Los mariscos del mundo están amenazados a medida que nuestros océanos se vuelven más ácidos

Freshly-opened oysters from the Bassin d'Arcachon are displayed by an oyster farmer in Andernos-les-Bains near Bordeaux, south-western France, December 19, 2012 ahead of the Christmas and New Year holiday season. REUTERS/Regis Duvignau (FRANCE - Tags: AGRICULTURE FOOD) - PM1E8CJ1CM101
The ocean has become up to 30% more acidic in the last 200 years.Image: REUTERS/Regis Duvignau
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Durante los últimos millones de años, los océanos del mundo han mantenido un estado ligeramente alcalino, con un promedio de pH de 8,2. Ahora, con las emisiones de carbono en aumento, hay más CO₂ en la atmósfera del mundo. Este se disuelve en los océanos y altera la química del agua marina al reducir el pH y volverla más ácida: hasta un 30 % más en los últimos 200 años. Esta creciente acidificación de los océanos se está convirtiendo en un problema grave para la producción de mariscos en todo el mundo.

Image: Statista

Los mariscos son organismos que producen conchas y esqueletos de carbonato de calcio, como los mejillones, las ostras y los corales. Crean sus estructuras protectoras mediante un proceso conocido como biomineralización —producen minerales duros, como el carbonato de calcio, al filtrar calcio y carbonato del agua. Si la acidificación reduce la cantidad de carbonato disponible en los océanos, limita la capacidad de estos organismos para crear conchas.

Pero ahora la acidificación costera se está produciendo cerca de tierra en regiones donde la escorrentía de agua dulce puede liberar suelos sulfatados y exceso de carbono, que también reducen el pH y la disponibilidad de carbonato para producir conchas. Las inundaciones y el aumento del nivel del mar causados por el cambio climático agravan esta situación.

Un problema mundial

Estudios recientes señalaron estas implicaciones para la ostra de roca de Sídney en Nueva Gales del Sur, Australia. Históricamente, la producción de ostras en la región ha registrado una disminución de las ostras grandes de «calidad para plato» y un aumento de las más pequeñas. Esto puede deberse a diversos factores físicos, biológicos y económicos, entre ellos la presión sobre los productores para recolectar las ostras antes y evitar una alta mortalidad invernal durante los periodos fríos y secos.

Pero nuestro reciente estudio sugiere que la acidificación costera en Australia también está perjudicando la capacidad de las ostras para crecer adecuadamente. El cambio en los mecanismos de crecimiento de las conchas podría tener consecuencias en el futuro, como la producción de conchas más finas y propensas a fracturarse, lo que supone un posible riesgo de daños durante el cultivo y la recolección.

La situación en Nueva Gales del Sur no es un caso aislado. En el estado de Washington, en Estados Unidos, la acidificación causada por el ascenso a la superficie de aguas marinas más profundas y frías, con altos niveles de CO2, ha provocado malformaciones en larvas de ostra y una pérdida de la producción de semillas en criaderos.

Un informe de un criadero de mariscos detalló el impacto de estas condiciones perjudiciales en la formación de las conchas de las larvas de ostra. Las granjas de ostras de Washington han adoptado medidas para mantener la actividad ostrícola en condiciones cada vez más ácidas. Entre ellas se incluyen tratar el agua de los criaderos para aumentar el pH y hacer que haya más carbonato disponible para la formación inicial de las conchas de las larvas, así como criar semillas de ostra en distintos lugares para garantizar su supervivencia y la producción futura.

En Escocia, un país famoso por sus mariscos de alta calidad, la acidificación representa una amenaza menos inmediata. No hay suelos sulfatados ni aguas más profundas con altos niveles de CO2 que asciendan a la superficie, como sí ocurre en Australia y Estados Unidos. Sin embargo, como el cambio climático agrava la acidificación costera —en particular, por la escorrentía de agua dulce derivada del aumento de las precipitaciones y de la subida del nivel del mar—, esto podría tener un efecto grave en las pesquerías comerciales de mariscos de todo el mundo, incluida Escocia.

Los cambios en la química del agua marina asociados a la escorrentía de agua dulce incluyen una menor salinidad y un pH más bajo, así como cambios en la disponibilidad de carbonato. Esto, junto con el aumento de las temperaturas, añade presión a los productores de mariscos que crían mejillones y ostras.

Anteriormente he informado sobre el efecto de la acidificación provocada experimentalmente por altas concentraciones de CO2 en los mejillones, cuyas conchas mostraron un crecimiento reducido y se volvieron más quebradizas. Se prevé que los mariscos produzcan conchas más finas, que también podrían ser más propensas a fracturarse durante la recolección, el transporte o cuando otro animal intente comérselas.

Cría y resiliencia

La industria debe considerar formas de reducir este riesgo. En Washington, los productores han ajustado la química del carbonato en los criaderos de ostras para desarrollar las larvas antes de trasladarlas a granjas donde la acidificación puede reducir el desarrollo inicial de las conchas.

En Nueva Gales del Sur, el Departamento de Industrias Primarias ha realizado estudios sobre la ostra de roca de Sídney para examinar la posibilidad de desarrollar mediante cría selectiva cepas resilientes que puedan adaptarse mejor a condiciones de agua marina más ácida. Los investigadores han informado sobre el potencial de la cría selectiva para lograr resistencia a las enfermedades y un crecimiento más rápido de las conchas, lo que podría aumentar la resiliencia de las ostras frente a la acidificación.

El siguiente paso de nuestro trabajo con el DPI de Australia es examinar estas ostras criadas selectivamente para comprender su potencial para combatir el problema de la acidificación. Es importante que la industria escocesa de mariscos comprenda los riesgos del cambio climático que ya se están manifestando en Australia y Estados Unidos. Si en el futuro el cambio climático amenaza las aguas del Reino Unido con agua dulce y acidificación oceánica inducida por el CO2, el país podría sufrir el mismo destino.

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