Normalmente, el fondo del mar profundo es de un blanco calizo. Está compuesto, en gran medida, por el mineral calcita (CaCO3), formado a partir de los esqueletos y caparazones de numerosos organismos planctónicos y corales.
El lecho marino desempeña un papel fundamental en el control del grado de acidificación de los océanos. La disolución de la calcita neutraliza la acidez del CO2 y, en el proceso, evita que el agua de mar se vuelva demasiado ácida.

Pero hoy en día, al menos en determinados puntos críticos, como el Atlántico norte y los océanos del sur, el lecho calizo de los océanos se está volviendo más bien de un marrón turbio. Debido a la actividad humana, el nivel de CO2 en el agua es tan elevado, y el agua es tan ácida, que la calcita simplemente se está disolviendo.
UN FUTURO PREDESTINADO
Los investigadores afirman que creen que lo que observan hoy es solo un anticipo de la forma en que es probable que el fondo oceánico se vea afectado en el futuro.
«Dado que el CO2 tarda décadas e incluso siglos en descender hasta el fondo del océano, casi todo el CO2 generado por la actividad humana sigue en la superficie», afirma el autor principal, Olivier Sulpis, quien está realizando su doctorado en el departamento de ciencias de la tierra y los planetas de la Universidad McGill.
«Pero en el futuro invadirá el océano profundo, se extenderá por encima del fondo oceánico y provocará que aún más partículas de calcita del lecho marino se disuelvan», afirma Sulpis.
«La tasa a la que el CO2 se emite actualmente a la atmósfera es excepcionalmente alta en la historia de la Tierra, más rápida que en cualquier periodo desde, al menos, la extinción de los dinosaurios. Y a un ritmo mucho más rápido que el de los mecanismos naturales del océano para hacerle frente, por lo que suscita preocupación por los niveles de acidificación de los océanos en el futuro», explica.
EL OCÉANO EN EL LABORATORIO
Dado que obtener mediciones en las profundidades marinas es difícil y costoso, los investigadores crearon en el laboratorio un conjunto de microambientes similares al lecho marino, reproduciendo las corrientes de fondo abisales, la temperatura y la química del agua de mar, y la composición de los sedimentos.
Los experimentos les ayudaron a comprender qué controla la disolución de la calcita en los sedimentos marinos y les permitieron cuantificar con precisión su tasa de disolución en función de diversas variables ambientales. Al comparar las tasas de disolución del lecho marino preindustriales y actuales, lograron extraer la fracción antropogénica de las tasas de disolución totales.
ASÍ COMO EL CAMBIO CLIMÁTICO NO SOLO TRATA SOBRE LOS OSOS POLARES, LA ACIDIFICACIÓN DE LOS OCÉANOS NO SOLO TRATA SOBRE LOS ARRECIFES DE CORAL.
https://www.futurity.org/oceans-acidification-co2-1905292-2/
Las estimaciones de velocidad de las corrientes del fondo oceánico proceden de un modelo oceánico de alta resolución desarrollado por Brian Arbic, oceanógrafo físico y profesor asociado en la Universidad de Míchigan, y por un antiguo becario posdoctoral de su laboratorio, David Trossman, quien actualmente es investigador asociado en la Universidad de Texas en Austin.
«Cuando David y yo desarrollamos estas simulaciones, la aplicación a la disolución de material geológico en el fondo de los océanos estaba muy lejos de nuestra mente», afirma Arbic. «Esto demuestra que la investigación científica a veces puede tomar desvíos inesperados y generar dividendos inesperados».
«Así como el cambio climático no solo trata sobre los osos polares, la acidificación de los océanos no solo trata sobre los arrecifes de coral», añade Trossman. «Nuestro estudio muestra que los efectos de las actividades humanas se han hecho evidentes hasta el lecho marino en muchas regiones, y la acidificación resultante en estas regiones puede afectar nuestra capacidad para comprender la historia climática de la Tierra».
«Este estudio muestra que las actividades humanas están disolviendo el registro geológico del fondo del océano», afirma Arbic. «Esto es importante porque el registro geológico aporta pruebas de los cambios naturales y antropogénicos».
En trabajos futuros, los investigadores planean analizar cómo es probable que evolucione esta disolución del lecho oceánico profundo durante los próximos siglos, bajo distintos escenarios potenciales de emisiones futuras de CO2. Consideran que es fundamental que los científicos y los responsables de políticas desarrollen estimaciones precisas de cómo la acidificación provocada por los seres humanos afectará a los ecosistemas marinos a largo plazo.
El Consejo de Investigación en Ciencias Naturales e Ingeniería de Canadá (NSERC) y la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos financiaron el trabajo, que se publica en los Actas de la Academia Nacional de Ciencias.
Fuente: Universidad McGill
Estudio original DOI: 10.1073/pnas.1804250115





