para 2030 y planea prohibir las queridas motocicletas de Hanói para lograrlo. Pero Vietnam no solo apunta a los vehículos que vierten tanto humo de escape en sus ciudades. También está considerando el propio combustible.
Según Quartz, el país anima a sus habitantes a sustituir las estufas de leña por biogás, y no de cualquier tipo. El biogás es un biocombustible elaborado a partir de materia orgánica, como restos de comida o recortes de hierba; en este caso, procede de excrementos de cerdo.
Esta fuente de combustible poco convencional tiene mucho sentido para Vietnam, ya que la carne de cerdo representa la mayor parte de la producción cárnica del país. Supone el 72,6 por ciento de ese sector, según informa el Banco Mundial, mientras que las aves de corral ocupan un lejano segundo lugar, con el 18 por ciento.
Eso se traduce en muchos cerdos —unos 26 millones, de hecho— y, a su vez, en mucho, bueno, estiércol. Es un problema, porque estos residuos se descomponen de forma natural y producen metano, un gas de efecto invernadero aún más potente que el dióxido de carbono.
Entra en escena el biogás. El impulso local a esta fuente de combustible comenzó en 2003, cuando una ONG neerlandesa llamada SNV puso en marcha el Programa de Biogás de Vietnam. El proyecto buscaba ofrecer a los habitantes de las zonas rurales de Vietnam una fuente de energía accesible y asequible, en lugares donde las estufas de leña —una fuente de contaminación del aire en interiores— son habituales en las cocinas. En los 15 años siguientes, SNV ayudó a construir 158.500 biodigestores, grandes depósitos en forma de cúpula que almacenan residuos animales. La organización también ofreció incentivos económicos a las familias que los construyeran y utilizaran, aunque la construcción no siempre resulta barata. Quartz menciona a un agricultor que gastó 600 dólares en sus biodigestores, una suma equivalente a cinco veces sus ingresos mensuales.
Aun así, SNV afirma que la inversión ha reducido drásticamente las emisiones. Nguyen Thi Thu Ha, asesora de programas de SNV, declara a Quartz que los biodigestores han ayudado a Vietnam a reducir 1,3 millones de toneladas de emisiones de carbono al año.
Los biodigestores han llegado al menos a 63 provincias y ciudades de Vietnam, donde se han pasado al biogás para cocinar. Sin embargo, la adopción generalizada podría cambiar, ya que el combustible depende por completo de la industria porcina local, que actualmente atraviesa una crisis debido a la fuerte caída de los precios y a los problemas comerciales.
Los defensores de las energías renovables esperan que el proyecto continúe e inspire a Vietnam a explorar otras fuentes de energía alternativas, dado que el país ha dependido mucho del carbón para satisfacer el aumento de la demanda de electricidad. Aunque los planes para ampliar las plantas de energía solar ya están en marcha, un poco de energía porcina podría contribuir mucho a alcanzar los objetivos de emisiones para 2030.





