La reforma del transporte es crucial para limitar los peores efectos del cambio climático 

People are packed in a bus during a national public transport strike in Rome, Italy October 26, 2018. REUTERS/Tony Gentile - RC1E6C1F4C70
People squeeze onto a packed bus in Rome, Italy.Image: REUTERS/Tony Gentile
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El mes pasado, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático atrajo la atención mundial al presentar pruebas nuevas y contundentes sobre la urgencia de la situación climática. Según el último informe, las temperaturas mundiales alcanzarán 1,5 grados Celsius por encima de los niveles preindustriales en los próximos 12 años, a menos que actuemos ahora.

El transporte tiene una enorme responsabilidad en la situación actual: el sector contribuye a casi una cuarta parte de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero relacionadas con la energía y al 18 % de todas las emisiones de origen humano en la economía mundial. En un escenario sin cambios, esta cifra seguirá aumentando hasta alcanzar el 1/3 de todas las emisiones para 2040.

Esto significa que reducir las emisiones del transporte será fundamental para resolver la ecuación climática. Para poner en marcha este proceso, la iniciativa Movilidad Sostenible para Todos (Sum4All) acaba de publicar una hoja de ruta mundial preliminar para la acción en favor de la movilidad sostenible, que establece medidas de política concretas para un futuro del transporte más saludable. Nuestra coalición de 55 organizaciones públicas y privadas líderes aborda todas las dimensiones de la sostenibilidad: la seguridad, la eficiencia, el acceso equitativo y, por supuesto, el impacto ambiental.

Mientras los líderes mundiales se dirigen a Polonia para la Conferencia sobre el Clima COP24, este es un buen momento para identificar las soluciones más eficaces para reducir la huella de carbono del transporte. En ese sentido, animamos a todas las partes interesadas a aportar ideas y comentarios sobre la Hoja de ruta para la acción de SuM4All: ¿Qué intervenciones de política creen que deberían tener prioridad? ¿Faltan en la propuesta medidas esenciales? ¿Cómo puede el sector privado formar parte de la solución?


Mientras reunimos aportes de las partes interesadas públicas y privadas de todo el mundo, este es el estado actual del debate sobre el transporte y el clima:

  • Se prevé que, para 2050, las emisiones de GEI del transporte por carretera aumenten más de la mitad, y las de la aviación internacional un 300-700 %, mientras que las estimaciones para el transporte marítimo internacional oscilan entre el 50-250 %según los distintos escenarios. A la luz de esto, limitar el aumento de la temperatura media mundial exigirá cambios de gran alcance en todo el sector. Para impulsar esta ambición, todos los principales modos de transporte tendrán que trabajar en estrecha colaboración.

  • La reducción de las emisiones de GEI relacionadas con el transporte solo será posible si se reduce su dependencia de los combustibles fósiles y se aumenta su dependencia de las tecnologías energéticas alternativas. Dado que actualmente el 96 % de la combinación energética del transporte mundial depende de los combustibles fósiles, es más fácil decirlo que hacerlo. Muchos proveedores de combustibles fósiles consideran que, para 2050, el petróleo seguirá siendo la principal fuente de energía para la movilidad, mientras que el gas natural y la electricidad desempeñarán un papel cada vez mayor.

  • Si nos centramos en las tecnologías energéticas alternativas para los vehículos, no sorprende que representen solo 1/9 de los ingresos totales generados por el mercado del transporte. El diésel limpio acapara la mayor parte del mercado de combustibles alternativos, mientras que la cuota de mercado de los vehículos eléctricos e híbridos —a menudo presentados como la vía más prometedora hacia una movilidad más ecológica— tendrá que crecer exponencialmente antes de que puedan marcar una diferencia real (véase el gráfico siguiente). En los mercados donde se están afianzando los vehículos eléctricos, otro desafío será garantizar que la propia electricidad proceda de fuentes limpias. China, por ejemplo, aunque lidera la adopción de vehículos eléctricos, sigue produciendo el 70 % de su energía a partir del carbón.

Image: Advanced Energy Economy

Las tecnologías que convierten residuos en energía ofrecen una alternativa prometedora a las fuentes de energía renovable más tradicionales. Los materiales orgánicos, como los restos de comida y los residuos verdes, se descomponen mediante digestión anaerobia y se convierten en gas, fertilizante y combustible. La ciudad de Sacramento, por ejemplo, ya utiliza residuos para abastecer autobuses de transporte público y escolares. También se está desarrollando su aplicación en la industria de la aviación. Estas tecnologías alternativas abren un abanico de nuevas posibilidades para reducir el consumo y la producción de combustibles fósiles, crear cadenas de suministro energético más cortas y aprovechar al máximo los recursos disponibles a nivel local. Sin embargo, aún hay importantes obstáculos tecnológicos que superar, y la posibilidad de ampliarlas a gran escala sigue siendo incierta.

El debate actual sobre el futuro de la movilidad se centra en gran medida en el potencial de innovaciones como los vehículos eléctricos y autónomos. Estas tecnologías sin duda desempeñan un papel fundamental en la reducción de emisiones, pero siguen favoreciendo una visión de la movilidad centrada en el automóvil, que no aborda otras consecuencias negativas, como la congestión del tráfico, el ruido o la contaminación atmosférica. Para que el transporte sea verdaderamente sostenible, no basta con hacer funcionar el mismo sistema de siempre con un motor más limpio. Las generaciones futuras merecen un debate sobre el transporte más audaz y enriquecedor, que examine simultáneamente todas las soluciones posibles —incluidas las más difíciles—, desde una energía más limpia hasta la gestión de la demanda, el cambio de comportamiento y la movilidad virtual.

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