Lo que el dilema del prisionero nos enseña sobre el cambio climático

A boat is seen on the partially dried bed of the Batllava artificial lake during winter, in Orllan January 10, 2014. Water level in the Batllava artificial lake, a main source of water supply for Kosovo's capital Pristina, has gone down by 11 metres (36 feet) on-year due to a lack of rain and snow this winter after an unusually dry year, local media reported. Picture taken January 10, 2014. REUTERS/Hazir Reka (KOSOVO - Tags: ENVIRONMENT)
Our rapidly warming world throws up ethical dilemmasImage: REUTERS/Hazir Reka
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Cuando se pregunta a los estudiantes por un momento memorable de 24.07 (La ética del cambio climático), invariablemente recuerdan el ejercicio de teoría de juegos, el dilema del prisionero, en el que se jugaba por dulces aportados por Caspar Hare, profesor de filosofía.

«Durante el juego, una chica intentaba cooperar, pero perdió frente a alguien que actuó de forma egoísta… y luego ganó», recuerda Claire McGinnity, estudiante de segundo año. «Él acabó quedándose con todo el chocolate, ¡y Caspar no tuvo piedad!»

El dilema del prisionero, un escenario estratégico que enfrenta la cooperación con el interés propio, es una forma perfecta de reflexionar sobre los difíciles dilemas que surgen en un mundo que se calienta rápidamente, sugiere Hare.

«Con el cambio climático, puede que algunos salgamos individualmente beneficiados a corto plazo al conducir todoterrenos, pero si todos emitimos carbono como locos, estaremos peor que si ninguno lo hiciera», afirma Hare. «Al final, quizá lleguemos a un punto en que todos vean que les conviene cooperar y reducir las emisiones».

Nuestro impacto en el medio ambiente es innegable.Image: Carbon Brief

Aplicar el conjunto de herramientas del filósofo moral a los problemas climáticos

La asignatura «Ética del cambio climático» aporta el conjunto de herramientas de un filósofo moral a una serie de problemas monumentales: ¿Cuál es la naturaleza de la amenaza que plantea el cambio climático y, dadas las incertidumbres, qué se debería hacer al respecto? ¿Deberían actuar las personas o los gobiernos? ¿Es responsable la generación actual de actuar en nombre de los ciudadanos del futuro?

Kieran Setiya, profesor de filosofía, impulsó la creación de esta asignatura. «Me ha interesado y preocupado el cambio climático desde que tengo memoria», afirma. Después de llegar al MIT en 2014 y participar en el grupo Fossil Free MIT, Setiya decidió impartir una asignatura. «Pensé que sería una forma útil de mantener la atención sobre el tema», explica.

Junto con su colega de departamento Caspar Hare, Setiya se propuso estructurar una asignatura que ofreciera una base rigurosa para deliberar sobre cuestiones relacionadas con el cambio climático. «El cambio climático es un asunto paradigmáticamente moral, porque lo que hacemos puede perjudicar a otras personas a quienes no conocemos», afirma Hare. «Pero la cadena causal que conduce al daño es compleja, y gran parte del debate público sobre el cambio climático y sus posibles soluciones es demasiado general».

«Queremos que los estudiantes pasen de sentirse angustiados por el cambio climático a comprender con mayor claridad los riesgos, los resultados probables y las distintas maneras en que nuestras decisiones les afectarán», afirma Setiya.

El argumento moral «matemático»

La asignatura incluye lecturas de académicos contemporáneos, además de clases y ejercicios diseñados para promover afirmaciones y argumentos precisos. A algunos estudiantes, el programa les resultó sorprendente.

«La asignatura no se ajustaba a mis expectativas iniciales, pero estoy más contenta con cómo resultó», afirma Serena Grown-Haeberli, estudiante de segundo año de ingeniería mecánica. «Se centra en los marcos morales para la toma de decisiones aplicados al cambio climático, lo que te permite abordar este gran problema desde distintos ángulos».

«Era mi primera clase de filosofía y me imaginaba a antiguos filósofos griegos sentados y conversando», cuenta McGinnity, quien trabaja como operadora en el Laboratorio de Investigación Nuclear del MIT y está considerando especializarse en aeronáutica y astronáutica. «No sabía que el campo empleaba la lógica y un lenguaje tan matemático; es mucho más científico de lo que imaginaba».

Para Saleem Aldajani, estudiante de último año que se especializa en física e ingeniería biológica y química, la asignatura y su exigente enfoque han cambiado su forma de ver el mundo. «Es casi como una asignatura de ética pura, con un componente aplicado, y realmente me ha proporcionado una manera sistemática de plantear las preguntas adecuadas, algo parecido a una guía moral para mis obligaciones y acciones», afirma Aldajani, originario de Arabia Saudí, que espera trabajar algún día en tecnologías de energía alternativa.

La asignatura aborda una serie de temas complejos que, a diferencia de los conjuntos de problemas, no tienen respuestas cuantificables. «En algunos ámbitos de la filosofía, puedes llegar rápidamente a un punto en el que no hay consenso sobre cómo debería definirse el terreno», afirma Hare. «Por ejemplo, nadie ha dado una respuesta perfecta sobre cómo deberíamos pensar acerca del riesgo catastrófico».

Ser o no ser

También está el desconcertante problema de la no identidad, que se pregunta si las acciones realizadas en el presente pueden perjudicar a personas del futuro que, como resultado de esas acciones, quizá nunca lleguen a existir. ¿Se pueden juzgar moralmente esas acciones? Discutan.

«Si ahora introdujéramos cambios drásticos en las políticas climáticas, eso podría significar que en el futuro vivieran personas distintas de las que vivirían si mantuviéramos las mismas políticas energéticas», afirma McGinnity.

«Si usamos ese argumento como marco, la razón para prevenir el cambio climático no puede ser que quizá perjudique a las personas del futuro», sugiere Grown-Haeberli, «porque no estarán peor si no solucionamos el problema».

«Quizá se trate de mejorar el tipo de razonamiento moral que empleamos para realizar acciones que afectan a las generaciones futuras», afirma Aldajani. «En lo que respecta al cambio climático, nuestra respuesta quizá no consista en evitar el daño o en hacer del mundo un lugar mejor, sino en cumplir un deber de justicia reduciendo las emisiones».

Es uno de los «problemas alucinantes» de la asignatura, en palabras de Grown-Haeberli, que los estudiantes siguen recordando después de salir del aula. «Esta asignatura te hace pensar conscientemente en cuestiones complejas que no tienen respuestas intuitivas y muestra cómo abordar las preguntas de manera coherente y lógica, ofreciéndote buenas justificaciones para tus acciones», afirma Grown-Haeberli.

«Si de verdad te interesa entender por qué deberíamos actuar frente al cambio climático», afirma Aldajani, «esta asignatura te prepara para hablar del tema con coherencia en conferencias o con especialistas, y para llegar a una conclusión perspicaz».

Esto, por supuesto, es música para los oídos de cualquier docente.

«Enseñar a estudiantes del MIT es una inversión en un grupo de jóvenes brillantes que tendrán impacto de muchas maneras», afirma Setiya. «Espero que nuestros estudiantes puedan influir más ampliamente en el cambio climático, reflexionando y llegando a comprender el tema, y luego entablando conversaciones rigurosas al respecto con otras personas».

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