Todavía no hemos llegado a la desesperanza climática. Aún podemos salvarnos

An enormous iceberg (R) breaks off the Knox Coast in the Australian Antarctic Territory, January 11, 2008. Australia's CSIRO's atmospheric research unit has found the world is warming faster than predicted by the United Nations' top climate change body, with harmful emissions exceeding worst-case estimates. Picture taken January 11, 2008. REUTERS/Torsten Blackwood/Pool (ANTARCTICA) - RTR1X0U1
Technology and increased awareness could prevent climate disaster.Image: REUTERS/Torsten Blackwood/Pool
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La creciente gravedad y frecuencia de los fenómenos meteorológicos extremos sugiere que los escenarios catastróficos que temen los científicos del clima deben tomarse en serio. Afortunadamente, se están logrando avances rápidos en la tecnología de energía limpia y en formas de vida con emisiones netas nulas de carbono.

Las olas de calor y los fenómenos meteorológicos extremos registrados en el hemisferio norte este verano han devuelto el cambio climático al primer plano del debate público. Los primeros análisis apuntan con firmeza a que desastres naturales como el huracán Florence, que azotó la costa este de Estados Unidos este mes, se han visto agravados por el aumento de las temperaturas globales. Aunque el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se ha desvinculado del Acuerdo de París sobre el clima de 2015, el resto del mundo está cada vez más convencido de la necesidad de limitar las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).

Image: Carbon Brief

El mes pasado, un grupo de científicos del clima publicó un informe en Proceedings of the National Academy of Sciences de Estados Unidos en el que advertían de que el planeta podría encaminarse hacia convertirse en un “invernadero” en el que los seres humanos no podrían vivir. La Tierra ya ha registrado las temperaturas más altas desde la última edad de hielo. Pero, como señala el informe, lo que estamos experimentando hoy no será nada comparado con lo que nos espera si las temperaturas medias globales superan los 2 °C por encima de los niveles preindustriales.

Llegados a ese punto, los autores escriben que “[el] calentamiento global podría activar importantes elementos de inflexión, lo que elevaría aún más la temperatura para activar otros elementos de inflexión en una cascada en forma de dominó que podría llevar al sistema terrestre a temperaturas aún más altas”. El debate científico sobre los puntos de inflexión climáticos y los escenarios catastróficos sigue abierto. Pero nadie puede afirmar con certeza que los riesgos descritos en el informe “Hothouse Earth” no sean reales.

Pero existe otro riesgo: que advertencias como estas conduzcan a la desesperanza. Numerosos informes han concluido ya que será sumamente difícil cumplir los objetivos fijados en el Acuerdo de París. Sin embargo, concluir que la situación no tiene solución no solo es peligroso, sino también incorrecto desde el punto de vista fáctico. Después de todo, los avances políticos y tecnológicos que están en marcha en la actualidad ofrecen motivos para una esperanza genuina.

En la Cumbre Mundial de Acción por el Clima celebrada en San Francisco, California, este mes, se habló mucho de los numerosos informes alarmantes publicados en los últimos meses y años. Pero el verdadero foco de atención fue la Hoja de Ruta Exponencial de Acción por el Clima, un importante nuevo estudio que demuestra que los avances en el uso de tecnologías no basadas en combustibles fósiles progresan no solo de forma lineal, sino exponencial.

Quizá no lo sepa, pero el uso de la energía solar y eólica se duplica cada cuatro años. Si esa tendencia se mantiene, al menos la mitad de la producción mundial de electricidad podría proceder solo de estas dos fuentes de energía renovable para 2030. Y no hay buenas razones para pensar que ese progreso no pueda acelerarse aún más. Solo en los últimos años se han producido avances rápidos en las tecnologías de energía solar y en el almacenamiento de energía.

La Comisión Mundial sobre Economía y Clima calcula que 90 billones de dólares se invertirán en nueva infraestructura en todo el mundo a lo largo de los próximos 15 años. Gracias a las nuevas tecnologías que están surgiendo ahora, no solo en el ámbito energético, sino también en el digital, la humanidad podría tener una oportunidad histórica de dar un salto hacia formas de habitar el planeta mucho más sostenibles y con emisiones netas nulas de carbono.

Además, junto con los avances tecnológicos de gran alcance, también crece la conciencia del sector privado y del sector público sobre la importancia de tener en cuenta la sostenibilidad en todas las decisiones. Los nuevos enfoques en energía, industria, arquitectura, planificación urbana, transporte, agricultura y silvicultura tienen el potencial de reducir a la mitad las emisiones de GEI para 2030. Pero eso solo ocurrirá si una amplia coalición de responsables de la toma de decisiones decide desplegarlos.

Afortunadamente, los gobiernos y las grandes empresas han empezado a mostrar liderazgo en estas cuestiones. Como resultado, las emisiones de GEI ya han alcanzado su punto máximo en 49 países que representan el 40 % de las emisiones mundiales; y diez países se han comprometido incluso a alcanzar la neutralidad de carbono para 2050. California y Suecia afirman que producirán cero emisiones netas para 2045.

La Hoja de Ruta Exponencial de Acción por el Clima demuestra que todavía tenemos capacidad de decidir sobre nuestro futuro climático. Los peligros que nos aguardan no pueden negarse. Si las emisiones de GEI y el aumento de las temperaturas siguen sus trayectorias actuales, podríamos llegar fácilmente al punto en que las generaciones futuras tengan que soportar “Hothouse Earth”, suponiendo que puedan sobrevivir.

Pero, del mismo modo que trabajos científicos recientes han subrayado los peligros del cambio climático, también han mostrado el camino a seguir. La rápida difusión de nuevas tecnologías y la creciente conciencia del problema en la industria, el gobierno y la sociedad civil dan esperanza. Si logramos garantizar un progreso tecnológico exponencial y movilizar la voluntad política necesaria, podremos abordar la crisis climática. Un “Planeta estable” sigue estando a nuestro alcance.

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