El plan de Nueva Zelanda para los impulsores genéticos
Los expertos consideran utilizar la tecnología de edición genética como herramienta para abordar algunos de los grandes desafíos biológicos que afronta el mundo actual: desde controlar o limitar la propagación de enfermedades transmitidas por vectores hasta promover la conservación. Los científicos de Nueva Zelanda están especialmente interesados en las posibilidades de diseñar impulsores genéticos, posibles gracias a la herramienta de edición genética CRISPR.
Un sistema de impulso genético utiliza la edición genética para favorecer la herencia de una variante genética concreta y, de ese modo, aumentar su frecuencia en la población de un organismo. Nueva Zelanda considera los impulsores genéticos como una herramienta para reducir la población de plagas como ratas, ratones, armiños y zarigüeyas, si no eliminarlas por completo. La iniciativa ha despertado interés mundial y ha abierto un debate sobre el uso de los impulsores genéticos.
En un estudio publicado en la revista PLOS Biology, Neil Gemmell, de la Universidad de Otago, en Nueva Zelanda, y Kevin Esvelt, del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), estudiaron las posibles consecuencias de la propagación accidental de sistemas de impulso genético autorreplicantes ya existentes.
«Creo que es importante señalar que nuestro artículo busca informar y suscitar el debate sobre los impulsores genéticos en un contexto mundial, y que no estamos en contra de la tecnología de impulso genético en sí ni nos oponemos a la idea de explorarla como parte de las soluciones técnicas que permitirán alcanzar el objetivo de Nueva Zelanda de librarse de los depredadores», dijo Gemmell a Futurism.
«En definitiva, crear un sistema estándar de impulso genético autorreplicante basado en CRISPR probablemente equivaldría a crear una nueva especie altamente invasora: ambos probablemente se propagarían por cualquier ecosistema donde pudieran prosperar y quizá provocarían cambios ecológicos», explicó en un comunicado de prensa Esvelt, quien fue uno de los primeros en describir cómo podía lograrse un impulso genético mediante CRISPR.

Soluciones que surgen con rapidez
La ingeniería de sistemas de impulso genético podría ser muy eficaz, pero los expertos aún albergan ciertas reservas sobre su uso. «Considero que los impulsores genéticos son una solución futura importante para diversos problemas de conservación, pero deben poder controlarse en algún contexto si queremos plantearnos seriamente su aplicación en el medioambiente», explicó Gemmell.
Tal como Anthony James, profesor Donald Bren de microbiología y bioquímica en la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad de California en Irvine, dijo a Futurism, el verdadero potencial de los impulsores genéticos solo podrá hacerse realidad «tras realizar pruebas exhaustivas en laboratorio».
«Ya vivimos escenarios catastróficos (enfermedades y muertes de personas y animales, extinción de especies insulares valiosas), y las tecnologías de impulso genético ofrecen posibles soluciones», añadió James. «Quizá no sean adecuadas en todos los casos, pero deberían explorarse en aquellos en los que sus beneficios pudieran superar con creces los costos». Según dijo, la tarea más prudente será identificar y abordar esas circunstancias.
El potencial de los impulsores genéticos está claro, pero ¿cuándo podrían desplegarse estos sistemas de forma segura? Gemmel sugiere, basándose en experimentos con moscas de la fruta, que podríamos verlos en 3-5 años. Sin embargo, también hizo una salvedad: no está seguro de que dentro de ese plazo «estén establecidos los marcos sociales, éticos y jurídicos necesarios para tal despliegue».
En efecto, Gemmell y Esvelt advirtieron sobre las consecuencias de que un sistema de impulso genético afectara a toda una especie más allá de lo previsto. «[L]a posibilidad de que las naciones se demanden entre sí para obtener indemnizaciones por los daños ecológicos y quizá también sociales y culturales podría convertirse en un verdadero caos», explicó Gemmell. Añadió que esto podría retrasar la investigación sobre impulsores genéticos por falta de confianza en la tecnología.
«Con un diálogo abierto y más investigación, confío en que surjan rápidamente nuevas soluciones y podamos contar con sistemas de impulso genético que se controlen de diversas maneras, por ejemplo, mediante la vida útil finita prevista con el impulso genético en cadena tipo margarita de [Esvelt]», dijo Gemmell. «Al fin y al cabo, la tecnología apenas tiene unos años y, a la velocidad de desarrollo que estamos viendo, probablemente no tardarán en aparecer nuevas herramientas más fáciles de controlar».





