Cerca del 40% de las tierras de la Tierra ya están degradadas, y cada año se degradan otros 100 millones de hectáreas de tierras productivas debido a la actividad humana.
La COP16 de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación busca lograr la neutralidad en la degradación de las tierras para 2030, incluida la restauración de 1.500 millones de hectáreas de tierra.
Las empresas deben integrar y ampliar prácticas favorables a la tierra en sus operaciones y cadenas de suministro para proteger los sistemas alimentarios y de recursos mundiales.
La tierra nos proporciona lo necesario para nuestras necesidades materiales, como alimentos, ropa, vivienda e infraestructura. Lamentablemente, aunque el rápido desarrollo humano ha sacado a millones de personas de la pobreza y la enfermedad, la forma en que consumimos los recursos naturales ha dejado degradado el 40% de las tierras de la Tierra.
Cada año, seguimos condenando otras 100 millones de hectáreas de tierras sanas y productivas —el doble de la superficie de España— al mismo destino. El desarrollo humano ha provocado un deterioro continuo de nuestras tierras y de otros sistemas fundamentales para sostener toda forma de vida en la Tierra: el agua, el clima y la biodiversidad.
La importancia de la tierra ocupa un lugar prioritario en la agenda ambiental mundial, mientras Arabia Saudita acoge la última de las tres conferencias de las partes (COP) de las Naciones Unidas (ONU): la COP16 de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, cuyo objetivo es lograr la neutralidad en la degradación de las tierras para 2030, incluida la restauración de 1.500 millones de hectáreas de tierra.
Las prácticas actuales relacionadas con la tierra que afectan al medio ambiente
La degradación de la tierra altera los ciclos del agua
La degradación de tierras y bosques está alterando el ciclo hidrológico del «agua verde», responsable de la mitad de toda la lluvia que cae sobre la tierra. A medida que los suelos se deterioran, el agua de lluvia escurre, las aguas subterráneas no pueden recargarse y escasea el agua potable.
Se prevé que, para 2030, la demanda de agua dulce superará la oferta en un 40%, mientras los sistemas hídricos del mundo se ven sometidos a un «estrés sin precedentes». Más de la mitad de la producción mundial de alimentos está amenazada si no se toman medidas urgentes para conservar el agua y poner fin a la destrucción de los ecosistemas de los que depende el agua dulce.
Las tierras estériles, el gran multiplicador del riesgo climático
El uso insostenible de la tierra representa el 22% de las emisiones mundiales —principalmente debido a la agricultura y la deforestación. En conjunto, las tierras estériles y el aumento de las temperaturas acercan al planeta a puntos de inflexión críticos. De hecho, la Amazonía podría pronto pasar de ser un sumidero de carbono a una fuente de emisiones.
La transformación de tierras —especialmente en las zonas costeras— multiplica los efectos de los peligros climáticos. Hasta 300 millones de personas corren un mayor riesgo de sufrir inundaciones y huracanes debido a la pérdida de hábitats costeros que actúan como barreras naturales.
Nuestra aliada de toda la vida —la biodiversidad— está asediada
La biodiversidad es una de nuestras mayores aliadas en la lucha contra el cambio climático. La transformación de tierras, la principal causa de deforestación, está destruyendo los hábitats terrestres y provocando la pérdida de biodiversidad.
La capacidad de la tierra para almacenar carbono, albergar agua dulce y alimentar a 9.800 millones de personas para 2050 depende de la fertilidad del suelo, la integridad de los ecosistemas y la conservación de los bosques, las turberas y los manglares.
Necesitamos la biodiversidad para que nuestros cultivos prosperen y ayudarles a adaptarse al cambio climático; sin embargo, los servicios ecosistémicos valorados en 10,6 billones de dólares al año se están perdiendo debido a la degradación de la tierra.
La degradación de la tierra se traduce en riesgos empresariales
Si no se controlan, las perturbaciones del clima, el agua dulce y la biodiversidad de la Tierra causadas por el uso irresponsable de la tierra podrían tener efectos sísmicos en múltiples sectores y sus cadenas de valor.
Alrededor de 58 billones de dólares —el 55% del PIB mundial— dependen en gran o moderada medida de la naturaleza y, en especial, de la tierra; algunos sectores corren un riesgo particularmente alto:
Las operaciones de la agricultura, la alimentación y las bebidas, la silvicultura y la construcción, que representan 13 billones de dólares del PIB, están expuestas en un 100%. Las empresas del sistema alimentario mundial podrían perder hasta el 26% de su valor para 2030.
Alrededor del 70% de la extracción de minerales críticos podría verse expuesta a riesgos de sequía para mediados de siglo, dado que entre el 50% y el 80% de las minas de litio y cobre se encuentran en zonas con estrés hídrico. En el índice S&P 500, el 60% de las empresas (con una capitalización bursátil de 18 billones de dólares) poseen activos muy expuestos a los peligros climáticos, incluidas las empresas mineras expuestas a olas de calor y las empresas de servicios públicos expuestas a incendios forestales.
La tecnología está en riesgo, especialmente por la creciente sed de la inteligencia artificial, que opera las 24 horas del día, los 7 días de la semana. En los próximos tres años, la demanda de agua para refrigerar centros de datos podría alcanzar entre 4 y 6 veces el volumen total anual de agua extraída en Dinamarca.
Los sectores con activos físicos expuestos (p. ej., telecomunicaciones y electricidad) o fuerzas laborales expuestas (p. ej., construcción) están amenazados por inundaciones, incendios forestales, calor extremo y tormentas, al igual que los sectores con exposición financiera a esas industrias (p. ej., banca y seguros). En Estados Unidos, el costo anual de los principales desastres climáticos aumentó de unos 22.000 millones de dólares en la década de 1980 a 123.000 millones de dólares en los últimos cinco años.
Estos efectos sectoriales quedan eclipsados por las posibles perturbaciones transfronterizas que la degradación de la tierra y los servicios ecosistémicos pueden provocar en los mercados y las cadenas de valor. Más de la mitad de la capitalización bursátil (unos 45 billones de dólares) cotizada en 19 de las principales bolsas de valores está expuesta a riesgos materiales relacionados con la naturaleza.
Los modelos económicos a menudo no reflejan el efecto de los riesgos climáticos indirectos en las cadenas de suministro mundiales integradas. Por ejemplo, el estrés térmico podría costar hasta 25 billones de dólares para 2060 debido al exceso de mortalidad, la pérdida de productividad laboral y el estancamiento de los mercados por la debilitación de la oferta y la demanda.
Las empresas también deben hacer frente a riesgos políticos, legales y reputacionales. Las políticas nacionales para detener la pérdida de naturaleza y la deforestación se duplicaron en el año hasta marzo de 2024, dejando expuestos a los inversores que no estaban preparados.
Los directores de empresas podrían ser legalmente responsables por no tener debidamente en cuenta los riesgos relacionados con la naturaleza y el clima, así como por sus repercusiones en la degradación de la tierra. En conjunto, estos riesgos someterán a los consejos de administración a un escrutinio cada vez mayor por parte de inversores y consumidores sobre cómo gestionan sus efectos y dependencias respecto de la tierra y la naturaleza.
Las prácticas relacionadas con la tierra que favorecen a la naturaleza generan valor empresarial
Sin embargo, como ocurre en toda crisis, también hay oportunidades. La transición a una «economía de la naturaleza» sostenible podría abrir oportunidades empresariales por valor de 10 billones de dólares y generar 395 millones de empleos para 2030. Cada dólar invertido en restaurar tierras degradadas genera entre 7 y 30 dólares de rentabilidad económica.
Además, la acción coordinada en materia de tierras puede ayudar a encontrar soluciones para el clima, el agua, la contaminación y la biodiversidad. Por ejemplo, la mitad de las reducciones mundiales de emisiones para 2035 podría provenir del sector del uso de la tierra, al tiempo que se revierte la deforestación, se preservan hábitats críticos, se reducen las emisiones agrícolas y el desperdicio de alimentos, se restauran los ecosistemas degradados y se amplían las soluciones basadas en la naturaleza.
La reforma de los sistemas alimentarios ofrece tanto una gran oportunidad como un factor esencial para mitigar los riesgos. Las prácticas agrícolas son responsables del 80% de la deforestación y del 60% de la pérdida de biodiversidad, así como del consumo de más del 70% del agua dulce, y generan un tercio de las emisiones antropogénicas de gases de efecto invernadero. Además, las prácticas habituales erosionan los suelos del mundo 100 veces más rápido de lo que los procesos naturales pueden regenerarlos.
El cambio a una gestión regenerativa de la tierra podría generar hasta 1,4 billones de dólares en aumento de la producción agrícola. Además, un estudio sobre los posibles efectos de restaurar la ambiciosa cifra de 5.000 millones de hectáreas de tierra para 2050 concluyó que los beneficios podrían aumentar hasta un 10% el rendimiento de los cultivos e incrementar el almacenamiento de carbono en 17 gigatoneladas y reducir la disminución de la biodiversidad en un 11% durante el mismo período.
La iniciativa del Foro Económico Mundial Transiciones sectoriales hacia un impacto positivo en la naturaleza ofrece a las empresas una hoja de ruta para gestionar esta transición. Identifica los impactos y las dependencias más importantes de las empresas respecto de la naturaleza —por ejemplo, a través del uso de la tierra o de las prácticas de la cadena de valor— y establece cinco acciones prioritarias para reducir los impactos negativos y, a la vez, aprovechar oportunidades.
Estas incluyen adoptar la agricultura regenerativa, preservar la biodiversidad y ampliar las soluciones basadas en la naturaleza en sectores como la alimentación, la silvicultura y la construcción. Al aprovechar los conocimientos que ofrecen los marcos de la iniciativa, las empresas pueden tomar medidas prácticas para integrar enfoques favorables a la tierra en sus operaciones y cadenas de valor.
Los riesgos y las oportunidades están interconectados
Aunque algunas empresas directamente afectadas y muy expuestas a la degradación de la tierra conocen los problemas y los riesgos, muchos sectores y empresas aún no comprenden suficientemente cómo la degradación de los sistemas terrestres y de agua dulce afecta directa e indirectamente a sus cadenas de suministro y su rentabilidad.
Como estos impactos y dependencias suelen situarse en las etapas iniciales de las cadenas de valor, resulta más complejo identificarlos, evaluarlos y gestionarlos.
¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial en materia de naturaleza?
El Centro para la Naturaleza y el Climaayuda a los líderes a comprender las interconexiones entre el clima, la naturaleza y el desarrollo económico. Ofrece una plataforma para explorar vías que promuevan la resiliencia y la prosperidad dentro de los límites planetarios.
Al facilitar la cooperación entre sectores y regiones, el Centro ayuda a sus socios a convertir una comprensión compartida en soluciones prácticas para el clima y la naturaleza.
El Mapa de transformación hacia la neutralidad en la degradación de las tierras, elaborado por la iniciativa Empresas por la Tierra de la UNCCD, ayuda a abordar estos riesgos y oportunidades interconectados, al ofrecer a las empresas una visión integral de las complejidades de la degradación de la tierra y la sequía, así como de sus interconexiones con diversos desafíos y oportunidades relacionados con la naturaleza y el clima en ámbitos como la agricultura, los sistemas de agua dulce y la gestión de la tierra.
Al utilizar el mapa de transformación como guía interactiva, las empresas pueden comprender mejor sus impactos y dependencias respecto de la tierra y los efectos en cadena de la degradación de los ecosistemas, explorar oportunidades de mitigación y adaptación y contribuir a los objetivos mundiales, centrando sus esfuerzos en lograr la neutralidad en la degradación de las tierras y la resiliencia frente a la sequía.
Integrar la acción en materia de tierras, clima y naturaleza
La acción integrada en materia de tierras, clima y naturaleza es fundamental para romper el círculo vicioso de la degradación ambiental. La inversión en tierras debe ir de la mano de la acción climática y de la reversión de la pérdida de biodiversidad.
Por eso es importante aumentar los flujos de inversión y la financiación destinados a la tierra y la naturaleza. Aunque la financiación climática mundial alcanzó 1,3 billones de dólares en 2021-22, la mayor parte se destinó a la energía (44%) y el transporte (29%), mientras que la agricultura, la silvicultura y otros usos de la tierra recibieron apenas un 4%. Es urgente que más instituciones financieras innoven en los mecanismos de financiación, agrupen capital y contribuyan a mitigar los riesgos.
Las empresas también pueden contribuir mediante la innovación en sus modelos de negocio y la ampliación de las iniciativas de restauración y regeneración de tierras, sabiendo que estas iniciativas no solo protegen la viabilidad de las empresas, sino que también contribuyen a objetivos más amplios para las comunidades, el clima y la biodiversidad, así como al crecimiento y el desarrollo económicos sostenidos.
Esto requiere una estrategia integral y un enfoque sistemático:
Adquirir una comprensión integral de cómo la degradación de la tierra y el estrés hídrico afectan a las cadenas de suministro y la rentabilidad, tanto directa como indirectamente.
Evaluar los riesgos materiales que esta «policrisis» interconectada plantea para las operaciones y las cadenas de valor.
Identificar oportunidades en la transición hacia una economía que favorezca a la naturaleza, lo que incluye colaborar con proveedores y promover alianzas orientadas a la acción con los gobiernos y las comunidades.
Comprometerse a transformar los modelos de negocio para respaldar prácticas favorables a la tierra, con miras a lograr la neutralidad en la degradación de las tierras para 2030.
Construir empresas sólidas y economías sólidas
Combatir la degradación de la tierra es un imperativo económico. Las empresas que integren prácticas favorables a la tierra en sus operaciones y cadenas de valor minimizarán los riesgos, protegerán los recursos y se posicionarán bien en una economía mundial que solo puede prosperar si el planeta está sano.
Los próximos 12 meses ofrecen a las empresas la oportunidad de alinear sus estrategias con los esfuerzos mundiales para combatir la degradación de la tierra y ampliar las iniciativas positivas para la naturaleza de cara a la COP30. Entre los próximos hitos clave se encuentran:
Diciembre de 2024: COP16 de la UNCCD (Arabia Saudita), centrada en los compromisos para lograr la neutralidad en la degradación de las tierras para 2030
Principios de 2025: A mitad de camino hacia 2030 – un balance del desempeño de las empresas en materia de sostenibilidad y de las revisiones de las NDC a nivel nacional
Noviembre de 2025: COP30 (Brasil), dedicada a los bosques y los sistemas alimentarios.
Diciembre de 2025: Reglamento de la UE sobre deforestación entra en vigor y establece nuevos requisitos de sostenibilidad para las empresas
Al tomar medidas hoy para comprender sus impactos y dependencias respecto de la tierra, evaluar los riesgos y transformarse para adoptar enfoques positivos para la naturaleza, las empresas pueden abrir camino en la construcción de un futuro sostenible y resiliente.
La restauración de tierras y la gestión sostenible no son solo vías para cumplir las políticas emergentes: son fundamentales para impulsar la innovación, la resiliencia y el crecimiento a largo plazo de una economía sólida y dinámica.





